La industria venezolana crece de forma desigual, alcanza su mayor nivel de capacidad instalada desde 2015 y sostiene cierta confianza empresarial, según la nueva Encuesta de Coyuntura Industrial del III Trimestre de 2025, realizada por el Sistema de Información Estadística de Conindustria.
El reporte ofrece una fotografía detallada del ánimo empresarial, los ritmos de producción, los retos recurrentes y los —discretos— avances que sostienen a la manufactura en un entorno particular. La encuesta parte de una metodología revisada, que ajusta ponderaciones y permite lecturas más finas sobre la actividad industrial, gracias a una cobertura del 76% de la muestra —160 empresas sobre las 231 previstas— en esta última edición.
La confianza interna resiste, aunque no despega
Para el tercer trimestre del año, la industria venezolana se ubica en un espacio intermedio donde la recuperación existe pero de manera tímida y con tropiezos. Una sensación que se replica a lo largo del empresariado: según los resultados de Conindustria, sólo el 26% de las empresas encuestadas considera que la situación económica del país está igual o mejor que hace un año, con la mayor fracción percibiendo lo contrario. Sin embargo, al preguntar por la situación específica de la empresa, más de la mitad percibe un ambiente igual o mejor al de hace 12 meses.
De hecho, el Índice de Confianza Industrial —compuesto por la evolución de la cartera de pedidos, los niveles de inventarios y las expectativas de producción— se mantiene en positivo con 11.6 puntos, un repunte respecto a los dos trimestres anteriores, pero que igual es menor a lo observado a lo largo del 2024.

Esto sugiere que las empresas no han descartado la idea de un escenario más manejable, aunque actúan con prudencia y menor dinamismo que antes.
La producción crece de forma muy desigual
La producción industrial muestra la misma lógica, pues entre enero y septiembre ha aumentado un 3.8% de forma anualizada, un avance moderado y a un ritmo más lento que el del año anterior, pero suficiente para sostener la continuidad operativa.
Pero al desagregar por tamaño de empresa, el resultado es más heterogéneo, pues las grandes empresas lideran el crecimiento (+4.8%), mientras que las medianas y pequeñas crecen de forma más mesurada (+2.0% y +2.1%, respectivamente). Esta no es una diferencia menor, sino que revela que —incluso en el mismo entorno— las herramientas para enfrentar la incertidumbre no son iguales para todos.

De hecho, el crecimiento toma matices más evidentes al observarlo por actividad económica: los sectores farmacéutico (+28.1%), textil y calzado (+6.1%), alimentos (+6.0%), no metálicos (+2.1%), autopartes (+1.3%) y plástico y caucho (+0.9%) impulsan el crecimiento. Mientras tanto, otros sectores enfrentan contracciones: madera y papel (-2.5%), químico (-3.0%), bebidas (-4.4%), fund. metales y productos metálicos (-11.2%) y maquinaria, equipo eléctrico y óptica (-29.1%).

Visto de forma general, lo que predomina en el campo industrial es la sensación de que la operación diaria exige ajustes constantes y atención permanente a múltiples frentes.
De acuerdo con los encuestados, entre los factores más frecuentes que limitan la producción se encuentran elementos asociados a la estabilidad económica y a la disponibilidad de recursos, también se mencionan aspectos de segundo orden vinculados a las exigencias fiscales, la dinámica del mercado interno y las limitaciones para acceder a financiamiento bancario. Mientras que por tamaño de empresa, las grandes destacan con más frecuencia las condiciones generales del entorno, las medianas la disponibilidad de ciertos recursos financieros, y las pequeñas los compromisos fiscales que deben atender.
El uso de la capacidad instalada mantiene su impulso
Uno de los principales resultados de la encuesta es que el uso de la capacidad instalada alcanza un 48.9%, el mejor nivel desde 2015. Este es un avance que no debe subestimarse, pues significa que más plantas están activas, que más equipos están encendidos y que la industria logra sostener operaciones con cierta regularidad.

Sin embargo, —aunque destacable— la utilización sigue guardando distancia con otros países vecinos como Brasil (79%) o Colombia (80%), y no está distribuida de forma equitativa entre los grupos de empresas, ya que las grandes mantienen niveles sobre el 70% y las medianas sobre el 60%, pero las pequeñas utilizan menos del 30% de su capacidad instalada, señalando los esfuerzos que deben hacer para mantenerse en movimiento.
Pedidos que sostienen el trimestre
La cartera de pedidos actúa como un punto de equilibrio dentro del trimestre. 48% de las empresas reporta un aumento, lo que se refleja en un promedio de 79 días de trabajo asegurado. Las grandes superan los 100 días, mientras que las medianas y pequeñas rondan los 49. En un país donde planificar más allá de pocas semanas puede convertirse en una apuesta arriesgada, estos números ofrecen un respiro medido.
Inventarios estables, e insumos que se mueven rápido
Los inventarios muestran estabilidad, ya que para el 70% están en niveles normales y el volumen de productos terminados se mantiene sin alteraciones significativas. Pero las materias primas sí aumentan en 46% de las empresas, apuntando a que parte del avance en la producción responde a una mejor reposición de insumos: no necesariamente a un repunte de la demanda final.
Invertir para mantenerse, más que para crecer
La inversión industrial mantiene un comportamiento prudente, enfocado en proteger y optimizar lo existente. Los resultados del trimestre apuntan a que no es momento de proyectos expansivos, pues la mitad de las empresas no realizó inversiones en edificaciones o estructuras, pero sí aumentaron las inversiones en maquinaria, sistemas y mantenimiento. Esa decisión parece responder a una lógica de consolidar la operación, antes que arriesgarse a crecer en un entorno que aún no ofrece bases sólidas.
En cambio, las expectativas de inversión sí muestran un impulso contenido: 91% planea invertir en maquinaria y sistemas el próximo trimestre, y cerca de la mitad prevé aumentar inventarios.
El trabajo no se detiene
Pese a lo retador del entorno, el empleo en la industria continúa estable, con más de dos tercios de las empresas reportando que no registraron cambios respecto al segundo trimestre, y más de la mitad lo mantiene igual que hace un año.
Para el último trimestre del año, las expectativas futuras del empleo tampoco muestran mayor dinamismo, pues no se prevén mayores aumentos ni contracciones de la fuerza laboral, ni siquiera al segmentar el resultado por tipo de empresa.
Lo que sí se hace heterogéneo en este último sentido son las remuneraciones, pues existen brechas entre los tamaños de empresas en la industria para obreros y operadores, personal profesional y técnico, y gerentes: las grandes empresas entregan las mayores remuneraciones, con grandes diferencias a la mediana y pequeña empresa.

Uno de los resultados más llamativos en este sentido es que se mantiene la relación —del 95%— entre la remuneración de los obreros y el uso de la capacidad instalada. Esto quiere decir que, en la medida que el capital retome mayores espacios de productividad, los ingresos de los trabajadores —y sus condiciones de vida— mejorarán.
A nivel general, las remuneraciones continúan su impulso, registrando un promedio de 478 dólares al mes para este tercer trimestre: un aumento anualizado del 13%, y acumulado del 182% respecto a inicios del 2019, aunque esto ha sucedido en un contexto de constantes reajustes de precios.
El tercer trimestre de 2025 demostró que la industria venezolana avanza, pero lo hace midiendo cada paso. Produce un poco más, organiza mejor sus insumos, ajusta sus inversiones hacia lo operativo y administra su fuerza laboral sin grandes variaciones. El sector no se expande, pero tampoco retrocede en un entorno retador. Ese es un logro que no debe minimizarse.








