Aunque Estados Unidos ha reorientado el mercado petrolero venezolano hacia un su bloque geopolítico —y desde enero ejerce un tutelaje de facto sobre la arquitectura energética del país—, el reordenamiento de flujos comerciales ha dejado un ganador inesperado: India, que está emergiendo como el principal comprador del crudo venezolano, y ha ocupado el espacio que deja China tras reducir sus importaciones en respuesta al mayor control estadounidense sobre las ventas petroleras de Venezuela.
En marzo —de la mano de las firmas indias Reliance, Hindustan Oil Corp. e Indian Oil Corp.— los despachos de crudo y combustibles hacia ese mercado promediaron unos 342.000 barriles por día (bpd), muy por encima de los 35.000 bpd de febrero, y de los 267.000 bpd exportados por la estadounidense Chevron: los mayores niveles de exportación a la India desde 2019. El salto ayudó a empujar las exportaciones totales venezolanas hasta 1.1 millones de bpd —el primer registro mensual por encima del millón en seis meses—, en un contexto donde también aumentaron los envíos de Chevron.
Este movimiento de India venía formándose desde hace semanas. A finales de enero, Estados Unidos empezó a empujar una ruta que responde a las triangulaciones geopolíticas de la superpotencia en Eurasia: más compras indias de crudo venezolano en un momento en que India se vio forzada a reducir importaciones rusas ante la presión comercial de los Estados Unidos. Dos semanas después llegó la licencia general para Reliance Industries, el mayor conglomerado privado de India, con negocios en energía, petroquímica, telecomunicaciones y retails. Y para comienzos de abril, una filial de la compañía ya cargaba un buque con 2 millones de barriles de crudo Merey comprado directamente a PDVSA.
Detrás del impulso del tigre asiático
Una de las razones que explican el nuevo interés de India está relacionado con su propio contexto. “Trump le había pedido a India —muy agresivamente, incluso con aranceles retaliativos— desde finales del año pasado que no le comprara crudo a los rusos”, explica Francisco Monaldi, Director del Programa Latinoamericano de Energía del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad de Rice en EE.UU. “India se había beneficiado muchísimo del mercado negro [de crudo sancionado] con los rusos porque tenían que reubicar todo ese petróleo ruso que le vendían [los rusos] a Europa e incluso a EE.UU. en otros mercados” antes de las sanciones que siguieron a la invasión a Ucrania.
La presión de Estados Unidos a India ocasionó que la participación del petróleo ruso dentro de las importaciones de India cayera a su nivel más bajo desde el 2022, y que se abriera una ventana para otros barriles, como el venezolano, con la particularidad de que ahora también llega bajo un esquema habilitado por Washington: De hecho, desde enero, el propio gobierno estadounidense ha buscado orientar más crudo venezolano hacia India, en paralelo a ese menor peso del petróleo ruso dentro de su matriz de importación. En otras palabras, una propuesta alternativa auspiciada por Estados Unidos para ganarse a la India, el tercer mayor consumidor de energía en el mundo.
Y es que el sólo hecho que India haya comprado más petróleo venezolano que EE.UU. en marzo no implica un desplazamiento directo, sino más bien que la superpotencia norteamericana ha redefinido su rol como administrador, habilitador y regulador de las condiciones en que el mercado puede operar.
La ruta India–Venezuela tampoco es completamente nueva. Durante los años más duros de sanciones, ese mismo flujo ya existía bajo formas más opacas, con intermediarios y descuentos asociados al riesgo sancionatorio. Parte de ese crudo terminaba en India, donde grandes complejos refinadores lo procesaban y lo reexportaban como combustibles hacia otros mercados como China. Incluso, en momentos de relajación de sanciones, Estados Unidos permitió que empresas indias operaran en Venezuela con la mira de desplazar a China como principal destino del crudo venezlano en el mercado asiático.
Lo que cambia ahora es el grado de formalidad. “Es un petróleo que llega ahora por vías mucho más transparentes”, dice Víctor Mijares, experto en política exterior y profesor en la Universidad de Los Andes en Bogotá. “Se mantiene la cadena de suministro tal y como estaba planteada, que sigue funcionando para India. Esto no supone ningún tipo de alteración en sus capacidades, porque ya era un petróleo que venía recibiendo durante los tiempos de las sanciones. Solo que ahora se hace legalmente”.
Otra de las razones detrás de este repunte de volumen comprado a Venezuela está en torno al precio. “Una vez que ocurre el ataque a Irán y el cierre del Estrecho de Hormuz, India entró en problemas severos porque muchos de sus suplidores no le pueden continuar supliendo”, señala Monaldi. Eso ha encarecido el acceso de India a la energía.
Aquí Venezuela vuelve a encajar, pues las compras de su crudo por Reliance se ejecutaron con descuentos de entre seis y siete dólares por barril frente al Brent, referencia mundial. Esto no es menor: Para una refinadora con escala y capacidad de procesamiento como Reliance, que opera en el tercer país país que más consume petróleo del mundo, ese diferencial abre una oportunidad para mejorar márgenes.
De hecho, aunque los descuentos del crudo venezolano llegaron a ubicarse hasta en 25 dólares por barril cuando el país estaba sancionado, dado el nuevo escenario energético mundial, para India es mucho mejor adquirir el petróleo venezolano legal que el sancionado, de acuerdo con Mijares.
¿Hasta dónde llegan las mejoras para Venezuela?
Al combinar ambas presiones —la reducción del peso ruso y las disrupciones de suministro en Medio Oriente—, el crudo venezolano está posicionándose como una opción viable para India, pues está disponible, es procesable y autorizado dentro de un esquema específico.
En este esquema la lógica de India es bastante sencilla: comprar cuando las condiciones lo permiten y cuando el suministro encaja dentro de su sistema refinador. “No lo veo como algo que le dé mayor o menor peso geopolítico a India en particular. Esto es más un negocio”, dice Mijares. Y es que lo que Venezuela logra es algo concreto: más ventas y un rebote exportador que no se veía desde hacía meses. Pero ese avance sigue ocurriendo dentro de un marco en donde EE.UU. mantiene una ventaja estructural, condicionado por licencias y dinámicas del mercado internacional.
“A medida que se normalice el mercado petrolero, esos flujos [de Venezuela a India] se van a reducir, no a desaparecer, pero a reducir”, estima Monaldi, “Más de la mitad del petróleo venezolano, sino incluso una porción bastante mayor, puede terminar siendo consumida en la costa del Golfo de Texas y Luisiana, y probablemente en ese escenario el segundo destino sería India”.
No estamos viendo un cambio del tablero, sino más bien un ajuste dentro de él.








