Las cifras siguen moviéndose mientras se escribe esto. El doblete sísmico del miércoles 24 de junio —magnitud 7,2 y, un minuto después, 7,5, con epicentro en la costa entre Yaracuy y Carabobo— dejó a La Guaira convertida en zona de desastre y a Caracas con edificios partidos. Para el inicio de la semana, las autoridades reportaban más de 1.700 fallecidos, más de 5.000 heridos y miles de familias damnificadas, con un centenar de edificaciones colapsadas en el estado costero y hospitales desbordados. Registros independientes contabilizan más de 40.000 desaparecidos. El Gobierno militarizó La Guaira, pidió a la gente no bajar al litoral para no congestionar las vías, y canalizó la ayuda hacia centros de acopio. Y, como siempre ocurre en estos casos, en cuestión de horas el país entero se volcó a donar.
Ahí empieza el problema que casi nadie ve: donar mucho no es lo mismo que donar bien. Para entender cómo ayudar sin estorbar, en Ecosistema conversamos con Susana Raffalli.
Si el nombre no le suena, debería. Susana Raffalli es nutricionista de la UCV, con maestría en seguridad alimentaria y formación en gestión de emergencias humanitarias por la Complutense de Madrid. Lleva más de dos décadas trabajando en desastres humanitarios en todo el planeta y es la creadora del SAMAN, el sistema con que Cáritas Venezuela monitorea la desnutrición infantil en EL PAÍS. La BBC la incluyó en 2020 entre las cien mujeres más influyentes del mundo. Cuando habla de emergencias, no improvisa: lleva 22 años dentro de ellas.
Esto es lo que recomienda.
Lo primero: fraccione su donación
El consejo que más nos repitió Raffalli no es a quién darle, sino cuándo. «Es muy valioso contar con donaciones ahora, y luego serán muy necesarias también. Quizás puedan fraccionarlas», dice. La lógica es sencilla y contraintuitiva: en los primeros días llega una avalancha de ayuda, y después, cuando empieza la reconstrucción —que es larga y cara—, ya casi nadie sigue colaborando.
Traducido: no vacíe la cartera el primer fin de semana. Reparta. Dé hoy, guarde para dentro de un mes, dé otra vez. La emergencia no termina cuando salen las cámaras.
Y este, dice, es el momento de los heridos y los albergues.
Lo segundo: cómo hacer una donación segura
La primera regla es canalizar todo a través de organizaciones oficiales y evitar a los intermediarios desconocidos. Antes de transferir, hay que verificar las cuentas bancarias: difundir y usar solamente los números de cuenta publicados en los canales oficiales y verificados de las instituciones. De ahí en adelante, la prioridad debe ser la donación en efectivo. El dinero permite a los equipos de rescate comprar exactamente lo que se necesita en el momento, activa la economía local, da autonomía a las organizaciones y permite no saturar el transporte de carga; mover toneladas de ropa o comida a zonas de desastre suele ser lento, costoso y a veces imposible.
Cuando la donación es en especie, la consigna es no enviar «lo que te sobra», sino fijarse en las listas de las organizaciones que están dando socorro. No se envían medicamentos o alimentos vencidos, ni artículos que no hayan sido solicitados: clasificar todo lo que llega le quita tiempo a un personal que debería estar centrado en socorrer. Todo lo que se done en especie —si fue solicitado— debe estar limpio, en buen estado y, de preferencia, empaquetado y clasificado, porque si no lo hace quien dona le toca esa tarea a quien socorre, y pierde capacidad para lo esencial. Conviene además evitar que la ayuda humanitaria sea revendida, especificándolo en los empaques y tachando su código de barra. Igual de importante: no desplazarse a la zona del desastre por cuenta propia, porque ir al lugar a entregar ayuda de mano en mano bloquea las vías para las ambulancias y la maquinaria pesada que necesitan víctimas y rescatistas. El principio que ordena todo lo demás es simple: el protagonista es la persona afectada, no quien ayuda ni la organización que socorre.
Hoja de ruta:
- Canaliza a través de organizaciones oficiales; evita intermediarios desconocidos.
- Verifica las cuentas bancarias y difunde solo los números publicados en canales oficiales.
- Prioriza las donaciones en efectivo.
- El dinero deja comprar lo necesario en el momento, activa la economía local, da autonomía a las organizaciones y no satura el transporte de carga.
- No envíes «lo que te sobra»: guíate por las listas de las organizaciones que socorren.
- No envíes medicamentos ni alimentos vencidos, ni artículos no solicitados.
- Lo que se done en especie debe ir limpio, en buen estado y, de preferencia, empaquetado y clasificado.
- Evita la reventa: especifícalo en los empaques y tacha el código de barra.
- No te desplaces por tu cuenta a la zona del desastre.
- Recuerda: el protagonista es la persona afectada, no quien ayuda.
Lo tercero: cómo establecer un lugar de refugio temporal
Lo primero es priorizar la seguridad física del espacio, y eso empieza por una inspección previa: asegurarse de que la estructura no tenga grietas profundas en columnas o techos antes de meter a las personas, pidiendo apoyo profesional para ello. Una vez en el lugar, hay que mantener los accesos, pasillos y salidas de emergencia completamente libres de colchones, maletas o escombros, ante las réplicas. Conviene crear un registro básico de quiénes están en el lugar —nombres, edades, si tienen familiares localizables y si padecen alguna enfermedad—. Si el espacio lo permite, se asignan áreas específicas diferenciadas para heridos, para familias, para mujeres que estén dando lactancia y áreas recreativas. También ayuda definir horarios de silencio, turnos de limpieza y normas de convivencia: mantener rutinas básicas, con horarios fijos para comer y dormir, da en medio del caos una sensación de control y normalidad.
Con los niños se necesitan protocolos para no dejarlos solos y sin identificación: deben permanecer con sus padres o con un cuidador autorizado, y si por razones médicas o de saturación es necesario mover a personas a otro refugio, hay que asegurarse de que el núcleo familiar se traslade junto. La identificación física debe ser visible: a cada niño se le coloca una pulsera, gafete o etiqueta resistente en la ropa que incluya nombre completo, nombre de sus padres o cuidadores y un teléfono de contacto de emergencia, además de información médica crítica si el niño la necesita. Hay que monitorear constantemente los baños y las zonas oscuras para evitar riesgos de abuso. En cuanto a lo que se consume, debe asegurarse que el agua para beber y cocinar sea embotellada o hervida. Y no se puede asumir que una buena ración para todos en el albergue lo será también para los niños: conviene pedir asesoramiento para la planificación de los menús, los tipos de alimentos y las pautas para la alimentación diferenciada en los albergues.
Hoja de ruta:
- Prioriza la seguridad física del espacio.
- Haz una inspección previa de columnas y techos, con apoyo profesional, antes de ocupar el lugar.
- Mantén accesos, pasillos y salidas de emergencia libres de obstáculos, ante las réplicas.
- Crea un registro básico: nombres, edades, familiares localizables y enfermedades.
- Asigna áreas diferenciadas si el espacio lo permite (heridos, familias, lactancia, recreación).
- Define horarios de silencio, turnos de limpieza, normas de convivencia y rutinas fijas de comida y sueño.
- Establece protocolos para que los niños no queden solos ni sin identificación; permanecen con padres o cuidador autorizado.
- Si hay que mover personas a otro refugio, traslada al núcleo familiar junto.
- Identifica a cada niño con pulsera o etiqueta visible: nombre, padres o cuidadores, teléfono de emergencia y datos médicos críticos.
- Monitorea constantemente baños y zonas oscuras para evitar abusos.
- Asegura agua embotellada o hervida para beber y cocinar.
- Pide asesoría para menús y alimentación diferenciada, sobre todo para los niños.
Si su donación es en físico, no en dinero
Para quienes prefieren donar insumos, Raffalli compartió dos listas concretas. Dos reglas generales antes de empacar: que la comida sea lista para consumir y de fácil apertura (mucha gente no tiene cómo cocinar ni agua para hidratar nada), y que el material médico esté estéril y sin vencer.
Material médico-quirúrgico
- Hilos de sutura
- Gasas estériles y apósito absorbente
- Vendas elásticas y de gasa
- Soluciones intravenosas (solución salina al 0,9 % y Ringer lactato)
- Kits de canalización IV (catéteres, macrogoteros, torniquetes)
- Férulas para inmovilización
- Antisépticos y desinfectantes (clorhexidina o povidina)
- Guantes quirúrgicos estériles
- Alcohol
- Jeringas de 5 y 20 cc
- Toallas sanitarias
- Suero oral
- Anestésicos locales (lidocaína)
- Dexametasona (ampolla)
- Betagen
- Analgésicos (paracetamol, naproxeno, ketoprofeno, metamizol)
Alimentos listos para el consumo, de fácil apertura
- Sardinas en lata con abrefácil
- Atún en lata con abrefácil
- Granos precocidos listos para comer (caraotas, garbanzos)
- Untables de proteína en pasta o lata (pollo, morcilla, queso fundido)
- Compotas o purés de frutas o vegetales en envases individuales
- Bebidas achocolatadas o de avena líquida listas para tomar, en envases individuales
- Galletas de soda o pan de molde en paquetes individuales
- Pan empaquetado
- Mantequilla de maní (envasada)
- Pasas
Lo más importante, y lo que casi nadie sabe: la comida de los bebés
Aquí Raffalli fue enfática. Sobre alimentación y nutrición infantil «hay cosas esenciales que difundir», nos dijo, especialmente «para donaciones y para quienes manejan albergues o están apoyando a familias con niños». Es su especialidad —es, literalmente, a lo que ha dedicado su vida— y es el punto donde la buena intención hace más daño. Estas son las reglas que los estándares humanitarios aplican en toda emergencia, y que conviene repetir sin pena:
1. La leche materna es el alimento más seguro que existe en una emergencia. No necesita agua potable, ni fórmula, ni biberón, ni refrigeración; está siempre lista, estéril y a la temperatura correcta, y protege al bebé justo de las infecciones que se disparan en albergues y zonas sin agua. Una madre que está amamantando debe seguir haciéndolo, incluso bajo estrés y miedo.
2. El susto no «corta» la leche. Es uno de los mitos más peligrosos. La producción de leche se sostiene con la succión del bebé, no con la calma de la madre. Lo que la mamá necesita no es dejar de amamantar, sino apoyo: agua, comida, descanso y un rincón tranquilo donde dar pecho. Y si dejó de amamantar hace poco, en muchos casos puede volver a producir leche con acompañamiento.
3. Cuidado con donar fórmula (leche de fórmula) «para los bebés». Suena solidario y es justo lo contrario. En una emergencia, sin agua segura ni manera de hervir y esterilizar biberones, la fórmula mal preparada se vuelve una de las principales causas de diarrea y muerte infantil. La fórmula no debe repartirse como donación general. Solo debe usarse en los casos en que es indispensable —bebés que no pueden ser amamantados—, de forma controlada, con agua segura y bajo orientación de personal de salud. Lo mismo aplica para la leche en polvo: no es una buena donación masiva para lactantes.
4. Nada de biberones ni chupones donados. Son casi imposibles de limpiar bien sin agua hervida y se convierten en criaderos de bacterias. Si hay que alimentar a un bebé que no toma pecho, es preferible hacerlo con vasito o taza limpia.
5. Para niños de más de seis meses: mantener la lactancia y sumar alimentos complementarios blandos, variados y seguros. Aquí sí encajan perfecto los alimentos listos para consumir de la lista de arriba (compotas, untables de proteína, avena líquida).
6. En los albergues, prioricen a embarazadas, madres lactantes y niños pequeños. Son los más vulnerables. Vale la pena habilitar un espacio tranquilo y con algo de privacidad para amamantar: es una de las intervenciones más baratas y que más vidas salva.
7. Si alguien recibe fórmula y no le queda otra que usarla: lavarse las manos, usar agua lo más segura posible (hervida y entibiada cuando se pueda), preparar solo la cantidad que el bebé tomará de inmediato y no guardar sobras.
En catástrofes, el instinto es dar rápido y dar mucho. Raffalli pide algo más difícil: dar con cabeza. Fraccionar en el tiempo, confiar en organizaciones con historial, mandar comida que se abra con la mano y, sobre todo, proteger lo único que mantiene vivos a los bebés cuando todo lo demás falla. La avalancha de ayuda de esta semana es real y es necesaria. El reto es que también esté ahí dentro de un mes —y que no le hagamos daño a nadie en el intento.
Foto cortesía de Roberto Mata.








