La venezolana Isabel Judez gana beca artística en Francia por su instalación Démêler les Roches

Isabel Judez, arquitecta y artista venezolana radicada en Francia, recibió una beca de la ADAGP por su instalación en Normandía y Versalles, que aborda el patrimonio inclusivo y ecológico usando escultura, sonido y textiles.

Tanto en el jardín del Chateau de la Maye, en Versalles, como antes en Normandía aparecen serpenteantes tejidos que asemejan raíces de enredaderas entre la grama mientras muros etéreos –casi flotantes– cortan entre los árboles. Es la instalación Démêler les Roches (Destejer las rocas) – combina escultura, sonido y textiles en una experiencia inmersiva que reinterpreta el patrimonio colectivo desde una mirada ecológica y participativa– que le ganó recientemente la beca de Vídeo Retrato de la Sociedad Francesa de Autores Gráficos y Plásticos (ADAGP) a la artista plástica y arquitecta venezolana Isabel Judez (Guri, 1992) por la creación de un monumento con una baja huella de carbono.

Judez desarrolla su vida y obra entre la arquitectura y el arte contemporáneo. Formada en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, de donde egresó con honores, complementó su trayectoria académica con un intercambio en la Escuela Nacional Superior de Arquitectura de Paris-Val de Seine.

Destejer las rocas (2025). (Créditos: Lu Jacques | © Isabel Judez)

Radicada en Francia desde 2020, Judez ha mostrado su obra en escenarios como los Jardins d’Étretat en Normandía, la galería Artivistas en París y Le Hublot en Ivry. En el año 2024 obtuvo con honores, su segundo magister, el Diploma Nacional Superior de Expresión Plástica (DNSEP) en la Escuela de Arte y Diseño de Le Havre-Rouen (ésadhar). Actualmente desarrolla su trabajo artístico al tiempo que colabora en proyectos de restauración de patrimonio arquitectónico, entre ellos la antigua sede del diario L’Humanité, concebida por Oscar Niemeyer en Saint-Denis. Su investigación combina prácticas performativas con un enfoque participativo y social, lo que la ha llevado a ser representada por Saatchi Art en Estados Unidos y The Caring Gallery en Paris. Ha colaborado en experiencias como Assemblé del coreógrafo Rémy Héritier en el CN D y la película Comedia de Simulación del dúo Irma Name en Bétonsalon.

Desde los paisajes acuáticos de los ríos Orinoco y Caroní, en el corazón del estado Bolívar, hasta las instalaciones ecológicas en Normndía y Versalles (Francia), Judez ha tejido una trayectoria marcada por la resiliencia, la migración y una profunda conexión con el territorio. Nacida en Guri en 1992, Judez creció entre selva, concreto y acero, en ciudades hidroeléctricas donde el arte y la arquitectura convivían en armonía. Obras monumentales de Cruz-Diez y Alejandro Otero, junto al Ecomuseo del Caroní, sembraron en ella una sensibilidad estética que más tarde germinaría en esculturas e instalaciones de gran carga simbólica.

Aunque su formación inicial fue en arquitectura, Isabel Judez encontró en las artes plásticas una vía para explorar lo íntimo y lo colectivo. Su entorno familiar, enriquecido por músicos, coreógrafas y actores, le ofreció desde niña una educación artística diversa. Sin embargo, fue en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela (UCV) donde descubrió su verdadera vocación. “Hace dieciséis años comencé a hacer esculturas, y desde entonces no he dejado de crear”, afirma.

Arquitectura, memoria y exilio: los ejes de una trayectoria

La Ciudad Universitaria de Caracas, con su arquitectura moderna y su vibrante vida cultural, fue un punto de inflexión. Inspirada por los murales, los espacios abiertos y el legado de Carlos Raúl Villanueva, Judez comprendió que la arquitectura podía ser también un acto social y artístico. Profesores como Pedro Franco y Maya Suárez la guiaron en el estudio de la estética, el cinetismo y la abstracción geométrica, corrientes que aún hoy marcan su lenguaje visual.

Patrimonio plegable (2024). (Imagen digital: Johan Navarro | © Isabel Judez)

Su tesis sobre la renovación del casco histórico de Coro, en medio del colapso político y social de Venezuela, fue una declaración de principios: trabajar con la memoria para imaginar formas más armónicas de habitar la historia. Esta preocupación por el patrimonio y la reparación simbólica se ha convertido en uno de los ejes centrales de su obra.

La migración, sin embargo, transformó profundamente su práctica. En 2013, Judez llegó a París como estudiante de intercambio. A su regreso a Caracas aunque la experiencia fue enriquecedora, el contexto político venezolano la obligó a partir definitivamente en 2014. Panamá fue su primer refugio, donde trabajó en la restauración del Casco Antiguo (Patrimonio de la UNESCO) y es ahí que desarrolla una carrera artística que la conectó con instituciones como el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá y Saatchi Art en Los Ángeles.

La muerte de su padre en 2018 marcó otro giro en su vida. Decidió regresar a Francia, y París la recibió con exigencia, pero también con oportunidades. Desde entonces, ha trabajado en la renovación de edificios emblemáticos como los de Oscar Niemeyer y ha presentado su obra en espacios institucionales franceses. “Ha sido un proceso de reconstrucción, resiliencia y crecimiento continuo”, confiesa.

La experiencia migratoria ha dejado una huella profunda en su obra. En Panamá, exploró el textil como medio expresivo, y en Europa comenzó a investigar el tejido como forma territorial y mineral. Su escultura Imprinted, inspirada en la piedra Kueka y en su tierra natal, fue un intento de canalizar el desarraigo a través de la creación. Desde entonces, sus proyectos dialogan con los paisajes naturales y patrimoniales franceses, y se inscriben en las artes socialmente comprometidas.

“Transformar el duelo en comunidad y el desarraigo en pertenencia compartida” es una de las premisas que guían su trabajo. Judez entrelaza su identidad con causas globales como la inmigración y la equidad de género, demostrando que lo personal puede ser también profundamente político. Su obra propone la vulnerabilidad como una forma de soberanía, capaz de reconciliar lo íntimo con lo colectivo.

Retrato junto a Destejer las rocas (2025). (Créditos: Lu Jacques | © Isabel Judez)

Tejer el patrominio, tejer el planeta: arte, cuerpo y territorio

Actualmente, su práctica se enfoca en explorar cómo la arquitectura, el tejido y la escultura pueden construir un patrimonio más inclusivo y ecológico. En su instalación Démêler les Roches (Destejer las rocas), realizada junto a estudiantes y actores institucionales franceses, Judez creó un monumento de baja huella de carbono inspirado en la arquitectura vernácula de fibras naturales y piedra. El proyecto, apoyado por el Museo de los   Nacionales y el Fondo Verrecchia, fue concebido como un gesto de cuidado y solidaridad, una imagen posible de equilibrio.

Su investigación técnica ha evolucionado hacia la instalación, la performance y el video, incorporando el cuerpo como materia expresiva. Trabaja con materiales reutilizados que ya tienen una historia, explorando la tensión entre lo frágil y lo inquebrantable. Las fibras naturales y la piedra seca —técnica ancestral declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad— le permiten hablar del tejido social y de la memoria territorial.

El proceso creativo de Judez es intuitivo y corporal. Se inspira en experiencias, conversaciones y paisajes, y combina investigación rigurosa con exploración lúdica. Dibuja, escribe, hace collages y experimenta con materiales antes de definir la forma final de la obra. Colabora con curadores y especialistas que aportan una mirada crítica, y concibe cada pieza como un diálogo entre intención y entrega.

Su obra actual responde a inquietudes sociales, políticas y emocionales. Como mujer, inmigrante y venezolana, ha vivido la desigualdad en distintas formas, pero ha encontrado en el arte una vía para transformar la violencia en gestos de reparación. “Crear es una forma de sanar, de existir y de darle sentido al mundo que habito”, afirma.

Destejer las rocas (2025). (Créditos: Lu Jacques | © Isabel Judez)

En cuanto a las diferencias entre el arte en Venezuela y Francia, Judez destaca el papel central de la iniciativa pública en el desarrollo cultural francés. Aunque lamenta la pérdida de ese impulso en su país natal, se muestra esperanzada ante el renacimiento silencioso del arte venezolano. “Hay una generación que está tejiendo nuevas redes y reinventándose. Esa energía es profundamente humana y resiliente”, afirma.

Aunque prefiere no adelantar detalles, Isabel Judez trabaja en nuevos proyectos de instalación y performance que consolidan su práctica en una escala internacional. Participa en exposiciones colectivas en Francia y en el extranjero, y mantiene viva la conexión con América Latina. Su obra, profundamente arraigada en la memoria y el territorio, continúa expandiéndose como un tejido que une culturas, historias y afectos.

Douglas Bravo Colmenares

Periodista de la Universidad Rafael Belloso Chacín. Tiene una Maestría en Comunicación Social del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la Universidad Central de Venezuela. Escribe para el Grupo EDEFA y en medios internacionales especializados en arte.

¡Comparte si te gustó!

Artículos más vistos

Artículos relacionados

¡Inscríbete en uno de nuestros planes de newsletter!

Suscríbete a nuestro recap, El Safari: Una ruta semanal por lo que debes leer del ecosistema.

¿Y cuál es la movida en Caracas? En La Movida, te mantemos al día con los planes, locales, obras, exposiciones, festivales y bochinches de esta ciudad.