Bodegones, canchas de pádel, smash burgers, taquerías, establecimientos de yogurt griego y, más recientemente, restaurantes de ramen. Las modas en Venezuela no son ajenas al ciclo de vida que todos hemos presenciado alguna vez: nacen, crecen, llegan a su pico y decaen. Bien sea con géneros musicales, prendas de ropa, gadgets o memes, esta dinámica también se refleja en la economía y los negocios. En Estados Unidos, por ejemplo, solo en 2024 se fundaron 1.073 compañías dedicadas a la inteligencia artificial
Por lo general, las tendencias siguen un patrón predecible: nacen, crecen, alcanzan su punto máximo, entran en declive y acaban en una etapa de irrelevancia, lo que no siempre significa que desaparezcan por completo. Es probable que buena parte de esas compañías de IA no sobrevivan a largo plazo, como ha ocurrido con innumerables “modas” en cualquier país. Sin embargo, cada mercado tiene particularidades propias que determinan qué tipo de negocio logra hacerse popular. En Venezuela, esas particularidades del mercado han impulsado que la mayoría de los nuevos emprendimientos se concentren en el comercio y los servicios, sectores que ofrecen retornos más inmediatos y se adaptan mejor a las condiciones económicas actuales. Pero, ¿por qué esos sectores? ¿Por qué no las startups de IA o la acuicultura, como en Florida? La respuesta está en el contexto económico venezolano.
De fábricas de camionetas a tiendas de bikinis
La primera razón está en el contexto crediticio y el limitado financiamiento en Venezuela, donde la cartera bancaria se ha reducido drásticamente desde la crisis. Esta escasez de financiamiento dificulta el establecimiento y desarrollo de empresas en sectores como el agrícola y manufacturero, pues estos requieren de una inversión inicial sustancial y suelen tener ciclos de producción más prolongados. Además, la intermitencia en el suministro de los servicios públicos clave como el agua y la electricidad obliga a muchos empresarios a invertir en sustitutos a los mismos, lo cual representa inversiones adicionales.
En contraste, el sector comercio y servicios requiere inversiones de menor envergadura y ciclos más cortos, lo que lo vuelve una alternativa más atractiva. Es más fácil, menos costoso y rápido abrir un local de comida o una tienda de ropa que una fábrica; aunado al hecho de que ciertos productos y servicios permiten tener mayores márgenes de ganancia. Estas condiciones han permitido que este sector absorbiese parte del tamaño perdido por el declive industrial durante los años de crisis, representando actualmente el 15% del PIB según el economista Asdrúbal Oliveros. La contracción masiva de la economía “provocó un cambio en las dinámicas sectoriales”, dijo Oliveros recientemente en una entrevista con Román Lozinski, llevando a un traspaso del peso de los sectores de la construcción y la manufactura –en ese entonces los sectores más importantes después de petróleo– a la actividad comercial y de servicio.
Darse un gustico

El poder adquisitivo del consumidor venezolano es limitado: de acuerdo a Atenas Grupo Consultor, que hace investigación de mercado, el 93% de los venezolanos tienen un ingreso promedio entre los 240 y 510 dólares mensuales. Es decir, que en el mejor de los casos apenas es suficiente para costear una canasta básica familiar. Sin embargo, por esa restricción presupuestaria no deja de existir el consumo autónomo –es decir, una demanda constante para satisfacer necesidades básicas y de ocio, incluso con ingresos limitados.
Otro fenómeno que juega un rol dentro de las dinámicas de consumo es el efecto pintalabios (lipstick effect), una hipótesis económica que plantea que en tiempos de dificultades económicas las personas no abandonan los lujos por completo sino que se enfocan en aquellos más accesibles. En nuestro contexto, ante la dificultad que implica adquirir un equipo de sonido o un teléfono nuevo por el bajo poder adquisitivo, no resulta ilógico que los consumidores venezolanos prefieren gastar 15 o 20 dólares en un producto o servicio –como un coffee party, un té matcha o un labubu– que esté de moda en ese momento.
Los Juegos del Hambre
Pero, a pesar de estas condiciones que fomentan su crecimiento, las empresas del sector comercio y servicios no son inmunes a los retos de la coyuntura actual. La voracidad fiscal representa uno de los principales problemas a los que se enfrentan los empresarios sin importar su rubro.
Por otro lado, la pequeña base de consumidores obliga que exista una competencia feroz por cada dólar que de los consumidores. De acuerdo a Iván Puerta, Presidente de la Cámara Nacional de Restaurantes, existe una férrea competencia dentro del sector “un mercado que tiene una sobreoferta bastante importante y se le suma un poder adquisitivo que está bastante complicado”.
Pero, ¿qué diferencia a un negocio exitoso del resto? La primera clave es que tenga claro su propuesta de valor, la promesa clara y diferenciada de beneficios que una empresa ofrece para satisfacer las necesidades de sus clientes y destacarse frente a la competencia. Iniciar un negocio sólo porque ese tipo de producto o servicio está de moda, sin considerar que la tendencia puede agotarse, condena al fracaso cuando la novedad se desvanece o el mercado se satura. El ejemplo por excelencia de esto es el declive de los bodegones después de la llamada pax bodegónica, que saturó a las ciudades venezolanas de negocios con los mismos productos importados sin que hubiese mayor diferencia al comprar en uno u otro local.
La segunda clave es que el negocio conozca a su cliente objetivo (buyer persona), sus preferencias y capacidades para consumir para que, a partir de ahí, ajuste el modelo de negocio y las características de su operación. Una empresa que apueste por tener precios accesibles, por ejemplo, debería ubicarse en zonas con alto tráfico y evitar que sus costos fijos sean elevados. Un ejemplo de éxito en este apartado es la Taquería Tres Amigos, que ahora cuenta con dos locales en Chacao y La Candelaria.
Finalmente, es necesario que la empresa pueda diferenciarse de la competencia directa e indirecta. Competir únicamente en precios implica sacrificar rentabilidad, una acción arriesgada en un entorno tan cambiante y retador. En cambio, ofrecer un mejor servicio o hacer esfuerzos por crear una fuerte identidad de marca son estrategias más sostenibles en el largo plazo.
Tomar en cuenta las tendencias es importante, pero es necesario tener criterio estratégico a la hora de sacar conclusiones. El entorno empresarial en Venezuela, con sus desafíos y constante cambio, requiere en muchos casos que las decisiones se tomen rápido, pero también con creatividad y pragmatismo. La proliferación de negocios en el sector de comercio y servicios no es una coincidencia, sino una respuesta a las condiciones económicas actuales. Para triunfar, las empresas deben ir más allá de replicar. Casos como el de Yummy o Cashea son muestra de que en Venezuela hay espacio para la innovación. Tal vez fundar una de las primeras empresas de IA en Venezuela parezca menos lógico que ser la hamburguesería número mil pero, a veces, el camino difícil suele ser el que deriva en el mayor éxito.








