Una radiografía de Fedecámaras revela mucho sobre el mundo empresarial venezolano

Un reporte de Fedecámaras diagnostica una economía venezolana que creció en 2025 pero genera menos empleo formal, con obstáculos estructurales intactos. Aunque el país ha cambiado en 2026, sus retos y mensajes se mantienen todavía intactos.

Venezuela cerró 2025 con un crecimiento del PIB del 6,5%, pero sus empresas tienen menos empleados que hace dos años. ¿Cómo se explica esa paradoja?  Por un mapa de contrastes donde conviven grandes expectativas de expansión y obstáculos estructurales que ningún ciclo alcista ha logrado desmantelar, según sugiere el diagnóstico del último reporte de la Unidad de Análisis Económico (UAE) de Fedecámaras, y su lectura es clara: en 2026, las estrategias de mera supervivencia ya no alcanzan. El nuevo imperativo es competitividad, diferenciación e innovación. Te explicamos el reporte en cuatro claves.

Los viejos conocidos siguen siendo los principales retos para las empresas

A pesar de los cambios que están en curso a nivel institucional y legal en el país desde enero, existen condiciones estructurales que su resolución puede tomar plazos más largos:por ello que persisten aún obstáculos muy similares a los que enfrentó el sector empresarial en años anteriores. El acceso a financiamiento, sigue siendo muy escaso para grandes segmentos del empresariado venezolano: aunque creció un 23% interanual a cierre de noviembre de 2025 según la firma Global Scope, la cartera de crédito en Venezuela oscila alrededor del 2,6% del PIB; una cifra ínfima comparada con el promedio de América Latina que suele estar entre el 45% y 50%.

La presión fiscal en Venezuela representa otro desafío crítico, de acuerdo a la la Asociación Venezolana de Derecho Tributario, los tributos absorben entre el 60% y el 80% de las utilidades de las empresas formales. Complementando esta presión, la burocracia exige un esfuerzo operativo extraordinario: abrir una pequeña empresa toma 7.108 horas, más del doble del promedio regional. 

La intermitencia en los servicios públicos continúa siendo un problema, incluso en la industria petrolera. De acuerdo con un sondeo de Macro Consultores realizado a los gremios empresariales, el 78% de las compañías experimentaron perjuicios debido a las fallas en el suministro eléctrico durante el tercer trimestre de 2025.

Venezuela siente los coletazos de la era de la inteligencia

Adicional al entorno nacional, Fedecámaras considera que la fluctuación global en los precios de las memorias RAM –componente fundamental de hardware que almacena datos temporalmente–  por el alza en la demanda por el avance de la IA es un factor relevante para la planificación financiera de las empresas venezolanas. Más que una catástrofe inminente, esta tendencia representa un desafío de gestión a mediano plazo que invita a las organizaciones a revisar sus presupuestos para la actualización tecnológica con mayor detalle.

El sector terciario –es decir, el de servicios– es el mayor afectado, ya que las empresas del mismo suelen ser intensivas en capital, sobre todo la banca y telecomunicaciones. Aquí, Fedecámaras proyecta incrementos de hasta un 25% en la adquisición de servidores y equipos administrativos, lo que hace que una revisión de los ciclos de actualización para evitar la obsolescencia sea crítico para su continuidad. 

En última instancia, una gestión administrativa prudente y un inventario técnico actualizado serán las mejores herramientas para navegar este ciclo de precios sin comprometer la productividad ni la estabilidad financiera de la organización.

El mercado laboral: menos empleos, mayores sueldos

Fedecámaras reporta que el nivel de empleo en el sector privado cayó un 1,7% durante el tercer trimestre de 2025 y mantiene la tendencia desde principios de 2023, en contraste con el  crecimiento del 6,5% del PIB que experimentó la economía venezolana durante 2025 según la CEPAL. Esta discrepancia se debe a que esta expansión no se ha traducido necesariamente en una mejora generalizada y contundente de las condiciones salariales.

Fuente: Macroconsultores BDM, Fedecámaras.

Esta realidad funciona como un poderoso incentivo a que los trabajadores, tanto del sector público como del privado, incursionen en la economía informal. Al operar fuera de los registros y evadir una carga fiscal asfixiante, muchos encuentran en la informalidad una rentabilidad inmediata que el sector formal no puede ofrecer. Ya para mediados de 2025, Alfredo Padilla, director general de la Asociación de Trabajadores, Emprendedores y Microempresarios, advertía que el sector informal era la principal fuente de empleo en Venezuela.

Sin embargo, Fedecámaras también reporta un aumento interanual  de las remuneraciones medidas en dólares. La remuneración promedio de obreros aumentó 14,9%, la de profesionales 21% y la de gerentes 28,2% respecto al tercer trimestre de 2024. Situándose entre los 216 y 827 dólares al mes. 

Fuente: Macroconsultores BDM, Fedecámaras.

Esto revela que las empresas han optado por una estrategia de reducir de forma controlada el tamaño de sus nóminas y retener al personal esencial o con perfiles más cotizados dentro del mercado laboral. Esta nueva estructura les permitiría adaptarse a las condiciones retadoras del entorno mientras garantizan su operatividad y calidad en el corto y mediano plazo.

De la supervivencia al crecimiento

Aunque el informe de la Unidad de Análisis Económico de Fedecámaras se centra en el cierre de 2025, sus proyecciones para 2026 ya perfilaban un escenario optimista para sectores clave. El crecimiento económico proyectado está liderado por los servicios inmobiliarios (+9,1%), seguidos por el turismo (+9,0%) y el comercio (+8,1%), rubros que han mantenido su dinamismo gracias a un renovado interés de capitales extranjeros y una estabilización del consumo interno. Por supuesto, tras los acontecimientos del 3 de enero, estas proyecciones podrían haber cambiado profundamente.

De todos modos, el contexto actual de Venezuela exige un cambio profundo en el pensamiento gerencial, como argumenta el economista Asdrúbal Oliveros en su blog. Haber «aguantado» la crisis no es garantía de prosperidad en una época de mayor apertura; la resiliencia ya no es suficiente, ahora el reto es la competitividad y la sostenibilidad estructural. Algunas estrategias que pueden considerarse en este nuevo panorama son:

  • Retención de talento: para asegurar la permanencia del personal clave ante la posible entrada de nuevos competidores, es necesario diseñar propuestas salariales atractivas, la inversión en formación continua y la optimización de beneficios no salariales que complementen la propuesta económica como comedores, seguros o una cultura organizacional de bienestar.
  • Optimización y diferenciación: mitigar la posible presión a la baja de precios gracias a la llegada de nuevos competidores mediante la optimización operativa y tecnológica para reducir costos y diferenciando la propuesta de valor.
  • Construcción de marca: usar códigos culturales locales y el sentido de arraigo venezolano para consolidar una conexión emocional con el cliente, estableciendo así un factor diferencial crítico frente a competidores con menor reconocimiento o trayectoria en el mercado nacional.

Hoy, el verdadero reto para el empresariado no es solo sortear los obstáculos de siempre: sino entender que el crecimiento proyectado no llegará por inercia, sino por una buena estrategia. En este nuevo ciclo, ya no se trata de sobrevivir al entorno, sino de conquistar ese nuevo mercado que está en gestación.

Gustavo Sandoval

Staff writer. Gustavo es economista de la Universidad Metropolitana en Caracas.

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