Una recuperación que se tropieza: lo que ENCOVI 2025 dice sobre los hogares venezolanos

La última medición de ENCOVI retrata una Venezuela menos golpeada por la pobreza monetaria, aunque todavía marcada por fallas estructurales que impiden convertir más ingresos en más bienestar

La Universidad Católica Andrés Bellos publicó recientemente los resultados de 2025 de la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) —levantada entre marzo y junio de ese año—, mostrando una paradoja que atraviesa toda la medición: el país registra aumentos de ingresos, pero el hogar venezolano sigue sobreviviendo con demasiadas incertidumbres, pues los factores que podrían convertir dicho aumento en bienestar cotidiano funcionan con menos regularidad que hace tres años. 

Para entender la Venezuela de 2025, conviene distinguir entre dos tipos de mejora: la económica —es decir, medida en dólares— y la sistémica —referente a infraestructura y servicios. La ENCOVI 2025 muestra avances claros en la primera y retos pendientes en la segunda.

En el primer ámbito, la pobreza por ingresos en hogares bajó a 68.5%, frente a 73.2% en 2024 y 82.8% en 2023; mientras que la pobreza extrema —que mide si un hogar puede o no cubrir sus necesidades alimentarias con sus ingresos— también retrocedió. 

Fuente: ENCOVI.

Estas mejoras coinciden con crecimientos del 50%, en promedio, de ingresos mensuales por persona en la mayoría de los deciles —es decir, en los diez grupos en los que se divide a la población según su nivel de ingreso—, y de hasta 80% en los segmentos más bajos. Por todo esto, la desigualdad en Venezuela se redujo en 2025, pues el indicador más utilizado para medirla, el coeficiente de Gini, experimentó una contracción de ocho puntos porcentuales respecto al 2024.

Aun así, la recuperación debe ser interpretada con cautela. Y es que el hecho que la pobreza baje, no significa que deje de ser mayoritaria; y los indicadores de pobreza extrema todavía se leen como uno de cada tres hogares no logra cubrir necesidades alimentarias con sus ingresos.

Además, aunque hay menos desigualdad, la distancia de ingresos entre extremos sigue siendo amplia —el decil más bajo registra un promedio de 18.1 dólares al mes, y el más alto sobre 450 dólares al mes. Omar Zambrano, economista jefe de ANOVA Policy Research y profesor de la UCAB, también destaca que pese a que la población en los deciles más bajos sea mucho menor que el promedio latinoamericano, los niveles de ingreso de este grupo son más bajos que los de la región. “Todos somos pobres, pero nuestros pobres son más pobres que casi todos los pobres de LatAm. Es ahí donde hay que poner el foco”, dijo en su cuenta de X.

Una recuperación que se tropieza

Uno de los hallazgos más relevantes de la ENCOVI 2025 es que la composición de la pobreza multidimensional está cambiando: el peso de los ingresos dentro de la pobreza viene bajando; mientras que servicios, vivienda y educación ganan participación. En otras palabras, el deterioro ya no se explica sólo por cuánto dinero entra al hogar, sino por las condiciones que el ingreso familiar no puede resolver por sí solo, como agua, electricidad, escuela, vivienda, salud y protección.

La vida cotidiana es el lugar donde mejor se observa el límite de la mejora económica. En los servicios públicos, la cobertura formal muchas veces oculta el problema real: la frecuencia.

Por nombrar algunos casos, en agua potable, 78% de los hogares sí recibe suministro por acueducto, pero solo una quinta parte reporta servicio continuo; y el 98% de los hogares venezolanos tiene acceso a la red pública eléctrica, aunque sólo el 10% indica no experimentar interrupciones —con un incremento de quince puntos porcentuales en los reportes de cortes diarios en los últimos tres años. 

Ninguno de estos indicadores depende del ingreso familiar para resolverse. Son fallas de sistema. Y esa es precisamente la trampa con la que se tropieza esta etapa de recuperación venezolana: los hogares tienen más recursos, pero gastan parte de ese dinero —y su energía— compensando lo que el Estado no entrega con regularidad.

En pocos lugares esta brecha se hace más evidente —y más costosa a largo plazo— como en la educación: ENCOVI 2025 estima que 1.2 millones de niños, y adolescentes están excluidos del sistema, y que la cobertura educativa disminuyó respecto a años anteriores, siendo más crítica en la educación inicial y superior o universitaria. Pero incluso la población escolarizada sigue enfrentando retos, pues casi la mitad acude a clases de forma irregular, debido a fallas del servicio de agua, eléctrico, de transporte, comida en el hogar o centro educativo, e inasistencia docente. Causas que remiten mucho más al entorno, que a no querer educarse.

El rezago escolar agrega otra dimensión: Solo dos tercios de los niños de 7 a 11 años han completado su trayectoria educativa sin interrupciones —misma observada en 2023, lo que indica que la recuperación económica de los últimos dos años todavía no se tradujo en mejoras para las trayectorias escolares. El rezago severo —es decir, de dos años o más de retraso— se triplicó entre 2017 y años posteriores y, según el reporte de la UCAB, suele ser la antesala de la exclusión definitiva.

El terreno laboral

El mercado laboral venezolano muestra una recomposición que el ecosistema empresarial debe leer con atención. En 2025, la proporción de trabajadores por cuenta propia —refugio de la informalidad extrema— disminuyó en 10 puntos porcentuales respecto al 2021; mientras que el empleo asalariado privado ha venido en crecimiento.

Una de las posibles razones detrás de este movimiento es la diferencia de remuneraciones. Y es que la formalización en el sector privado —cuando ocurre— representa un salto de ingresos significativo para los hogares: El asalariado privado promedia 230.1 dólares mensuales, frente a los 171 dólares del trabajador por cuenta propia y 116 dólares del asalariado público.

En 2025, tres de cada cuatro recibieron al menos un bono temporal en los últimos doce meses, con un valor promedio de 37.6 dólares —12% menos que en 2024, aunque todavía por encima del promedio de 2023. La ENCOVI califica el esquema de bonos como regresivo, indicando que la “salarización” de las transferencias le ha quitado focalización al sistema. 

El gran problema laboral de Venezuela persiste en la participación.

Fuente: ENCOVI.

El país mantiene una tasa de actividad laboral cercana a 55%, con una brecha de género muy visible: 72% de los hombres en edad de trabajar participa en el mercado laboral, frente a sólo 39% de las mujeres.

Además de ser indicadores sociales, estos datos reflejan una restricción de oferta laboral en un país que ya cuenta con menos población de la proyectada —28.5 millones de personas, frente a las más de 34 millones que Naciones Unidas estimaba en su revisión de 2015, y por debajo de los 29.4 millones que la propia UCAB calculó en 2024. 

Los hogares venezolanos cuentan con 3.1 miembros, en promedio, una gran caída comparado con 1990, cuando el promedio era de casi 5 miembros por hogar. Además, 52% tiene jefatura femenina. La estructura familiar que enfrenta la recuperación ya no es la misma de los años previos a la crisis: hay menos población, más envejecimiento, más hogares reorganizados y una carga de dependencia más alta.

La migración sigue siendo un telón de fondo latente en Venezuela. El retorno reportado por los hogares se mantiene alrededor de 7% del total de emigrados, según las mediciones de 2021, 2023 y 2025. Y solo 10% tiene planes de regresar, por debajo del 17% registrado en 2023. La mejora interna, al menos en esta fotografía, todavía no se traduce en un impulso masivo de retorno.

Una lectura empresarial

La ENCOVI 2025 describe un mercado en recuperación y reconfiguración que las empresas deben saber leer para obtener el mejor resultado posible. Una de las lecturas principales que ofrece el informe es que, pese a la mejora en ingresos, la demanda todavía no está consolidada, pues un hogar que gana más no necesariamente destina ese extra a bienes de consumo, sino más bien a compensar servicios ausentes. Por eso la segmentación relevante para el consumidor venezolano pasa ahora por estabilidad de contexto —por quién puede planificar una compra recurrente y quién no puede planificar nada.

Otra clave es seguir de cerca lo que está pasando con el capital humano: al operar a media máquina, la educación de 2026 puede suponer grandes limitantes al proveedor de fuerza laboral en los años 2030 si no se toman medidas. Esto no es un problema social ajeno al balance de la empresa. Las compañías que actúen ahora como formadores —en lugar de empleadores que esperan talento ya preparado— construirán ventaja estructural.

Aunque el contexto de 2026 ya luce muy diferente al del año pasado, los resultados de ENCOVI 2025 apuntan a una idea que sigue vigente: Venezuela ofrece oportunidades asimétricas para aquellos que se anticipen en descifrar lo que parece incomprensible y maticen los resultados de forma efectiva. El país sigue avanzando, aunque se tropiece. Quien espere condiciones ideales para entrar al mercado, probablemente llegue demasiado tarde.

Miguel A. Rivas Espinoza

Staff writer de Ecosistema. Es economista y profesor de la Universidad Metropolitana de Caracas.

¡Comparte si te gustó!

Artículos más vistos

Artículos relacionados

¡Inscríbete en uno de nuestros planes de newsletter!

Suscríbete a nuestro recap, El Safari: Una ruta semanal por lo que debes leer del ecosistema.

¿Y cuál es la movida en Caracas? En La Movida, te mantemos al día con los planes, locales, obras, exposiciones, festivales y bochinches de esta ciudad.