Tarjetas, licencias y reaperturas: el mundo cripto vuelve a mirar a Venezuela

El regreso de exchanges, nuevas tarjetas cripto y licencias reaviva el interés por Venezuela, mientras la apertura regulatoria y humanitaria amplía las opciones financieras disponibles.
  • Tras el doble terremoto, OKX y Binance lanzaron tarjetas cripto y fondos de emergencia en Venezuela, acelerando un regreso que ya venía gestándose.
  • Solo Crixto y Kontigo operan con licencia formal de Sunacrip. Binance sigue en zona gris pese a mover buena parte del mercado, que movilizó 44.600 millones de dólares en un año.
  • Detrás de gran parte de este movimiento está la Licencia General 60 de la OFAC: un corredor humanitario temporal que vence en octubre de 2026, y cuya renovación definirá si la apertura se vuelve permanente.

A inicios de julio, OKX anunció el lanzamiento de una tarjeta Visa Platinum con soporte en Venezuela. OKX es una de las plataformas de intercambio de criptomonedas más relevantes a nivel mundial. No tiene costo de emisión ni mantenimiento, y permite pagar directamente con USDT y USDC, las dos criptos ancladas al dólar más usadas del mercado. Días antes, la misma empresa había repartido 15 USDT a 2.000 usuarios verificados con documentación venezolana, como apoyo financiero ante la emergencia del doble terremoto.

«Ahora desde Venezuela puedes tener una tarjeta virtual para usar tus criptos en compras en línea, pago de suscripciones y recibir cashback. De verdad me voló la cabeza», escribió un usuario en X, sorprendido por la llegada de un producto financiero que meses antes se veía demasiado lejos de ser realidad.

Las respuestas de los exchanges tras el terremoto

En la misma línea, Binance ofreció un fondo de emergencia de 20 USDT para cada venezolano residente en las zonas afectadas por los sismos. También eliminó comisiones en sus productos durante varias semanas. Poco después, la empresa habilitó en el país los primeros 3.000 cupos para acceder a su tarjeta para pagos en cripto. Mientras tanto, crecen los rumores —alimentados en redes sociales— de que estaría tramitando una licencia formal para operar en el país.

Ambos movimientos ocurren en un contexto de ayuda humanitaria y progresiva flexibilización. Volvieron a poner a exchanges y compañías fintech en la conversación de miles de venezolanos que aspiran a tener más y mejores opciones financieras. En un contexto de tutelaje estadounidense y presencia creciente de Washington en el país, se refuerza una percepción que meses atrás era minoritaria: Venezuela ya no es solo un mercado de riesgo regulatorio y sancionatorio del que hay que mantenerse al margen. Es uno que vale la pena explorar.

Para el economista Asdrúbal Oliveros, la aparición de estos anuncios no hace más que confirmar una tendencia que viene documentando desde hace tiempo. «Venezuela reúne condiciones excepcionales para que florezcan soluciones financieras montadas sobre criptoactivos». «Esto se debe a la baja penetración de la banca internacional. También a la interesante adopción que se ha desarrollado en los años previos», escribió en X.

Un terreno sensible

Venezuela pasó de tener un ecosistema fintech formalmente ralentizado durante años a uno que hoy renueva licencias e integra a la banca a sus productos. También recibe visitas de cofundadores de Silicon Valley.

Hoy, el mapa de actores del cripto en Venezuela es una mezcla entre plataformas que regresan y otras que operan silenciosamente. También están las que buscan sacarle provecho a la ventana de oportunidad. Binance, por ejemplo, no es un actor nuevo en el país: tiene presencia desde 2017 a través de su mercado P2P. Ahí los propios usuarios negocian directamente entre sí, sin que la plataforma intermedie el dinero. Ha funcionado durante años como salvavidas financiero para millones de venezolanos que usan USDT para resguardarse de la inflación. Pese a contar con gran parte del volumen del mercado y no estar regulada por el órgano correspondiente, sigue operando en una zona gris. No es una empresa venezolana, no tiene presencia física en el país, y no reporta novedades en sus operaciones.

Según registros de la Superintendencia Nacional de Criptoactivos y Actividades Conexas (Sunacrip), solo dos plataformas cuentan hoy con autorización formal para operar en el país. Sunacrip es el ente regulador venezolano para este sector. Son Crixto, que renovó su licencia el 2 de enero de 2026, y Kontigo, que obtuvo su renovación hasta 2027.

Esa certificación le ha permitido a Kontigo, por ejemplo, incorporar al Banco Nacional de Crédito (BNC) —además de Activo, Plaza y Bancamiga— como aliados bancarios. Eso deja que los usuarios depositen dólares en efectivo en taquilla y reciban USDC en su billetera virtual.

¿Cuánto mueve el cripto venezolano?

Crixto, por su parte, formalizó en abril de 2025 un contrato de «Master Aggregator» con Binance Pay. Fue validado legalmente por ambas firmas, según confirmó el medio especializado CriptoNoticias. Este permite pagar en comercios venezolanos escaneando un código QR. El cliente transfiere USDT desde su app de Binance, y el comercio recibe bolívares al instante en su cuenta bancaria, sin intermediarios.

Según datos de Chainalysis, Venezuela movilizó 44.600 millones de dólares en criptoactivos entre julio de 2024 y junio de 2025. Esa cifra la ubica en el puesto 18 del índice global de adopción, a la par de economías como Brasil y Argentina. La mayoría de ese volumen se concentra en wallets minoristas con saldos inferiores a 10.000 dólares. Es gente pagando el mercado, protegiendo sus ahorros, o recibiendo una remesa. Puesto en perspectiva, ese monto equivale a varias veces el presupuesto nacional venezolano.

Frente a esa escala, que apenas dos plataformas —Crixto y Kontigo— operen bajo autorización formal refleja lo obstaculizado que puede resultar el proceso de licenciamiento. Además, para muchas plataformas y usuarios especializados, el contexto político y la importancia del uso de la información también pesa dentro de la decisión.

Un mercado de expectativas y diversidad de jugadores

«Con el nuevo contexto regulatorio incluyendo la licencia general 57 de OFAC, Venezuela vuelve a abrir las puertas a la banca tradicional bajo diferentes cumplimientos». Así lo comenta en sus redes sociales Qash, un neobanco latinoamericano. La empresa fue creada por dos hermanos venezolanos que emigraron a Colombia. Es una de las que quiere ser una opción para facilitar negocios y transacciones en el país. Para lograrlo, compite con una lista de soluciones que ya son parte de la memoria colectiva del venezolano. Han estado presentes como alternativa en los años de mayor hiperinflación.

Uphold reactivó formalmente sus operaciones en el país el 13 de mayo de este año, tras casi cuatro años de ausencia. El 31 de julio le siguió Reserve, que volvió rebautizada como UglyCash. Fue tres años después de suspender depósitos y retiros en moneda local por trabas regulatorias. La nueva app permite abrir una cuenta virtual en dólares a nombre del usuario en Estados Unidos, y recibir pagos internacionales. También mueve fondos entre dólares, cripto y bolívares, con salida por Pago Móvil en segundos. No cobra comisiones hasta el 31 de agosto, como gesto de entrada.

El caso más comentado —y el más ambiguo— es el de Coinbase. El 5 de agosto, el exchange estadounidense incluyó a Venezuela en un listado de más de 100 países habilitados, publicado en X. Fue el primer reconocimiento oficial de presencia en el país. Pero todo está en los detalles. A pesar de los rumores, los servicios disponibles se limitan por ahora a Coinbase Wallet, operaciones entre criptomonedas y algunas herramientas de intercambio descentralizado. No hay soporte para moneda local, ni comunicado formal de apertura.

Una ventana humanitaria que promete ampliarse

Parte de estas noticias de interés y apuesta por el país tiene fecha y número de expediente. El 25 de junio, un día después de los terremotos, la OFAC emitió la Licencia General 60 (GL60). Esta autoriza todas las transacciones relacionadas con los esfuerzos de ayuda. Incluye el procesamiento y transferencia de fondos en nombre de personas de terceros países hacia o desde Venezuela. Estará vigente hasta el 23 de octubre de 2026. En palabras sencillas: no es una apertura comercial general, es un corredor humanitario temporal. Pero en la práctica redujo el riesgo legal de mover dinero hacia el país. Varias de las llegadas recientes se montaron sobre esa ventana, presentándose explícitamente como parte de la respuesta a la emergencia.

Hacia adelante, el calendario regulatorio marcará el ritmo. La GL60 expira en octubre. Su renovación —o su conversión en algo más permanente— será la primera señal. Dirá si el corredor humanitario se transforma en una verdadera política de apertura. En paralelo, las licencias de Sunacrip vigentes vencen entre finales de 2026 y comienzos de 2027. Es un organismo que seguramente también deberá mostrar mayor dinamismo.

Ser usuario del cripto en Venezuela es, casi por definición, haber sido usuario y ex-usuario varias veces, y casi nunca por decisión propia. En un territorio lleno de incertidumbre, sobre todo económica, alcanzar una nueva forma de vida y recuperar la confianza en construir es un reto constante. También depende de tener acceso a herramientas financieras sin el temor a que desaparezcan de la noche a la mañana.

Isaac Fernández

Fundador de Asilo Digital, un medio sobre temas digitales y tecnológicos. Isaac es internacionalista graduado de la Universidad Central de Venezuela y diseñador de productos digitales

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