En las colinas del sudeste de Caracas, el Centro Veterinario San Román –ubicada en una antigua quinta remodelada con interiores minimalistas– ofrece servicios de emergencias de 24 horas para mascotas. En la Avenida Francisco de Miranda, en Chacao, una valla publicitaria de Kantal muestra galletas perrunas. En Valencia, luego de una edición local del regional Congreso Veterinario de León que contó con una decena de speakers nacionales e internacionales y la presencia de más de cincuenta marcas, el primer “grooming fest” para perros se celebró a finales de septiembre. La Clínica Razas en Las Mercedes –con su icónico logo de un perro caricaturesco y anaranjado– atiende (y peluquea) a perros y gatos desde lo oftalmológico y dermatológico hasta lo cardiológico y lo neurológico a toda hora. Incluso Empresas Polar –con Dougourmet, su comida para perros– ha buscado conquistar a golden retrievers, Yorkshire terriers y pastores alemanes por igual.
El negocio de las mascotas ya no es un lujo excéntrico en Venezuela: es un boom. “Hay un boom de servicios veterinarios, de comida que sale de lo que son los competidores de las grandes marcas tradicionales, servicios nuevos como temas ligados a fiestas para mascotas, servicios funerarios para mascotas y entrenamiento para mascotas”, explica el economista Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica. Según sus estimaciones, este auge se debe en gran medida al empuje de un porcentaje de la población venezolana –alrededor del 15%– que tiene “una disposición a gastar en las mascotas bastante elevada”, dice Oliveros. Sin embargo, el fenómeno no se limita a los más acomodados: “incluso en sectores de clase media y baja también, el gasto de mascota puede ser susceptible a aumentar en la media de sus posibilidades y ahí la clave es encontrar productos o servicios que puedan ser accesibles, explica.
Esto ocurre en línea con lo que ocurre a escala global y generacional: “A partir de los millennials la decisión de tener menos hijos se ha venido avanzando, y por eso está mucho más dedicado a temas de mascotas”, dice. En otras palabras, perros y gatos ya no son vistos solo como compañía, sino como miembros de la familia, lo que dispara el gasto afectivo en su cuidado. Samuel Sánchez, entrenador y cuidador, también lo vincula con un fenómeno global: “España fue el primer país en tener más mascotas que niños en 2024, y en Venezuela pasa algo parecido: parejas jóvenes prefieren iniciar con una mascota antes que con hijos”, dice La pandemia aceleró la tendencia, con familias que incorporaron perros y gatos en esos meses de encierro.

Y el potencial del sector es enorme: Oliveros calcula que, si se dan las condiciones de una normalización política y económica, el mercado venezolano de mascotas podría moverse hacia un valor de hasta 2.000 millones de dólares –alrededor de 2% del PIB actual– en los próximos años. Hoy apenas alcanza entre el 10% y el 15% de ese tamaño, dice Oliveros, pero la tendencia apunta al alza. Para Sánchez, la demanda se mantiene con fuerza: el sector mascotas crece entre 15% y 20% anual, según números de especialistas del sector.
Los cambios son visibles en la calle. La relación con las mascotas dejó de ser episódica —alimentarlas y llevarlas al veterinario en caso de emergencia— para convertirse en un vínculo de cuidado permanente. Surgen alimentos especializados, golosinas premium y hasta ropa; proliferan entrenadores y servicios de socialización; los veterinarios ya no se limitan a resolver emergencias, sino que establecen rutinas de chequeo. La clave, subraya Oliveros, será lograr que estas ofertas se masifiquen: productos de calidad, con precios accesibles, capaces de conquistar también al consumo masivo.
Dietas, mansiones y boutiques para perros
En la tienda Vida Pets de Las Mercedes, parte de una cadena de tiendas de mascotas con varias sucursales en cuatro ciudades de Venezuela, un pastor alemán y un perrito blanco con una tiara roja son embellecidos en la peluquería canina. En la tienda hay morrales estilosos para transportar gatos, bolsos de mano para perros emulando Chanel, coches para perros, camitas que parecen pequeñas McMansiones, juguetes de gatos, casas para hámsteres, ropas por género de todo tipo cual tienda infantil, correas, arneses, jabones y champús por tipo de pelaje y una veintena de productos para el cuidado de las mascotas – que van desde cepillos para quitar pelos, guantes y peines para los nudos hasta corta-garras y peines para la caída del pelo. Exactamente al lado de Vida Pets, como golpeando una demanda infinita, hay una tienda Maxipet: otra cadena, con decenas de sucursales en el Área Metropolitana y una tienda en Margarita, que ofrece servicios que van desde cumpleaños para perros hasta veterinaria, un bar de café para los dueños que esperan por sus mascotas y una ambientación olfativa que recuerda al lobby de un hotel cinco estrellas. En la calle, un hombre baja dos gigantescos gran daneses de su camioneta.
“Las más grandes casas de tiendas de mascotas vienen abriendo más sucursales y vienen generándose nuevas tiendas”, dice Sánchez, “Con simplemente salir a la calle, te das cuenta que hay una tienda de mascotas casi en cualquier lado”. En el centro comercial Parque Cerro Verde, por ejemplo, una nueva tienda de estilo japandi –Archie’s Pet Shop– se presenta como una “luxury pet boutique” y comparte reels sobre escoger un “outfit” para tu perro.
La industria también se sofistica con ropa, juguetes inteligentes, muebles adaptados y accesorios diseñados para estilos de vida urbanos y exigentes. Por ejemplo, Decopet –una marca venezolana que diseña casas y comederos de madera para mascotas, además de porches de grama artificial pensados para la vida urbana– ofrece un catálogo reducido, validado por veterinarios y pensado para resolver problemas concretos de los dueños de mascotas en ciudades repletas de edificios: comederos ergonómicos que evitan que cachorroso o perros ansiosos como los huskies siberianos se atraganten, rampas que permiten subir y bajar sin lesiones y porches de grama artificial diseñados para edificios donde sacar al perro varias veces al día no siempre es posible.

La marca hoy cuenta con casi 60.000 seguidores en Instagram, presencia en la aplicación de pagos diferidos Cashea y un sistema de delivery inmediato en Caracas con envíos a toda Venezuela. Pero Decopet nació casi por accidente, en plena pandemia, cuando Cristina Raffalli –en ese entonces estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello– decidió vender casas de madera para perros como una forma de cubrir la matrícula universitaria, que se había disparado justo cuando le faltaban cuatro semestres para graduarse. Lo que empezó como un trabajo paralelo con apenas 200 dólares para materiales y ventas online hoy cuenta con un equipo de cinco personas y productos van de 18 a 80 dólares, incluyendo versiones más accesibles para llegar a un público más amplio.
Para Raffalli, sus productos personalizados y el catálogo pequeño pensando para la vida urbana fue su ventaja frente a un mercado saturado de opciones repetitivas. “Todas estas tiendas competían con los mismos productos, y sentía que el mercado había quedado como abandonado o como dado por sentado”, dice, “Todo era igual, la oferta era súper repetitiva, mismos fondos, mismos colores fosforescentes, chillones, la misma forma. No había mucha intención ni creatividad”.
Por eso, la emprendedora apostó a lo contrario: “crear una marca con pocos productos, pero bien pensados, con diseño, utilidad y comodidad para la mascota, y con entregas rápidas”. La personalización, además, abrió la puerta a usos inesperados. “Yo he hecho comedores que los terminan usando cochinos, porches que los terminan usando morrocoy, me han pedido casas para chivos, cosas para perezas”, dice Raffalli.
Según Raffalli, las fiestas navideñas se han convertido en el mejor momento del año para Decopet, porque los dueños cada vez “están tomando muy en cuenta a sus mascotas en navidades” – como niños esperando al Niño Jesús o Santa Claus. Y ese mismo espíritu de darle a las mascotas un lugar central en la familia también está detrás de nuevas marcas que apuntan al bienestar cotidiano, más allá de las fechas especiales.
Hoy, la comida para mascotas ha dejado de ser un básico: en cambio, los dueños de mascotas buscan planes personalizados, recetas naturales y dietas formuladas con respaldo científico. Por ejemplo, Bone Appetit irrumpió en un mercado dominado por croquetas industriales y “perrarina” con una propuesta simple y disruptiva: comida natural, cocida, personalizada para la mascota y formulada con respaldo veterinario.
“El dueño de mascotas venezolano ha empezado a concientizar la importancia de invertir en la salud a largo plazo para nuestros perros y gatos”, explica Adriana Selvaggio, fundadora. En un entorno saturado de productos ultraprocesados, la marca apostó por la salud como prioridad, complementándola con la personalización y una experiencia de marca que transmite confianza y cercanía.
Ese enfoque se tradujo en un crecimiento acelerado. En menos de un año, Bone Appetit pasó de Caracas a Maracay, Valencia, Barquisimeto, Maracaibo y Puerto La Cruz-Barcelona-Lechería. “Cuando la necesidad es real, el crecimiento es una consecuencia”, dice Selvaggio. La expansión responde también a un fenómeno cultural: Venezuela es mucho más que Caracas, dice, y detrás de los bolsillos afluentes de la capital existe un mercado de 3,5 millones de perros y gatos –según estudios de mercado consultados por la empresa– cuyos dueños demandan soluciones prácticas, nutritivas y de calidad.

La marca conecta además con una tendencia global: el wellness animal. Al igual que los humanos buscan hoy una vida más saludable, los dueños jóvenes —en familias o solos— quieren transmitir ese bienestar a sus mascotas. Bone Appetit ofrece recetas de res, pollo o pernil diseñadas para problemas específicos como alergias, control de peso o piel sensible. Así, para los dueños de hoy, beneficios clínicamente observados —como un pelaje más brillante, digestión óptima, más energía— demuestran que hoy no se trata solo de alimentar a un perro, sino de mejorar su calidad de vida.
El auge de todos estos lujos para mascotas incluso ha permitido adaptaciones particularmente locales. Hace unos años, Raffalli fue contactada por una señora que no tenía perros ni gatos, pero que quería un comedor especial para las guacamayas que todas las tardes visitaban su ventana en Bello Monte. Raffalli adaptó el diseño para que pudiera engancharse hacia afuera, y desde entonces las aves comen alpiste en un mueble originalmente pensado para mascotas domésticas.
Asegurados hasta la cola
Las nuevas tecnologías también han alcanzado a las mascotas: rastreadores GPS, monitores de actividad, alimentadores automáticos y apps móviles ya forman parte de la rutina de muchos dueños. Por ejemplo, la plataforma Miveteonline, que nació en 2017 como para conectar a tutores con médicos veterinarios a través de la telemedicina a cualquier hora, hoy trabaja a la par de las aseguradoras más importantes del país para ofrecer seguros para mascotas. “Las aseguradoras, la fuerza de venta, nosotros y todo el ecosistema de servicio cada día afinamos las estrategias de comunicación para hacer tangible y visible los beneficios de contratar una póliza de seguros para mascotas”, explica Katty Sayago, CEO de la plataforma. Para ella, la clave está en educar al tutor responsable sobre los riesgos de no contar con cobertura: “Las matemáticas no admiten espejismos, solo hay que tener presente lo que cuesta no tener asegurada a la mascota”.

El crecimiento ha sido sostenido, con planes que se adaptan a diferentes presupuestos y que ya ofrecen cobertura desde 39,99 dólares al año. Sayago destaca que Miveteonline también ha impulsado la identificación animal con microchips estandarizados internacionalmente, construyendo la base de datos más grande del país en alianza con aseguradoras. A futuro, trabajan en integrar a alcaldías y gobernaciones para que el escaneo de chips sea política pública y en noviembre lanzarán una app que facilitará el financiamiento de esterilizaciones y castraciones. “Nuestro objetivo es contribuir con la prevención de enfermedades, controlar la sobrepoblación y dar mayor calidad de vida a los consentidos de la casa”, concluye.
Tiendas para doodles, entrenadores para todos
También, ante la reconfiguración de los perros y gatos como parte central de las familias, las guarderías, hoteles, el grooming a domicilio y los servicios de paseadores y entrenadores son cada vez más demandados en Venezuela. Para Sánchez, el entrenador y cuidador de perros, los dueños hoy buscan algo más que obediencia básica. La mayoría acude para resolver problemas inmediatos —evitar mordidas de juego, controlar daños en muebles— y en el proceso descubren la necesidad de disciplina. El entrenamiento especializado es marginal, salvo casos puntuales como perros de terapia para niños con autismo.
“El servicio está migrando a algo más integral: los clientes quieren una solución completa que incluya veterinario, grooming, entrenamiento, hospedaje, traslados y comida”, explica Sánchez, reflejando la sofisticación del mercado. De hecho, clínicas veterinarias avanzadas, seguros y hasta terapias alternativas y medicina preventiva están marcando el nuevo estándar del cuidado animal en Venezuela. “Las aperturas de clínicas veterinarias no son tan elevas, pero las clínicas están contratando más veterinarios”, dice Sánchez, “los médicos veterinarios que ya tienen años ejerciendo no están haciendo inversiones fuertes en el país, de equipos y todo ese tipo de cosas; hay más crecimiento en el número de veterinarios que están dentro de las clínicas”
El cambio también se nota en las razas. El bulldog francés dominó entre 2016 y 2022 gracias a su popularidad en celebridades como J Balvin, Arcángel y Chiara Ferragni, pero hoy el furor son los goldendoodles y otros doodles (mestizos de poodle), tendencia impulsada localmente por figuras como Sasha Fitness pero de gran peso globalmente: según cálculos de Bloomberg Businessweek, estimando los miles de dólares que cuesta el mantenimiento anual y la compra de un cachorro, la Doodle Economy en Estados Unidos podría superar los mil millones de dólares. “Seis de cada diez perros que entreno son Goldendoodles”, asegura Sánchez. En el centro comercial Parque Cerro Verde, en el sudeste de Caracas, incluso, existe Doodle VIP: un local especializado en la venta, cuidado y asesoría de doodles.

Aunque hoy en Venezuela predominan razas menores de 10 kilos, los colores exóticos y los ejemplares importados desde Estados Unidos, Colombia, España y Corea del Sur marcan pauta en un país que perdió a sus criadores pioneros de los 2000: según Sánchez, hoy la vasta mayoría de los perros son importados. Al mismo tiempo, Caracas se multiplica en tiendas de mascotas y espacios pet friendly, al punto que —dice Sánchez— “Venezuela es hoy superior a Europa en el tema pet friendly: aquí casi cualquier lugar acepta perros”.
Basta con mirar alrededor: en Caracas, no sólo han aparecido parques para perros donde sus dueños prácticamente hacen networking y construyen comunidades a través de sus mascotas, sino –como demuestran decenas de cuentas en Instagram– en la ciudad los dueños de perros de razas especificas han construido clubs de pedigree perruno para organizar encuentros, piñatas y hasta torneos de pádel de Golden retrievers, English bulldogs, pastores alemanes y hasta beagles. Pero Maracaibo se lleva la batuta: varios crematorios, como Saoca Huellas de Luz o El Edén Crematorio, ofrecen servicios de cremación para las mascotas que pasan a mejor vida. Todos los perros van al cielo.
“Yo sí creo que hay elementos de oportunidades, hay un cambio generacional, pero por supuesto las limitaciones de ingresos limitan mucho esta perspectiva”, dice Oliveros, “es importante construir ofertas de valor que sean accesibles, con precios atractivos; eso pudiera dar un escenario de alto crecimiento”.









