El miércoles 1 de abril, a las 6:24 PM hora local en Florida, el cohete Space Launch System (SLS) encendió sus motores en la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy para empezar su vuelo frente a la mirada de todo el planeta; algunos pudieron verlo directamente, otros por streaming. A bordo, cuatro astronautas –Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen– directo a la Luna por primera vez desde 1972. Un hecho que movió fibras y que nos hizo recordar que algunos llegamos tarde para vivir el Programa Apolo, pero a tiempo para Artemis II.
Y aunque el medio criollo satírico El Chigüire Bipolar bromea al reportar que los tripulantes de Artemis II encontraron una base de migrantes venezolanos en la Luna –con encavas espaciales con la ruta Caracas-Lunaragua incluidos– provenientes de una tal misión Argenis Urdaneta II, no vale la pena en esta ocasión desestimar el chiste recurrente de la omnipresencia de los venezolanos: el éxito del lanzamiento no solo es gracias a los motores RS-25 y la dedicación de los astronautas. Salió también de años de trabajo de científicos y profesionales que formaron parte del equipo detrás del cohete, entre ellos varios venezolanos, como Nathalie Quintero, Carlos Mata y Evelyn Miralles – nombres que quizás merecen mayor reconocimiento en su país natal.
Para entender la magnitud del trabajo de estos venezolanos, hay que poner en perspectiva la misión para la que trabajaron: Artemis II no es un simple regreso a la Luna sino el primer eslabón de un plan para establecer presencia humana permanente en ella. Tras la prueba no tripulada de Artemis I en 2022, la misión llevó a cuatro astronautas a bordo de la nave Orion en el primer viaje humano más allá de la órbita terrestre baja desde 1972, siguiendo la misma trayectoria gravitacional del Apolo 13 y logrando el récord histórico de distancia humana desde la Tierra. Sin descender a la superficie, el viaje de diez días está diseñado para verificar los sistemas de la nave con tripulación real antes de intentar el alunizaje previsto en Artemis IV, en 2028.
Además, el cohete SLS es el más potente construido hasta la fecha, con una capacidad de empuje un 15% superior al Saturno V de las misiones Apolo.Mide 98 metros, pesa 2,6 millones de kilogramos cuando está completamente cargado y genera más de 3,9 millones de kilogramos de empuje. La computadora de la cápsula Orion, por su parte, funciona 20.000 veces más rápido y tiene 128.000 veces más memoria que las utilizadas en la era Apolo.
Nathalie Quintero: la caraqueña que supervisó el corazón del cohete más potente
Y este cohete, en una de sus áreas más fundamentales, contó con el liderazgo de la ingeniera venezolana Nathalie Quintero.
Nacida en Caracas e inspirada desde niña por su padre, un piloto militar venezolano, Nathalie Quintero emigró a los 17 años a Estados Unidos para estudiar ingeniería aeroespacial y se graduó de la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle, que cuenta con campuses en Florida y Arizona. Posteriormente, siguió formándose hasta su maestría en ingeniería de sistemas en Cornell University – una prestigiosa Ivy en el interior del estado de Nueva York. Hace 10 años, empezó su carrera profesional con Boeing, una de las empresas aeroespaciales más importantes del mundo, para trabajar en el proyecto SLS. Desde entonces, no ha dejado de cosechar nuevos logros.
Actualmente, es Ingeniera Líder del proyecto en el área del Core Stage o la etapa central del cohete. Esta pieza, de aproximadamente 65 metros de altura –parte de un cohete más alto que la Estatua de la Libertad– alberga los sistemas de propulsión necesarios para enviar la cápsula Orion fuera de la órbita terrestre: un trabajo de precisión que define el rumbo de cada misión.
En palabras sencillas: si el Core Stage falla en los primeros minutos del vuelo, la misión termina. Su responsabilidad principal recae sobre ese componente que suministra el empuje necesario durante los primeros ocho minutos del despegue.
“Por estos pasados meses, que son casi más de un año y medio echándole pichón, he trabajado incansablemente para poder llegar a este día: 1ero de Abril, 2026”, escribió Quintero en su Instagram, horas después del lanzamiento, “He trabajado largas horas, días y noches, durante vacaciones, resolviendo varios desafíos que nos pudieran posicionar para poder lograr esta meta hoy: llevar de regreso a la humanidad a la Luna.”
Quintero es la primera latina galardonada como Ingeniera del Año del Florida Space Coast Operations (FSCO) de Boeing, reconocimiento que recibió en 2021. Más allá de sus responsabilidades técnicas, a través de iniciativas como STEM for Aerospace, busca motivar a niños y jóvenes latinoamericanos a incursionar en las matemáticas y la ingeniería.
Carlos Tomás Mata: Un escudero espacial creado en Cumaná
Y mientras Quintero supervisaba los sistemas que expulsan al cohete, el ingeniero Carlos Tomás Mata se encargaba de que nada lo destruyera antes de llegar.
Originario de Cumaná, estado Sucre, fue el responsable de diseñar los sistemas de protección contra fenómenos climáticos. Específicamente, desarrolló la tecnología necesaria para resguardar al SLS de los impactos de rayos en la plataforma de lanzamiento. Este sistema sirve como un escudo que protege tanto la integridad estructural del cohete como la seguridad de los astronautas a bordo.
Mata se formó en la Universidad Simón Bolívar, donde se graduó como ingeniero electricista. Tras graduarse, trabajó un año en Caracas pero entendió que necesitaba ir más lejos. En 1996 entró a la Universidad de Florida para especializarse en descarga atmosférica y la interacción de los rayos con sistemas eléctricos. Posteriormente, obtuvo un doctorado en control de potencia y electromagnetismo en la misma casa de estudios. En 1999, tuvo la oportunidad de visitar la NASA y presenciar el lanzamiento de un transbordador que le cambió la vida.
«Cierro los ojos y veo ese despegue hoy mismo, escucho el ruido de los motores, y ese día, viendo ese despegue dije: aquí es donde voy a trabajar yo», le dijo al medio estadounidense Voice of America (VOA) en una entrevista en 2022.
Aunque pueda parecer un tema más de prevención, su trabajo es altamente exigente. La plataforma 39B está en Florida, uno de los estados con mayor actividad de tormentas eléctricas del mundo. Si esos sistemas de protección fallan durante la cuenta regresiva, una descarga puede inutilizar la electrónica del cohete o comprometer el combustible. Simplemente, no hay segunda oportunidad.
Mata también diseñó e implementó el sistema de protección contra rayos para la torre de lanzamiento y el propio SLS durante la misión pasada, Artemis I. «El sistema de protección de rayos para el vehículo SLS lo diseñé yo”, explicó a VOA, “Las torres esas que están protegiendo al vehículo, al que le han caído varios impactos en lo que va de año, fueron uno de mis diseños y todo el sistema de monitoreo de los rayos también lo diseñé yo, con la ayuda de mi grupo», compartió.
El Colegio de Ingenieros de Venezuela reconoció públicamente el aporte de ambos ingenieros y su labor en el histórico lanzamiento.
Evelyn Miralles: la venezolana que entrena astronautas para la Luna
Evelyn Miralles lleva más de tres décadas construyendo el futuro del espacio desde una pantalla. Nacida en Caracas en 1966 y formada inicialmente en la Universidad Católica Andrés Bello, emigró a Estados Unidos en 1986 con la intención de estudiar arquitectura. Terminó graduándose en gráficas de computación en la Universidad Lamar y en informática en la Universidad de Houston-Clear Lake, con un posgrado en ciencia espacial de Harvard. En 1992, la NASA la incorporó al Laboratorio de Realidad Virtual del Centro Espacial Johnson, en Houston, donde se convirtió en la única mujer, la única hispana y la única venezolana entre los ingenieros más calificados de la agencia.
Su trabajo en ese laboratorio ha sido, durante décadas, invisible para el público pero esencial para cada misión tripulada: Miralles es la arquitecta de los entornos virtuales en los que los astronautas practican cada maniobra antes de ejecutarla en el espacio real. Entre sus contribuciones más reconocidas figura el desarrollo de DOUG —Dynamic Onboard Ubiquitous Graphics—, un software de simulación que permitió entrenar a las tripulaciones del transbordador espacial y de la Estación Espacial Internacional. Por ese trabajo recibió el Premio Excepcional de la NASA en 2009 y fue reconocida en 2016 como una de las 100 mujeres más inspiradoras del mundo por la BBC.
Ahora su nombre vuelve a estar ligado a un hito histórico. Miralles participó en la preparación de los cuatro astronautas de la misión Artemis II. La ingeniera describió la misión como una fase crítica de verificación: un viaje alrededor de la Luna diseñado específicamente para comprobar que todos los sistemas funcionan con tripulación a bordo antes de intentar el alunizaje previsto en misiones posteriores.
Detrás del hito de la misión, aunque a miles de kilómetros de distancia en Houston, estaba también el trabajo de Miralles: los simulacros, los entornos virtuales, el entrenamiento meticuloso con el que ella y su equipo prepararon a la tripulación para lo que nadie había enfrentado en más de medio siglo.
Otros protagonistas con sello venezolano
Quintero, Mata y Miralles –sin ser astronautas ni aparecer en las primeras planas de los medios de comunicación– fueron clave para el éxito de una misión que paralizó al mundo. Así, como ellos, cada vez conocemos a más venezolanos que hacen parte de la interesante industria aeroespacial, que parece estar desarrollándose más rápido que nunca. Forman parte de empresas como Boeing, SpaceX, Blue Origin y otras. Algunas incluso, como es el caso de AST SpaceMobile de Abel Avellan y Adriana Cisneros, pertenecen a venezolanos. La NASA también cuenta con científicos venezolanos como Laura Lorenzoni, bióloga en la misión PACE para monitorear la salud de la atmósfera y los océanos de la Tierra.
Venezuela tiene décadas de tradición universitaria en ciencias e ingeniería: la Universidad Simón Bolívar, la Universidad Central de Venezuela, Universidad Rafael Belloso Chacín, entre otras instituciones, formaron generaciones de profesionales que hoy trabajan en empresas y organismos de todo el mundo. La crisis de los últimos años aceleró esa diáspora, y el resultado es una red de talento venezolano distribuida por todo el planeta. En 2003, un estudio estimó que –sin contar médicos– habían 9000 científicos e ingenieros venezolanos en Estados Unidos, explica Jose Álvarez-Cornett, investigador especializado en las diásporas científicas y académicas en Venezuela, “Las contribuciones del talento venezolano a la sociedad estadounidense son impresionantes, especialmente considerando que sólo representan el 1% de la población hispana de los Estados Unidos.”
Escenarios como estos inspiran a otros profesionales, incluso desde el viejo continente. “La mujer científica que soy hoy en día no puede dejar de pensar en las oportunidades científicas que representa poder estudiar el lado lejano de la Luna” como la evolución del sistema Tierra-Luna y la influencia de la luna en la sostenibilidad de la vida en el planeta, dice, refiriéndose al impacto de Artemis II, la guariqueña y uesebista Carianna Herrera, quien trabaja actualmente un proyecto de doctorado enfocado en el planeta Venus con el Centro Aeroespacial Alemán (DLR).
Herrera también resalta lo que significa la presencia de nuestros especialistas en equipos multidisciplinarios: Trabajar en misiones como Artemis II no solo implica experticia en conocimientos técnicos, “sino además [en] otras habilidades que son muy importantes: de adaptación, de resolución de problemas, de resiliencia”, dice, “Y yo creo firmemente que en eso los venezolanos destacamos en grupos internacionales”.
Y en la NASA los participantes parecen entenderlo. «Esta misión también está escrita con el sabor a arepa”, dijo Quintero de Artemis II, “Orgullosa de dónde vengo y hacia dónde voy».
Para Venezuela –como nos demuestran Quintero, Mata, Miralles, Lorenzoni y todos los venezolanos en la industria aeroespacial– el cielo es apenas un punto de partida.








