“Uno nunca espera ver esos lugares en los que creciste desaparecer”, dice Paula Alfaro, abogada de 25 años, sobre Diverxity, uno de los parques de diversiones más icónicos de Venezuela –ubicado en el centro comercial Sambil de Chacao– que cerró a mediados del 2025, tras más de 26 años de operaciones. Diverxity integraba atracciones mecánicas de fabricante internacional, áreas de trampolines, arcades y salones para fiestas, operado con un sistema de tarjeta recargable y orientado a un público familiar de múltiples edades.
A finales del siglo pasado, Caracas gozaba de un clima de relativa prosperidad y entusiasmo, lo que la hizo un laboratorio de consumo y de nuevas formas de entretenimiento – sobre todo ante el auge de nuevos centros comerciales y la apertura del mercado venezolano. Todavía no se había dado el boom del MSN Messenger ni Facebook. La era del scrolleo, influencers o audios de TikTok estaba bastante lejos de ocurrir. Y el bolívar no tenía ningún segundo nombre. En ese contexto surgieron proyectos que marcarían una época. Uno de ellos fue Diverxity.
En la cima de su éxito, el parque supo cautivar a generaciones completas de caraqueños; pero eso no evitó que factores externos y decisiones internas lo condujeran a su desenlace. “Nos despedimos con la certeza de haber sembrado magia en la infancia de Caracas y de haber dejado recuerdos que vivirán mucho más allá de nuestras puertas cerradas”, anunció la empresa en junio del 2025.

El auge
Pero Diverxity no comenzó como Diverxity, ni tampoco en Caracas, sino un poco más alejada de ella.
A principios de la década de 1990, Víctor Hernández fundó en Guatire un conjunto de parques de atracciones junto a sus socios. No eran parques particularmente grandes, pero sí rentables en su medida. El éxito de estos primeros proyectos les permitió hacer realidad un sueño más grande en febrero de 1999: construir un parque de mayor escala en el Sambil, un centro comercial que recién se inauguraba, pero que tenía gran potencial de crecimiento. “Era algo que tenía desde los inicios, la idea de crear un parque de diversión para niños”, recuerda Hernández. “Había una carencia muy grande de entretenimiento para niños”.
El parque buscaba cubrir esa necesidad a gran escala, y convertirse en el principal centro de diversión en el corazón de la ciudad. Así nació Diverxity.
“Vimos un local [en el Sambil de Chacao] y, con mucha insistencia, nos lo asignaron”, dice Hernández, quien comenta que nunca se planteó un cambio de sede. Tampoco era necesario: el centro comercial –con dos cadenas de cine distintas, infinitas tiendas, una sala de conciertos, un Hard Rock Café y hasta un acuario– alcanzó rápidamente su potencial, convirtiéndose en el más concurrido de Venezuela desde su inauguración. Y uno de sus grandes atractivos era precisamente Diverxity. “El parque era un icono de la ciudad y del Sambil”, dice Diego Salazar, psicólogo de 23 años. “Si mencionabas al Sambil, tenías que mencionar a Diverxity”.
Además de su ubicación, lo que diferenció a Diverxity fue su diseño. Mientras otros centros de entretenimiento tenían nichos muy específicos y restrictivos —parques sólo con trampolines, centros con montañas rusas o arcades con máquinas de videojuegos—, Diverxity ofrecía un poco de todo. “Eso es lo que nos hizo permanecer durante tantos años”, afirma Hernández.
La oferta tampoco se limitaba a una temática particular, como sí ocurrió con el parque Dinotropolis. A esto se sumaba un diseño al estilo de pequeña ciudad hecho por la firma canadiense Forrec y atracciones mecánicas de alta calidad, fabricadas por Zamperla, una empresa italiana con más de 350 atracciones en todo el mundo —entre ellas colaboraciones con Six Flags y el Luna Park de Coney Island, Nueva York.
Esa diversificación le permitió apuntar a un público más amplio, en lugar de limitarse a un grupo etario específico. “Era un espacio en el que sabías que podías tener a muchos niños de distintos rangos de edades, que los papás también podían estar ahí y formar parte de la experiencia”, dice Alfaro.
Al permitir la convivencia entre distintas generaciones dentro de un mismo espacio, Diverxity se convirtió en uno de los lugares más seguros de la ciudad para que niños y adolescentes pudieran jugar a ser adultos. “Mi recuerdo más claro de Diverxity era la tarjeta que podías recargar cada vez que ibas a ingresar a las atracciones”, menciona Alfaro. “Recuerdo tener 6 o 7 años, saliendo con cartera a la calle como si tuviese realmente documentos personales importantes, y estaba con la tarjeta”.

“Diverxity fue parte de mi infancia. Me acuerdo que fue parte de muchísimos cumpleaños”, dice Alfaro. Y es que, según Hernández, cuando se creó Diverxity, también se buscaba cubrir otra necesidad: ofrecer espacios para eventos. “Habían pocos lugares donde hacer fiestas en parques de diversión en Caracas”, comenta. Las fiestas de cumpleaños llegaron a representar un 15% de los ingresos del parque; al sumar fiestas corporativas y campamentos, el monto aumentaba hasta el 25%. “Originalmente teníamos tres salones de fiesta y tenían bastante demanda”, explica Hernández. “Le dedicamos bastante publicidad y enfoque”.
Estos elementos impulsaron el éxito del parque, especialmente en sus primeros años. “Mucha gente iba al parque, era la sensación, la novedad”, recuerda Hernández. “Tuvimos una entrada de público bastante atractiva”. Diverxity logró cautivar a las generaciones de caraqueños nacidos entre las décadas de 1990 y 2000, al punto de convertirse en el Disney de los niños en Caracas.
Ese estatus se consolidó a pesar de que los precios de entradas no eran particularmente bajos. “No podías ir todos los fines de semana, así que eso lo hacía un plan especial”, dice Salazar. Parte de su auge también respondió a un contexto de prosperidad: entre 1995 y 2015, la economía venezolana –con períodos intermitentes de recesión– creció un acumulado de 42%, según datos del Fondo Monetario Internacional.
El crecimiento económico suele traducirse en mejoras de las condiciones de vida. Cuando el poder adquisitivo aumenta de forma sostenida, también lo hace el presupuesto familiar dedicado al entretenimiento. En tiempos de prosperidad, las oportunidades de negocio proliferan. Incluso si los costos operativos —como la adquisición y mantenimiento de atracciones, pago de terrenos y alquileres, además de pagos de salarios— son elevados, la demanda puede absorberlos y mantener los planes de inversión.
Los problemas comienzan cuando la economía deja de crecer.
La caída
Los primeros signos de estancamiento comenzaron a aparecer en 2018. Diverxity no fue ajeno a la contracción económica ni a las olas migratorias, factores que redujeron drásticamente el tamaño del mercado venezolano. Con la crisis, las familias priorizaron gastos básicos, como alimentos y servicios, por encima del entretenimiento.
Pero el golpe más fuerte llegó con la pandemia. “Estuvimos un año y medio cerrados, luego abriendo unos días sí, unos días no. Y después de la pandemia, volvimos a abrir todos los días”, comenta Hernández. “Pero no era el mismo público definitivamente”. Y es que pese a los signos de recuperación económica desde 2021 y la sensación de que Venezuela se arregló, el público se alejó de los parques. Dinotropolis cerró definitivamente en Caracas en 2004, Diverland en Margarita también dejó de operar en 2025 para dar paso a un nuevo complejo y Aquatica en Maracaibo enfrentó cierres parciales por fiscalizaciones en 2023.

Estas tendencias no fueron exclusivas de Venezuela. A nivel global, los parques de atracciones han perdido visitantes con los años, incluso en mercados grandes como Estados Unidos —salvo por los parques destino, como Disney, Universal o Warner.
En sus últimos meses de vida, algunos de los visitantes de Diverxity acudían más movidos por la nostalgia —y por TikToks con Forever Young de fondo— que por el entretenimiento en sí.
Sin embargo, la demanda de ocio en el país no desapareció. Según datos citados por Hernández, entre 2022 y 2025 han abierto más de 50 centros de entretenimiento, con propuestas de go karts indoors y outdoors, realidad virtual, paracaidismo indoor, túneles de viento y parques de trampolines como principales ganadores. Los cines también repuntaron, con un aumento de 32% en la asistencia entre 2022 y 2024. Incluso McDonald’s se vio beneficiada: se ha posicionado como una de las principales marcas de Venezuela, no solo en comida rápida sino también en entretenimiento, según un estudio reciente de la Revista P&M y Atenas Grupo Consultor.
En parte, esto se ha venido dando porque “el entretenimiento volvió a cobrar auge en los centros comerciales”, según comenta Claudia Itriago, directora ejecutiva de la Cámara Venezolana de Centros Comerciales de Venezuela, quien explica que el país retomó “ese concepto del centro comercial como un todo”, combinando consumo y esparcimiento en un mismo espacio.
Para Diverxity, en cambio, el mercado reducido y más competitivo hizo insostenibles los costos operativos, lo que llevó al cierre definitivo en mayo de 2025.
No obstante, el desenlace no se debió únicamente a factores externos. “No invertimos tanto en innovación. Y por eso a lo mejor es que nos quedamos atrás en estos últimos tres años”, admite Hernández. Aunque el parque contaba con máquinas de videojuegos, estas no se actualizaban con frecuencia. Y, pese a la instalación de nuevos trampolines —una respuesta a la moda del momento—, la aparición de más competidores acentuó su rezago. “Siempre nos diferenciamos, pero eso nos hubiera mantenido más tiempo en el mercado”, reflexiona Hernández, quien añade que, al ser un negocio compartido entre varios socios, las decisiones de inversión no dependían solo de él.

Según información extraoficial en redes sociales, el local en donde estaba Diverxity será ocupado por Decathlon, una conocida empresa francesa de artículos deportivos. Los mismos espacios que durante más de 26 años cautivaron a generaciones de niños caraqueños probablemente ahora atraigan a algunas de esas mismas personas: solo que algo más viejas y convertidas en runners. Caracas es una ciudad con criaturas extrañas. El tiempo dirá si 10, 21 o 42K borrarán la nostalgia de Diverxity.








