Este lunes, en el Caracas Music Hall del Centro Comercial Concresa —el mismo techo bajo el cual, apenas una semana antes, la productora había anunciado que asumía la producción del Festival Nuevas Bandas—, Cusica confirmó lo que media movida caraqueña venía oliendo desde hacía meses: el Cusica Fest, el principal festival musical de Venezuela, regresa después de dos años. Será el 4 y 5 de diciembre, otra vez en la cancha de la Universidad Simón Bolívar (USB), y otra vez bajo el lema que lo arropa desde hace varios años: In music we trust. En la música confiamos. Y, tras la cancelación de la última edición, la frase suena menos a consigna de agencia y más a acto de fe.
El cartel del Cusica Fest 2026 tiene músculo. El DJ estadounidense Diplo encabeza la marquesina internacional, escoltado por el colombiano Sebastián Yatra y el venezolano Lasso, además de otros artistas y bandas como Cultura Profética, Yami Safdie, Lagos, Los Amigos Invisibles y Proyecto Uno.
Debajo, una nómina de unos cuarenta nombres que es, en sí misma, un mapa del estado actual de la música venezolana: Akapellah, Jerry Di, 3AM, Irepelusa, Maye, Duplat, Solamentedan, Laureano Sánchez, Kechu, Anacri, Cami Da Baby, Boca Paila, Just Jorge, Rivas, Ángel Bernal, Valentina Dimas, MKZ, Blesskod, Chris H, La Cueva Soundsystem, y una camada de productores y DJs —Andy Daze, Droz, Capitán Mostacho, Gran Celaje, Augusta, Angelaaa, Haddes— que sostienen el underground de Caracas.
Pero el renglón que merece subrayado dice, en letra chica, por primera vez en vivo: Arawato: el supergrupo que armaron en 2014 Luis Jiménez —de Los Mesoneros y Lagos—, Rodrigo Gonsalves —de Viniloversus— y el productor ítalo-venezolano Carlos Imperatori, ese experimento que llegó a ser nominado a dos Latin Grammy en 2019 sin tomarse en serio la idea de subirse a una tarima, debutará por fin frente a un público. Una década entera existiendo solo en estudio, y el estreno será aquí. Esto es, sencillamente, un acontecimiento.
El regreso del Cusica Fest
El Cusica Fest nació en 2019 en El Hatillo, como el intento de Rodolfo «Furro» Moleiro de recrear los grandes conciertos que alguna vez sacudieron a Caracas —el difunto Caracas Pop Festival, su fantasma fundacional. La segunda edición, ya en pos-pandemia, se mudó en 2022 a la amplia cancha de la USB y contó con shows como Rawayana y La Vida Boheme. La tercera, en 2023, repitió sede, comprimió todo en un solo día de catorce horas continuas y estrenó el In music we trust que hoy reaparece en el afiche; además contó con artistas como Tokischa y Alexis y Fido. Tres ediciones, un crecimiento sostenido, una tradición joven que parecía blindada. Pero llegó diciembre de 2024.
La cuarta edición estaba pautada para el 7 de diciembre, otra vez en la USB. Había 10.000 entradas vendidas, cuarenta agrupaciones anunciadas, quince horas de música proyectada y, según los propios organizadores, más de dos mil empleos en juego. El 3 de diciembre, Cusica fue forzada a cancelar todo de un plumazo, con un comunicado mencionando «razones ajenas a nuestra voluntad». Apenas cinco meses después de las elecciones presidenciales del 28 de julio, no hizo falta que las detallara.
La suspensión sucedió en paralelo al desplome de 48 horas de la gira ¿Quién trae las cornetas World Tour? de Rawayana —cuyos recintos en el interior se desmarcaron uno tras otro y que contaría con un concierto en Caracas producido por Cusica, forzosamente suspendido junto al festival—, dos días después de que Nicolás Maduro arremetiera en cadena contra la canción «Veneka». Según el mandatario, la banda —crítica de su gobierno— denigraba a la mujer venezolana. El Cusica Fest 2024 se sumó así a un cementerio de shows abortados ese año ante el malestar post-electoral: Marc Anthony, Aventura, Young Miko, Morat, Miranda!, entre otros conciertos. Aunque Cusica produjo algunos de los pocos conciertos que se celebraron en Caracas en 2025, como Los Amigos Invisibles y Alleh y Yorghaki, la industria musical venezolana apenas se está recuperando de la ola de cancelaciones.
Pero dos años después, en un nuevo contexto político y económico, el festival insiste en existir.
Y ahora, a la estructura de aliados del festival, se sumaron dos pesos pesados del consumo masivo venezolano: Cervecería Polar y Pepsi. Que las dos compañías privadas de mayor alcance del país pongan su nombre sobre un festival que hace 24 meses se canceló en circunstancias políticamente espinosas dice algo sobre el clima del momento —llámese normalización, llámese cálculo, llámese simplemente que el mercado de eventos en vivo volvió a parecer un lugar donde vale la pena estar. El termómetro Polar.
Nuevas Bandas también vuelve a casa
La semana pasada, en el mismo Caracas Music Hall, Cusica y la Fundación Nuevas Bandas anunciaron que la productora asume la edición 2026 del festival más longevo del país: 35 años funcionando como vitrina de lo emergente, el semillero del que salieron bandas del “sifri-rock” como La Vida Boheme, Los Mesoneros, Rawayana y Los Amigos Invisibles. Moleiro lo definió como «la columna vertebral de lo que hace Cusica», y recordó un dato revelador: cuando montaron su primer festival en 2019, descubrieron que las más de 120 personas que trabajaban detrás venían, todas, de Nuevas Bandas.
El acuerdo trae la final de regreso a Caracas —las dos últimas ediciones, 2024 y 2025, se habían exiliado a la Concha Acústica de Las Delicias, en Maracay; la última caraqueña había sido en 2023, en El Rosal—, pero sin desmontar el circuito de cinco regiones que sigue siendo el corazón del concurso: Andes, Occidente, Oriente, Central y Capital. Las inscripciones ya están abiertas, gratuitas, por dos meses, con la regla de los 18 años flexibilizada para menores de edad prometedores.
El premio para la banda ganadora es ahora más ambicioso: contrato con Cusica Records, asesoría de EPK, sesión fotográfica, horas en Cusica Studios, gira de medios, la opción de telonear en Cusica Presenta y —el círculo que se cierra— un puesto en el próximo Cusica Fest. «Si después de 35 años seguimos aquí, es porque este festival insiste en existir, incluso cuando por muchos años ha parecido una utopía”, dijo Félix Allueva, presidente de la Fundación
En Venezuela, música se sigue escribiendo con C.








