Más allá de los robots: Kurios apunta a una nueva generación de innovadores en Venezuela

Más de 2.000 estudiantes de todo el país se reunieron en la quinta edición de la Kurios Competition para demostrar que la robótica y las finanzas son el nuevo lenguaje del capital humano venezolano. Entre torneos de ingeniería y propuestas de negocio, el evento muestra nuevas generaciones orientadas a la competitividad técnica y el pensamiento disruptivo.

Si se observa desde afuera, la quinta edición de la Kurios Competition –una competencia llevada a cabo en Caracas el 21 de marzo, donde más de 2.000 estudiantes de distintas ciudades del país participaron en varias actividades como torneos de robótica o pitches de ideas de negocios–  parece un evento masivo de entretenimiento, con personas vestidas como James Bond y uno que otro astronauta, reminiscente de convenciones anteriores. 

Pero un vistazo mejor, revela el rol que iniciativas como Kurios –una startup venezolana que apunta a construir programas de robótica en colegios venezolanos– juegan en ser puentes de transformación que integrando la robótica, la programación y las finanzas en el currículo escolar para fomentar no solo la excelencia técnica, sino también la curiosidad, la creatividad y la capacidad de resolución de problemas. Al democratizar el acceso a la alfabetización tecnológica, estos ecosistemas de aprendizaje contribuyen a la construcción de un capital humano resiliente y capaz de convertir los obstáculos en oportunidades: o abordando la necesidad del contexto actual de Venezuela, donde el sistema educativo y la infraestructura tecnológica enfrenta retos significativos, de formar una nueva generación con competencias alineadas a las demandas del siglo XXI. 

La misión secreta

Para Claudia Mauret, gerente de ventas de la organización, el evento es la culminación de un proceso logístico que abarca 175 colegios aliados en 17 estados y 33 ciudades del país. Más allá de un torneo, la competencia tuvo la movilización de más de 7.500 personas, incluyendo competidores, docentes, directivos y familias, en un despliegue que Mauret califica como «el evento familiar más grande del país». Es también una oportunidad para alimentar el capital humano —entendido como el conjunto de habilidades, conocimientos y experiencias que posee la población: el activo más valioso para el desarrollo de un pais y el motor principal de la productividad y la innovación. 

Pero el premio mayor de la Kurios Competition trasciende los trofeos locales. El evento funciona como la vía oficial para que el talento venezolano acceda a la Regeneron International Science and Engineering Fair (ISEF) en Estados Unidos. Este año, los representantes serán: José Perera del Colegio Fray Luis Amigó, con su proyecto CATCH System (2.0). –un robot autónomo diseñado para recolectar pelotas de tenis de mesa que optimiza el tiempo de entrenamiento de atletas paralímpicos en silla de ruedas– y Martina Salas, Farah Sleiman y Ana Garofalo, del Colegio Bellas Artes, con el proyecto Oráculo, que consiste en el desarrollo de unos lentes inteligentes que utilizan visión artificial para reconocer la Lengua de Señas Venezolana (LSV) en tiempo real.

La quinta edición de la Kurios Competition (Cortesía de Kurios).

Caminar por los pasillos del evento era encontrarse con historias de esfuerzo e ingenio. Un ejemplo es el joven que dedicó más de cuatro meses a estudiar la velocidad de desplazamiento y el daño perimetral de las plagas de langostas. Su idea: un sistema de defensa robótico para cultivos. Otro proyecto participante fue el desarrollo de una solución de asistencia para personas con parálisis cerebral.

Otra de las actividades más interesantes fue la presentación de ideas de emprendimientos ante un jurado, similar a un shark tank. En la Kurios Competition, esta dinámica permitió visibilizar diversas: desde un agente de inteligencia artificial especializado en entrenamiento físico, soluciones de base científica como un parche para regenerar tejido tras raspaduras utilizando productos naturales, hasta el diseño de ropa multiuso fabricada con materiales de origen local del centro de Maracaibo.

Este enfoque de formación no pretende que cada estudiante se convierta obligatoriamente en un fundador exitoso, sino que entiende el emprendimiento como un juego de probabilidades: mientras más familiarizado y capacitado esté el capital humano en la elaboración de propuestas de negocio sólidas, mayor será la probabilidad estadística de que surjan proyectos disruptivos que impacten la economía real. Al dominar la estructura de un pitch y el lenguaje de los negocios desde temprana edad, los jóvenes adquieren una ventaja competitiva crítica que les permite presentar sus ideas ante inversores con propiedad. 

Inclusión tecnológica: El Proyecto Impulso como motor de cierre de brechas

Uno de los aspectos más relevantes del evento fue la visibilización de la tecnología como una oportunidad para la integración. A través del Proyecto Impulso, una alianza estratégica entre Kurios y Cashea, la innovación llegó a sectores vulnerables donde antes era un sueño lejano. “A través de Impulso, 2.400 estudiantes de bachillerato experimentarán el aprendizaje STEM con herramientas innovadoras y proyectos prácticos”, dice Mariana González, directora y cofundadora de Kurios, “No solo aprenderán sobre circuitos y programación, sino que descubrirán cómo la tecnología puede abrirles nuevas puertas”

Este es el caso de la escuela de Fe y Alegría que dirige Luis Armando Martínez, en Rosario de Perijá, Zulia. Según Martinez, la donación de equipos de alta tecnología y el financiamiento de la formación permitieron que niños de comunidades vulnerables compartieran espacios y participaran “de tú a tú” con las instituciones más prestigiosas de la capital. «Nuestros niños están demostrando que sí tienen conocimiento que dar para el mundo», afirmó Martínez.

El impacto no es solo académico. En estas comunidades, los estudiantes están vinculando la robótica con necesidades locales reales. Rosario de Perijá es una zona ganadera, en la que han tenido dificultades con el agua para el riego. Estos estudiantes desarrollaron un sistema de riego automático para optimizar el uso de agua, demostrando el impacto que puede tener la educación en el bienestar de las comunidades del país.

Adicionalmente 200 docentes recibirán capacitaciones especializadas con diplomados y el uso de inteligencia artificial para planificar clases mediante ThinköAI, un plataforma de IA pensada para docentes. 

Estudiantes participan en la competencia (Cortesía de Kurios).

El manifiesto de la curiosidad: Más allá de los ingenieros

José Balza, cofundador y director ejecutivo de Kurios Education, subió al escenario citando al Foro Económico Mundial, recordando que para el año 2030, las habilidades determinantes serán la adaptabilidad, la creatividad y, sobre todo, la curiosidad. Con una comunidad que ya impacta a 80.000 alumnos en Venezuela, el propósito de Kurios no es fabricar un ejército de miles de ingenieros, sino ciudadanos con alfabetización tecnológica. El objetivo es que cada niño, sin importar su vocación final, desarrolle la capacidad de pensar críticamente y trabajar en equipo para resolver los dilemas de un mundo incierto.

Para González, la meta trasciende las fronteras locales, pues Kurios ya ha consolidado un modelo de exportación que impacta a más de 80.000 estudiantes a nivel mundial, con presencia activa no solo en Venezuela, sino también en España y Chile. La visión es clara: acompañar a más instituciones en su ruta hacia la transformación, escalando su presencia internacional y desarrollando nuevas verticales que preparen a la juventud para los retos globales. 

Bajo la premisa de que «hacerse las mejores preguntas es el primer paso para diseñar un futuro más humano y sostenible», la organización reafirma que el dominio técnico debe estar siempre al servicio de un propósito superior. En este ecosistema, la tecnología no es el fin, sino el medio para formar líderes capaces de cuestionar el presente y construir un mañana donde la innovación y la humanidad caminen de la mano.

El costo de la transformación y la ruta del docente

Para González, el proceso de transformación educativa implica a Kurios como “un aliado tecnológico estratégico para su institución y estudiantes», alimentando el aprendizaje basado en proyectos y la curiosidad de niños y adolescentes. Esto implica convertir a las institución educativas en aliados por medio de una una fase de diagnóstico y sensibilización inicial donde se diseña un ecosistema de aprendizaje a la medida del colegio. Una vez establecida la alianza, Kurios asume el rol de socio tecnológico con acompañamiento trimestral presencial que garantiza la sostenibilidad del programa. La mensualidad de este servicio ronda entre los 5 y 8 dólares por estudiante, dice Mauret, por lo que no se hace un gasto suntuoso para las comunidades académicas.

El éxito de esta metodología es real y medible, asegura González, reflejándose en un «40% de mejora en la motivación estudiantil», ya que los alumnos dejan de ser receptores pasivos para transformarse en «agentes del futuro». Asimismo, destaca una «optimización del 85% en el trabajo en equipo docente», una cifra que permite simplificar la gestión técnica para que el maestro recupere su rol esencial y pueda «enfocarse en inspirar».

La visión es compartida por quienes ejecutan el programa en el aula. “No es solo la magia de hacer un robot… sino la lógica y el paso a paso para llegar a eso”, dice Jannet Blanco, docente con 18 años de trayectoria docente en el Colegio Los Hipocampitos en Miranda, donde se enseña robótica desde preescolar hasta bachillerato. Además, destaca el efecto multiplicador del programa, relatando cómo en su primera participación seleccionaron a tres alumnos que motivaron a otros, logrando que al segundo año hubiera más de 10 voluntarios.

Con sus uniformes y una laptop, un grupo de estudiantes desarrollan su proyecto (Cortesía de Kurios).

Desde la perspectiva del hogar, la transformación también implica un compromiso logístico y financiero que los padres asumen como un activo de vida. “Es una inversión, más allá de la inscripción hay que considerar el traslado, alimentación y hospedaje”, dice Gustavo Rivas, representante proveniente de Lechería en Anzoátegui, “[pero] lo pagaré cuantas veces sea necesario porque es una experiencia muy enriquecedora para los estudiantes”.

Y es que la victoria de iniciativas como Kurios no reside en la complejidad de los circuitos ensamblados o de un código, sino en el cambio de mentalidad que viene consigo. Al dotar a un niño sin importar su ubicación, edad y clase social con las herramientas para cuestionar su entorno y proponer soluciones, se está desactivando el miedo al fracaso y activando el músculo de la resiliencia. 

En última instancia, el éxito en la formación de un nuevo capital humano de Venezuela no se medirá solamente por cuántos profesionales logren graduarse en determinado espacio de tiempo, sino por cuántos ciudadanos posean la audacia de imaginar que un problema local tiene solución y sean parte activa en llevarla a cabo. Las herramientas tecnológicas cambiarán, pero una mente que ha descubierto su capacidad de crear jamás deja de ser valiosa para la sociedad y economía de su país y del mundo.

Gustavo Sandoval

Staff writer. Gustavo es economista de la Universidad Metropolitana en Caracas.

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