Dónde estamos parados y qué esperar en 2026: 12 claves de la economía venezolana del foro de Ecoanalítica

Las últimas proyecciones de Ecoanalítica revelan un 2026 marcado por menor dinamismo, mayor inflación, caída del uso de divisas y un mercado interno cada vez más apretado. Aquí, 12 claves para entender dónde está parada la economía venezolana y hacia dónde se dirige.

El más reciente foro Perspectivas Económicas de la firma de consultoría e investigación Ecoanalítica —celebrado recientemente en el Hotel JW Marriott de Caracas— dejaron un mapa nítido de hacia dónde se mueve la economía venezolana y qué pueden esperar las empresas en un año marcado por mayor inflación, menor disponibilidad de divisas y un entorno internacional más incierto. 

Entre las premisas centrales destacan un crecimiento sostenido únicamente por el petróleo y los sectores esenciales, la persistencia de un tipo de cambio oficial por encima de los VES/USD 300 y una brecha cambiaria volátil, además de un mercado interno cada vez más condicionado por bajos ingresos y consumo restringido. 

Mientras bienes esenciales, salud, tecnología y servicios profesionales siguen siendo los ganadores de la era post-pandemia, otros sectores —como la construcción, los servicios de gobierno y el área comercial— continúan rezagados. A esto se suman factores completamente fuera del control empresarial: un marco tributario que difícilmente cambiará y el impacto internacional de la escalada de tensiones con Estados Unidos, que seguirán marcando el pulso económico del país en 2026.

La economía pisa el freno… otra vez

En los primeros tres trimestres de 2025, los índices de actividad, oferta y demanda muestran un frenazo evidente: crecieron apenas 3,5%, 4,8% y 0,1% interanual, muy por debajo del dinamismo exhibido en 2024, cuando avanzaron 9,7%, 18,2% y 5,8%, respectivamente. Tanto la oferta como la demanda han ido perdiendo impulso trimestre tras trimestre, mientras que el índice general de actividad económica se desliza hacia terreno prácticamente plano, anticipando que el país entra en una fase de crecimiento débil, similar a lo sucedido durante el “frenazo económico” de 2023.

Los esenciales mandan; el resto apenas avanza

Entre 2021 y 2024, el crecimiento económico se apoyó en actividades directamente vinculadas a necesidades básicas y servicios de alta demanda. Alimentos lideró con una expansión acumulada de 42,3%, seguido por salud (33%) y servicios profesionales (30,2%). Más atrás aparecen comercio (26%), medios de pago (17,5%) y tecnología (16,2%). La distribución del crecimiento refuerza un patrón de consumo austero, donde prosperan los sectores esenciales y los servicios ligados a productividad y transaccionalidad.

Bajos ingresos, bajo consumo: la ecuación del 2026

El panorama de ingresos confirma la fragilidad del consumo: el 69,5% de la población gana menos de $300 al mes, mientras que otro 18,4% está entre $301 y $600. Apenas 6,2% recibe entre $600 y $1.000, y sólo 5,9% supera los $1.000 mensuales. Con un ingreso promedio de $256,65, la mayoría de los hogares opera en niveles que sólo permiten cubrir necesidades inmediatas, limitando cualquier expansión del mercado interno.

La comida se come el ingreso

La estructura del gasto revela la estrechez del bolsillo venezolano: la comida absorbe cerca del 60% del ingreso familiar, seguida muy de lejos por medicina —alrededor de 15%— y gasolina. Rubros como transporte público, servicios básicos, telefonía, seguros y educación se mantienen en proporciones mínimas, mostrando que no hay espacio para consumo discrecional ni para bienes de lujo; la mayor parte del ingreso se destina simplemente a sostener el día a día.

El crédito crece, pero no alcanza

Aunque la cartera de crédito en dólares ha mostrado un incremento progresivo desde finales de 2023, sigue siendo mínima frente a las necesidades reales del sector privado. El volumen total –por encima de los $2.000 millones– apenas representa 2,3% del PIB, muy por debajo de economías comparables, mientras que la demanda de financiamiento empresarial se mantiene cerca de los $11.000 millones, muy por encima de la capacidad actual del sistema bancario. El resultado es un sector privado con margen para crecer, pero sin acceso al crédito necesario para hacerlo.

Industria lenta, ventas frías

La desaceleración golpea simultáneamente al sector manufacturero y a las ventas comerciales, revelando un enfriamiento más amplio de la actividad productiva y del consumo. En el Área Metropolitana de Caracas, las ventas comerciales crecieron apenas 3,1% interanual en octubre y acumulan solo 0,6% en diez meses, pese al rebote puntual de 7,8% frente a septiembre. La tendencia de fondo es descendente: el promedio móvil de 12 meses cayó desde los picos de mediados de 2024 hacia cifras cercanas al 2–3% a finales de 2025, aunque lejos de las contracciones del 2023.

La industria manufacturera refleja un patrón similar: luego de expansiones interanuales de más de 20% y 30% en 2022 y parte de 2024, el sector entra en un ritmo mucho más bajo, con variaciones modestas o incluso negativas en algunos trimestres de 2025. 

Empresas atrapadas entre la prudencia y la desaceleración

Los resultados de la encuesta empresarial de Ecoanalítica muestran que el sector privado opera con expectativas bajas y fuerte dependencia del entorno macroeconómico. El tipo de cambio es considerado una variable “muy importante” por 75% de las empresas, seguido por la actividad económica y la inflación, lo que confirma que la planificación sigue atada a variables volátiles. 

En cuanto a expectativas para los próximos doce meses, el 51% de las empresas en octubre de 2025 espera un desempeño “regular”, apenas un 32% cree que será “bueno” y solo un 10% anticipa un resultado “malo”. Al comparar con el mismo mes del año previo, el pesimismo aumenta: en octubre 2025, el 35% de las empresas calificó su desempeño como “regular” y el 26% como “malo”, mientras que sólo 32% lo consideró “bueno” y 7% “muy bueno”. En conjunto, las cifras revelan un aparato empresarial atrapado entre la prudencia, la desaceleración y la ausencia de señales de mejora clara en 2025.

Pagan en bolívares, ajustan por costo de vida y rezan por estabilidad

Las empresas venezolanas continúan anclando sus políticas salariales al bolívar: el 44% paga remuneraciones exclusivamente en moneda local y un 35% lo hace bajo esquemas mixtos, mientras solo 14% paga algunos puestos en dólares y el resto en bolívares. A la hora de fijar los montos, la estrategia dominante es ajustar por el tipo de cambio oficial del BCV (47%), seguida por ajustes según costo de vida (19%).

En paralelo, el empleo permanece prácticamente congelado: en los últimos doce meses el 56,1% de las empresas mantuvo estable su plantilla, mientras 22,8% la redujo y solo 21,1% la aumentó, reforzando la idea de un mercado laboral que se mueve poco incluso en medio de la desaceleración económica.

Se desdolariza la empresa venezolana

Los datos muestran una caída marcada en la proporción de gastos e ingresos empresariales denominados en divisas. En octubre de 2024, el 64% de las compañías tenía más del 50% de sus costos en moneda extranjera; un año después esa proporción se redujo a 37%, mientras que el grupo que reporta menos del 50% de gastos en divisas subió de 36% a 63%. La misma tendencia se observa en los ingresos: en 2024, el 30% de las empresas generaba más de la mitad de sus ventas en divisas, pero en 2025 esa proporción se desplomó a 18%

En conjunto, Ecoanalítica confirma un avance sostenido de la reconversión hacia operaciones en bolívares, obligada por la menor circulación de divisas y la creciente exigencia tributaria asociada a pagos en moneda local.

El USDT entra al juego cambiario

Desde mediados de 2024, el BCV y el sistema financiero empezaron a apoyarse cada vez más en liquidaciones en la criptomoneda USDT —además de las ventas tradicionales en dólares y euros—, hasta el punto de que en varios meses de 2025 el Tether o USDT ya representa una porción significativa de las intervenciones, con montos totales que rondan entre 100 y 600 millones de dólares mensuales. El uso de USDT en las liquidaciones de divisas se ha convertido en una herramienta central y exitosa de política cambiaria para intentar estabilizar el mercado y recortar la brecha entre tipos de cambio.

La inflación se acelera en todos los rubros

Los datos de octubre de 2025 confirman un salto inflacionario generalizado: todos los rubros muestran variaciones interanuales superiores al 200% y en algunos casos hasta al 600%. Tras un breve respiro en 2024, la inflación retomó una trayectoria ascendente durante 2025. Tanto la inflación acumulada como la anualizada en el año ya superan los tres dígitos, ubicándose entre las más altas desde 2023, según Ecoanalítica. 

Menos dólares en la calle, más bolívares en la economía

El uso de divisas en efectivo continúa retrocediendo en la economía venezolana: según Ecoanalítica, la cantidad de dólares en circulación se redujo 37% entre noviembre de 2024 y abril de 2025, mientras que la liquidez en bolívares  siguió expandiéndose con fuerza. Los datos muestran un cruce claro: mientras las divisas en efectivo pasaron de niveles cercanos a USD 8.000 millones a menos de USD 5.000 millones, la liquidez en bolívares superó los USD 2.000 millones a finales de 2024 y se mantuvo muy por encima del circulante en dólares en 2025. El resultado es una economía que, pese a la dolarización informal de años recientes, vuelve a operar crecientemente en bolívares, empujada por la política tributaria, la caída de ingresos en divisas y la estrategia del BCV de reforzar la transaccionalidad en moneda local.

Tony Frangie Mawad

Director y editor en jefe de Ecosistema. Tony es un periodista y politólogo  venezolano basado en Caracas y graduado de Boston University. Ha escrito para distintos medios internacionales -incluyendo Bloomberg, Politico, The Economist, Foreign Policy, entre otros – y escribe Venezuela Weekly, un newsletter bilingüe.

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