- Venezuela firmó el 4 de septiembre de 2026 un convenio de un año con Miyamoto International para gestión de riesgo sísmico, remoción de escombros y reforma de normas sismorresistentes.
- Desde agosto, Miyamoto Relief, Ingenieros Sin Fronteras y la UCV ya trabajan en un programa de formación técnica para una nueva generación de ingenieros venezolanos.
- La UCAB y cuatro universidades más crearon la Red CJ+ para dar asistencia jurídica gratuita a los damnificados, mientras CAF, TECHO y el PNUD se suman como aliados financieros.
El 4 de septiembre de 2026, Venezuela firmó un convenio de cooperación institucional con la empresa estadounidense Miyamoto International Inc. La firma está especializada en ingeniería estructural y gestión de desastres. Con un período de vigencia de un año, este acuerdo es de prestación de servicios profesionales y gerenciamiento. Busca fortalecer las capacidades técnicas nacionales en ingeniería estructural, gestión del riesgo sísmico y respuesta ante emergencias.
Firmada en Caracas por el ministro de Obras Públicas, Juan Ramírez, y el fundador de Miyamoto International, el ingeniero estructural estadounidense-japonés Kit Miyamoto. Esta alianza estratégica conlleva profundas implicaciones técnicas, económicas e institucionales. Influirán en el futuro de la resiliencia infraestructural del país y podrían conducir a un importante avance en sostenibilidad, seguridad operacional y especialización técnica. La reunión también contó con la presencia de Delcy Rodríguez y el encargado de Negocios de EE.UU. en el país, John Barrett.
Miyamoto Relief, Ingenieros Sin Fronteras y la UCV: una alianza por la formación
La primera aparición de la empresa en el país fue a principios de agosto de 2026. La ONG internacional Ingenieros Sin Fronteras, la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Miyamoto Relief establecieron entonces un programa de cooperación técnica. Su foco principal es la evaluación y el desarrollo de proyectos para las zonas —principalmente La Guaira— afectadas por el doblete sísmico. Pero su base está en la formación: la preparación de una generación de relevo en gestión de riesgo. Esta debe cumplir las normativas sismorresistentes, respetar el equilibrio naturaleza-urbanismo y reconstruir la trama social de las ciudades.
La magnitud del terremoto y la severidad de su impacto exige buscar apoyo en referentes internacionales a la brevedad posible. No solo por el capital humano, económico y tecnológico que puedan proveer. También por el conocimiento científico, la planificación a largo plazo y las herramientas geoespaciales. Y por las enseñanzas que, basadas en la experiencia, pueden aportar un valor perenne en la sociedad venezolana.
¿Cómo se conocieron Miyamoto y la UCV?
A pocas horas del sismo, se conoció la visita de Kit Miyamoto a Venezuela. Por ello, tres autoridades de la UCV se reunieron con él. Fueron Zulma Bolívar (Instituto de Urbanismo), Julio Molina (Decano de Ingeniería) y Nedo Paniz (Decano de Arquitectura), los tres de la UCV. También participaron investigadores, docentes y líderes estudiantiles, junto a su hijo Alex Miyamoto, presidente de la organización Ingenieros Sin Fronteras de la Arizona State University. Buscaban explorar la posibilidad de consolidar un sistema de colaboración académica que propicie la implicación de los estudiantes en la reconstrucción de las áreas perjudicadas.
«Recordemos que el desastre no es un evento fortuito exclusivamente natural, sino el resultado socio-construido de la interacción entre amenazas físicas y vulnerabilidades acumuladas», dice Bolívar, «Revisar nuestros programas académicos y la posibilidad de ofrecer a nuestros estudiantes nuevas oportunidades de aprendizaje es el principal incentivo para consolidar este programa».
¿Cómo funcionará el intercambio académico?
Por su parte, Miyamoto en diversas ocasiones ha afirmado que el país cuenta con ingenieros y profesionales capacitados para el trabajo de resiliencia y reconstrucción. Es así tras el desastre. Por lo tanto, el objetivo es conectarlos con recursos disponibles por cooperación internacional para explotar su potencial. También proporcionar orientación técnica, garantizar el acompañamiento de patrocinadores y redimensionar las metas para avanzar en nuevas etapas. Con tal fin, Alex Miyamoto propuso un intercambio de formación con estudiantes de la UCV y la Universidad de Arizona.
Bolívar, urbanista y especialista en planificación estratégica urbana, explica que «la intención es crear un intercambio bidireccional de conocimientos y tecnología entre universidades venezolanas y estadounidenses, al tiempo que se está formando a una nueva generación de ingenieros venezolanos, con experiencia práctica en el campo». Además, los estudiantes podrán desarrollar sus proyectos de tesis de grado, pasantías y adquirir experiencia trabajando de la mano de profesores y profesionales experimentados.
Pero la manera de llevar esto a la práctica demanda la coordinación y compromiso de las autoridades correspondientes para validar resultados y apoyar su implementación. Posiblemente, el convenio de Venezuela y Miyamoto International puede ser el punto de partida.
¿Cuál es la trayectoria de Miyamoto?
Miyamoto International es una firma especializada en ingeniería estructural y gestión de riesgo fundada en 1946. Su labor envuelve la transformación de condiciones geológicas, políticas, económicas y sociales complejas en diseños resilientes, sustentables y accesibles para las comunidades afectadas. Para ello, se apoyan en el talento de expertos locales y globales. Buscan brindar educación, reducir los materiales de construcción, minimizar el daño y maximizar el valor de inversión.
Su experiencia contempla la respuesta a más de 100 desastres naturales a lo largo del mundo. Ha trabajado en países como Haití, China, Nepal, Ecuador, México, Indonesia y Turquía. Esto incluye la evaluación de más de 600.000 edificaciones afectadas y la reconstrucción de aproximadamente 50.000 estructuras.
Como ejemplo de ello, en 2010, un sismo en Haití cobró las vidas de más de 200.000 personas. Ocurrió en medio de un clima de notable fragilidad estatal. Para brindar apoyo, Miyamoto envió asistencia humanitaria directa y llevó a cabo la evaluación masiva de 400.000 estructuras. También inició un proceso de reconstrucción articulado a través de Naciones Unidas, USAID y diversas ONG.
Por otra parte, el sismo de Turquía de 2023, de magnitud 7.7, se bifurca con el panorama actual de nuestro país en un aspecto clave. Ese aspecto es la falta de supervisión de las obras y la construcción informal. También el incumplimiento de los códigos, que amplificó el efecto de la tragedia. El resultado, infraestructura moderna y antigua colapsada. Lo que marcó la diferencia en aquel momento fue la presencia de un Estado con fuerte capacidad técnica propia. Eso permitió que Miyamoto actuara como socio especializado en el refuerzo avanzado de la infraestructura y la implementación de tecnologías de disipación sísmica.
Los frágiles pilares de la reconstrucción
Ahora bien, en 2026 la empresa se enfrenta de cara a unas condiciones socioeconómicas, una infraestructura preexistente y un marco institucional sumamente complejo.
En primera instancia, el terreno de la construcción. Venezuela actualmente enfrenta una severa crisis económica exacerbada por pérdidas materiales millonarias que exigen recursos multilaterales para la reconstrucción, marcadas tensiones institucionales y diplomáticas. Además, una vertiginosa topografía de estrechas franjas costeras delimitadas por pendientes inestables condiciona y complica severamente cualquier nuevo proyecto edilicio o de infraestructura.
El segundo problema: los pilotes de la obra. En el país existen muchas edificaciones frágiles y construcciones informales. También hay uso de materiales inadecuados, edificios muy antiguos y estructuras que no cumplen los estándares internacionales de protección sísmica.
Finalmente, el factor determinante al que se enfrenta este convenio es el marco legal venezolano, aquella base que soporta el peso de toda la construcción. La norma vigente en materia de prevención de sismos es la norma COVENIN 1756-1:2019. Su última actualización fue en el año 2019 y sustituyó totalmente a la norma anterior de 2001. Se acompaña con un código de construcción. Este indica los criterios que deben seguir los constructores para garantizar la seguridad estructural de los edificios. También trae una clasificación sísmica, que marca la capacidad de una zona, edificio o estructura para soportar los efectos de un sismo.
Las otras iniciativas de reconstrucción
Pero las grietas del terremoto no se reducen a la infraestructura dañada, que busca atender Miyamoto. Dejan relucir un nuevo asunto: la necesidad inmediata de acompañamiento legal de las miles de personas víctimas de la tragedia. Trámites de patria potestad, declaraciones de herederos, actas de defunción y reclamos administrativos requieren prioridad y atención inmediata. Lo mismo ocurre con los casos de violencia doméstica, menores no acompañados o adultos mayores en abandono.
Ante este panorama, la UCAB creó la Red de Clínicas Jurídicas Ampliadas (Red CJ+), una alianza interuniversitaria. Reúne a las facultades de Derecho de cuatro universidades: la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Metropolitana (Unimet), la Universidad Monteávila (UMA) y la Universidad Santa María (USM).
Marialis Meneses, directora del Centro de Clínica Jurídica de la UCAB, explicó la propuesta. Busca brindar asistencia jurídica gratuita a las comunidades afectadas por el sismo de manera más ágil, coordinada y estandarizada. Lo hará a través de la capacitación de profesionales y la atención vía telefónica o correo electrónico. También con la creación de una base de datos compartida y la distribución de los casos entre las casas de estudio.
«Que esta red sirva de oportunidad para que, desde la academia, podamos lograr la formación no sólo en nuestras aulas, sino en la creación de una generación de relevo de profesionales de calidad, multiplicadores en comunidades de conocimiento, garantías, derechos, oportunidades, habilidades para la vida», dice Meneses, quien busca construir una estructura profesional colaborativa donde las instituciones puedan brindarse soporte entre ellas para dar apoyo de forma rápida y eficiente a los ciudadanos y que estos, a su vez, tengan la posibilidad de «tener conocimiento de la ley, de sus derechos y la aplicabilidad de la misma».
¿Qué otros actores financian la reconstrucción?
También, CAF –el Banco de desarrollo de América Latina y el Caribe– anunció la creación del Fondo para la Recuperación y Reconstrucción de Venezuela. Es un mecanismo destinado a la recaudación y canalización de aportes públicos, privados y de la comunidad internacional hacia las iniciativas prioritarias tras la emergencia. El fondo propicia una respuesta coordinada entre Gobiernos, organismos internacionales, empresas, fundaciones y personas naturales, entre otros socios. Busca adaptarse a las distintas etapas de la recuperación. Busca procurar la administración de los fondos bajo un marco común, la rendición de cuentas y acelerar la llegada de recursos a las zonas afectadas.
Con el propósito de activar el mecanismo, CAF realizó un aporte semilla de un millón de dólares. Financiará los proyectos que defina y priorice el Gobierno de Venezuela. Estos están enfocados en la rehabilitación de servicios básicos y la reconstrucción de infraestructura vital. También en la recuperación de los medios de vida y la reducción de la vulnerabilidad ante futuros eventos.
Por su lado, en unión con TECHO Internacional, la Fundación Venezuela Sin Límites y la Fundación Unidos en Red formalizaron un acuerdo de colaboración. Busca movilizar suministros y enlazar capacidades nacionales e internacionales esenciales.
¿Cuál es el primer desafío de Miyamoto?
Finalmente, se sumó como aliado estratégico al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil). Lo hizo para patrocinar Un Concierto por Venezuela, iniciativa benéfica impulsada por Gustavo Dudamel. Fue celebrada el 23 de agosto en el Hollywood Bowl para recaudar fondos de asistencia humanitaria con la participación de múltiples artistas.
Mientras tanto, para Miyamoto surge el primer desafío: la preparación del terreno. La primera fase del contrato consiste en la remoción y recuperación de tres millones de toneladas métricas de escombros. Son producto del doble terremoto del 24 de junio. Sin embargo, el segundo —y quizás el más complicado— será la reforma de las normativas sismorresistentes de Venezuela. En Venezuela, lo que más pesa nunca ha sido el concreto.








