Entre restricciones y workarounds: navegando los alambres y muros del internet desde Venezuela

Starlink, Oracle, ChatGPT, X: En Venezuela, navegar en internet implica bloqueos, VPNs y “atajos”. Entre sanciones, servicios restringidos y soluciones criollas, el acceso digital se ha vuelto un laberinto donde la inventiva es casi requisito de conexión.

Es jueves por la noche en Santiago de Chile. Lisset, una inmigrante venezolana que tiene a todos sus hermanos en Venezuela, abre X (antes Twitter) para enterarse de lo que ocurre en su país. Encuentra de todo un poco, aunque ya sabe que la desinformación y las noticias falsas son parte de la rutina. Con calma, decide preguntar a su familia si lo que leyó es cierto. En Venezuela, una de sus familiares intenta entrar a la misma red social para verificar la noticia, de la cual no había escuchado nada. Pero su timeline no se actualiza: la página parece caída. Dudosa, le pregunta a su hijo, quien le explica que necesita un VPN – un servicio que crea un túnel seguro y encriptado a través de Internet, cifrando el tráfico de red y enmascarando la dirección IP, muchas veces falsificando el país del que se navega. Ahí muere su intención de búsqueda. Demasiadas vueltas solo para saber si algo pasó. Desde el 8 de agosto de 2024, tras una suspensión temporal de diez días que muchos proveedores han mantenido de manera indefinida, se necesita un VPN en Venezuela para acceder a X.

El impacto ha sido significativo. Según el reporte Digital 2025: Venezuela de DataReportal, una librería online de datos globales, este año se ha registrado una caída mayor del 50% en el total de los usuarios venezolanos que usan X en relación al 2024, significando una de las caídas de actividad más drásticas conocidas para un país. Esto no es un caso aislado, diariamente, venezolanos de todo tipo de sector, profesión o clase social, lidian con fricciones que limitan las posibilidades en su búsqueda por informarse, entretenerse, contratar servicios y emprender en el área de la tecnología. El internet en Venezuela, donde hasta Reddit y páginas pornográficas han sufrido bloqueos y servicios como los de Zelle han sido restringidos por empresas foráneas como Chase Bank, muchas veces es un panorama de alambres, rejas y muros. 

Resolver, nuestra vía de costumbre

La solución a estos dolores de cabeza, por lo general, son ‘workarounds’: soluciones alternativas para esquivar un problema o una limitación, sin resolverlo por completo. Es decir, resolver digitalmente. Sin embargo, buscar medios alternativos también significa sacrificar la experiencia de usuario y estar expuestos a otros problemas, como el fraude.

Por años, los venezolanos han desarrollado habilidades adaptativas, de resiliencia y de soluciones innovadoras ante los obstáculos. Por eso, sobre todo en asuntos relacionados a la economía, los venezolanos se han visto obligados a volverse especialistas tecnológicos, sin distinción de edad.

Las formas de sortear la inflación y la devaluación son un ejemplo de esto: Los venezolanos han recurrido a WhatsApp y a las stories de Instagram para comprar o vender dólares, mientras que emprendedores locales han creado herramientas innovadoras de pagos digitales como PagoDirecto, Zinli o Ubii. Con la diáspora se han tejido redes de transferencia electrónica que facilitan estas operaciones incluso en medio de sanciones, a través de bancos como Banesco Panamá o Facebank en Puerto Rico. Y servicios como Cashea —que con una app permite comprar de inmediato y hacer pagos diferidos en cuotas— han hecho que las cajas de pago con las colas más largas sean, inevitablemente, las que aceptan este sistema.

Del mismo modo, en el terreno tecnológico también hemos tenido que “resolver” con caminos alternativos. Lo que para otros países son procesos sencillos o accesos inmediatos, en Venezuela suelen estar llenos de trabas: desde la verificación de un servicio hasta la disponibilidad de una plataforma. Así ocurrió con la llegada de los modelos de inteligencia artificial (IA).

Todo tarda un poco más

El 30 de noviembre de 2022, OpenAI anunció el lanzamiento oficial de ChatGPT, que en menos de cinco días alcanzó su primer millón de usuarios. Mientras el mundo conocía las posibilidades de interactuar con estos modelos de IA Generativa, a los venezolanos les costó un poco más.

El servicio exigía obligatoriamente la verificación de un número de teléfono para crear una cuenta: pero Venezuela no estaba en la lista de países para seleccionar. Ante esto, muchos optaron por pedir el favor a sus familiares en otros países o aprovechar viajes al exterior para poder verificarlo, pero no fue el caso de la vasta mayoría. De hecho, en la actualidad, el acceso desde Venezuela está restringido, obligando a los usuarios venezolanos a usar servicios de VPN – además de restringir medios de pago populares localmente, como Wally o Zinli. De hecho, en sus normas oficiales, la compañía afirma que ofrecer acceso a sus servicios a países no admitidos puede derivar en sanciones.

Acceder u ofrecer acceso a ChatGPT o la API de OpenAI desde un país no admitido puede provocar que su cuenta se bloquee o se suspenda. OpenAI

En un caso similar de overcompliance en el marco de las sanciones estadounidenses, Oracle –conocida proveedora de servicios en la nube– canceló sus servicios en Venezuela en 2019, impactando directamente en la infraestructura tecnológica local. 

Oracle atiende a más de 400.000 clientes en todo el mundo, entre los que se incluyen bancos, entidades gubernamentales, startups y otros que dependen de este servicio para sistemas de alta disponibilidad y gestión de información. En Venezuela, todos tuvieron que enfrentarse a esta decisión.

Además de su enorme posicionamiento, Oracle es el propietario y responsable de Java, uno de los lenguajes de programación más conocidos a nivel mundial. Por lo que, al estar relacionados, este ahora presenta problemas de desempeño en el país. Hoy es una tecnología a la que no se puede acceder sin un servicio de VPN desde Venezuela.

“Da un dolor de cabeza increíble cada vez que toca consultar algo que por mínimo tenga que ver con Java u Oracle”, dice Samuel Padrón, un programador freelancer de 29 años, “Cuando vas a instalar una base de datos sobre Linux, el instalador se conecta a los servidores de Oracle para instalar los paquetes necesarios y de una falla la instalación.”

La conectividad también tiene sus trucos

Starlink es otro de los casos en los que la falta de soporte ha sido maniobrada por los venezolanos. El servicio de internet satelital de SpaceX comparte en su sitio oficial la lista de países disponibles entre los cuales, por supuesto, no figura Venezuela.

A pesar de esto, la tecnología de Starlink permite que con una instalación rápida se pueda acceder a internet de alta velocidad desde el Catatumbo hasta la Gran Sabana. Con sus antenas y pago de plan mensual, sus usuarios pueden conectarse desde los lugares remotos donde la fibra óptica no llega o es complicado instalarla. Algunos emprendedores han visto el servicio de comercialización de antenas e instalación como una oportunidad de negocio, por lo que no es complicado conseguir ofertas en Instagram para hacerlo en hogares e incluso vehículos, para aquellos que buscan estar siempre en línea.

Estos acuerdos comerciales se alcanzan dentro de una línea confusa caracterizada por asumir el riesgo, tanto del lado proveedor como del cliente.

Junto a esto, el cierre de operaciones de servicios en la última década como Reserve y Uphold, problemas con licencias de Adobe, la imposibilidad de acceder a plataformas como Stripe –fundamentales para transacciones en productos digitales– y otros servicios financieros, transforman a Venezuela en un país aislado no solo políticamente y financieramente en el sistema internacional, sino también digitalmente.

Gran parte de estas restricciones pueden aparecen en la encrucijada de un impacto de dos direcciones: una de ellas está marcada por las sanciones, provenientes de un actor externo y un marco político sensible. Por otro lado, el espacio digital en Venezuela es cada vez más limitado por restricciones mayores al libre acceso al internet por normativas y bloqueos locales, lo que contrae doblemente nuestras posibilidades.

Así, no conseguir a Venezuela en las listas para registrarse en nuevos servicios se convierte en una suerte de malestar o frustración constante para los cibernautas venezolanos. Muchas veces, al recomendar una nueva app o plataforma, la pregunta que se escucha es: “¿Y se puede usar desde Venezuela?”.

En muchos de estos casos, la respuesta es “depende”: si hay un workaround, un proceso tedioso pero usual, habrá alguna forma de acceder o un posible negocio que algún emprendedor o comerciante enezolano pensó y estructuró partiendo de la necesidad, aprovechando las líneas confusas de la legalidad.

Operar en un contexto de esta naturaleza genera pasos extras en cualquier proceso que decidamos emprender, algo que se transforma en inversión de tiempo y aumento del estrés –además de menos productividad– en un contexto de dificultades preexistentes con las que ya lidian diariamente los venezolanos. Identificar estas complicaciones es también una oportunidad para abordarlas inteligentemente y, cómo no, generar soluciones que alivien el entorno. Después de todo, en Venezuela hasta lo digital viene con “manual de trucos” incluido.

Isaac Fernández

Fundador de Asilo Digital, un medio sobre temas digitales y tecnológicos. Isaac es internacionalista graduado de la Universidad Central de Venezuela y diseñador de productos digitales

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