Con un atardecer caraqueño a cielo despejado, la Concha Acústica de Bello Monte se fue llenando de grupos de amigas, familias y parejas que traían mantas, almohadas y hasta pizzas tamaño familiar. “Si no terminan, renuncio”, gritaba una joven entre risas. Seguían gritos, aplausos, frenesí y hasta sing-alongs con la música de Taylor Swift. Casi 700 personas gritaban histéricamente en las gradas, con el eco a su favor, para disfrutar la proyección del final de la serie de Amazon Prime.
Como la multitud en la Concha, la ciudad se dividió en dos bandos: Team Conrad y Team Jeremiah. O en tres, si se cuenta al Team Anti-Belly. Y es que ayer, además de las decenas de planes caseros para ver el desenlace en grupo, Caracas vivió una auténtica fiebre por The Summer I Turned Pretty (El verano en que me enamoré), la serie de Amazon Prime cuya tercera temporada ha sido una sensación global. La última temporada del drama en torno a un triángulo amoroso no solo se siguió en salas de cine, watch parties y promociones especiales de marcas, sino que —como ocurrió en 2004 con el final de Friends proyectado en Times Square y Central Park— trascendió la comodidad del streaming para convertirse en un evento colectivo impulsado también por campañas de marketing.
“Es la primera vez que vengo a un evento como este, me gusta mucho porque es una experiencia distinta”, contó Laura, una estudiante que asistió con cinco amigas de su universidad, entre ellas una recién llegada de Puerto La Cruz. “Es mi primera vez en Caracas y estoy sorprendida de absolutamente todo: el clima, la variedad de planes y lo grande que es la ciudad”.
“Me gusta que es una alternativa diferente, casi todos los planes en la ciudad son iguales, pero este es distinto”, comentó otra de las chicas del grupo, “Hay familias, parejas, madres e hijas. Es súper cool”, agregó. Los distintos grupos, de hasta diez personas, demostraban emoción por un plan distinto y asequible. Aunque el evento contaba con puestos de comida de La Cotu y un menú especial diseñado por Holy Chicken, la mayoría de asistentes optaron por traer sus propias chucherías y bebidas. “Trajimos pizza e hicimos la tarde aquí, es la mejor manera de pasar un miércoles”, dijo Natalia, que vino acompañada de otras dos amigas.
El retorno de la experiencia compartida
No muy lejos de Colinas de Bello Monte, se llevó a cabo un watch party, organizado por la agencia de marketing Banana Creative en las salas de Cinex del centro comercial Tolón. Para asistir, era necesario pagar un cover que incluía un cotillón especial con stickers de la serie y regalos de marcas como Kotex, Cithro y Vaseline, patrocinantes del evento. Sorteos, descuentos y rifas tuvieron lugar entre llantos y risas por el final de temporada. “La experiencia de estar con un grupo de gente que disfruta tanto una serie, le dio el toque extra”, dice Valeria Fossi, que vivió en el Tolón la emoción de ver a Belly corriendo por el tren de París lista para dar su declaración de amor. Otro watch party, con distintos organizadores, se llevó a cabo en el Cinex del Centro Comercial San Ignacio.
Restaurantes y bares de la ciudad como Kabal y Caracas FoodKart también se unieron a la proyección del final de temporada. Incluso, Yummy Rides –la aplicación de ridesharing– ofreció cupones Team Conrad y Team Jeremiah: con tan solo escoger al hombre emocionalmente irresponsable de tu preferencia, contabas con 15% de descuento en tu viaje. Una marca de charcutería, por ejemplo, patrocinó sus productos como si fuesen un regalo para Conrad: el sad boy de la serie (la empresa, de hecho, hizo un watch party interno con props para sus empleados). El fenómeno llegó hasta las salas de indoor cycling de Cima Studio, en Las Mercedes, que ofreció un final episode ride con el soundtrack de la serie y la creadora de contenido Natalia Moretti como anfitriona. Nada como estar quemando esas calorías con Taylor Swift de fondo y una montaña rusa emocional: If you know, you know.
El despliegue de advertising, watch parties y activaciones refleja una tendencia clara: la migración de la experiencia individual del streaming hacia espacios colectivos. Es ahí donde entra en juego la gestión cultural. No se trata solo de ver un episodio, sino de recuperar lugares, crear comunidad y abrir nuevas formas de disfrute.
Ricardo Ramírez, director de La Cotu, Holy Chicken y Escai Venezuela —la empresa que provee las pantallas inflables usadas en Cine en la Concha— lo resume así: esto no es solo poner un film, “es hacer gestión cultural, recuperar espacios y que la gente vuelva a tener opciones al aire libre”. Explica que se trata de una alianza público-privada: “La alcaldía gestiona y nosotros apoyamos con las pantallas y la comida. Es una alianza para hacer cultura, recuperar espacios y brindar opciones de disfrute”.

Buen plan, poco gasto
“La gente está buscando planes chéveres, al aire libre y económicos”, dice Ramírez, quien desde inicios de año ha hecho el trabajo de conocer mejor al público que frecuenta las proyecciones a cielo abierto. Menciona que el nivel de convocatoria ha sido posible gracias a mantener una base de datos que le permite generar cercanía a los gustos del público.
De esta forma, han ido afilando su cartelera hacia un público “girly”, dice. “Acabamos de anunciar una proyección de One Direction y el público enloqueció”, explica. Hace dos semanas, proyectaron The Eras Tour –la película de la gira de la superestrella estadounidense Taylor Swift– logrando reunir hasta 800 personas cantando My Tears Ricochet para toda la vecindad baruteña de los alrededores.
“Lo sorprendente es que este plan atrae un público de presupuesto bajo, que quizá no puede pagar un concierto de cinco mil personas, pero aquí consigue un plan accesible y de calidad”, dice Ramírez, “Estos eventos son de bajo costo y baja inversión, pero pueden reunir de 700 hasta más de mil personas sin necesidad de una superproducción”.
En Caracas abundan los Jeremiah

“Esto es como la Champions de las girls”, se escuchó entre los comentarios emocionados de quienes se encontraban en las gradas de la Concha Acústica. El comentario, si bien creativo, es acertado. Para Lenis Toro, experta en estrategia y marketing y Chief Operating Officer de Toro Agency, “la semejanza con un partido de fútbol es enorme” cuando una empresa, negocio o local de transmitir un capítulo de una serie. “Te apalancas en la emoción del fanático”, dice.
“El sentido de pertenencia forma parte de las necesidades básicas y primitivas de la gente”, dice Toro sobre la oportunidad de las marcas para afianzarse con sus usuarios y hacer comunidad, “Cuando integras comunidad y activaciones, la gente siente que pertenece a algo mayor; congregar lo digital y trasladarlo a un espacio físico potencia este tipo de espacios y de encuentros”.

Más allá de los números de asistencia, de las marcas aliadas y de las campañas digitales, lo que terminó de sellar el fenómeno fue la apropiación emocional de los fans. Como en un clásico partido de fútbol, la ciudad se dividió en bandos, se corearon nombres y se tejieron comunidades alrededor de una historia compartida que ha capturado el interés de varias generaciones. En un contexto caraqueño donde los planes suelen ser repetitivos o costosos, este tipo de encuentros devolvió a muchos la sensación de pertenencia: estar en algo más grande que uno mismo, reír, llorar y gritar con desconocidos que, por un par de horas, se vuelven cómplices.
Y en medio de esa algarabía, entre pizzas compartidas, playlists de Taylor Swift, descuentos de Yummy, clases temáticas, memes y discusiones sobre el desenlace del triángulo amoroso, alguien del público revela sardónicamente quizás el gran encanto de la serie: “En Caracas abundan los Jeremiah”, dice, “Es difícil encontrar un Conrad.” Una confesión ligera, pero también un guiño al espejo cultural en el que la ciudad se miró durante el verano en que se obsesionó con una serie.








