Cómo el terremoto dejó a Venezuela con la mitad de su capacidad de internet

La ruptura de un cable submarino de fibra óptica durante los sismos del 24 de junio redujo a la mitad la capacidad internacional de internet en Venezuela. La falla expuso la vulnerabilidad de la infraestructura digital del país y la dependencia de un número limitado de conexiones críticas.

Conatel confirmó esta semana que las constantes fallas y lentitud de los proveedores de internet en los últimos días están relacionadas a un cable submarino roto, originado por los sismos del pasado 24 de junio.

Conatel —la Comisión Nacional de Telecomunicaciones— explicó en un comunicado oficial que los fuertes sismos registrados el 24 de junio causaron el colapso de múltiples sistemas de telecomunicaciones en tierra y, además, una ruptura física en el cable submarino de fibra óptica que conecta al país con la red internacional. Según el organismo, la afectación más grave ocurrió exactamente a 1,8 kilómetros de la estación de Puerto Viejo, en Catia La Mar, estado La Guaira: el mismo punto de la costa que quedó devastado por el doblete sísmico de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudió al país esa tarde.

Este hecho complica aún más el regreso a una “normalidad” que comparte tiempos con la tragedia y ha mantenido la capacidad de internet en Venezuela reducida al 50% mientras se realizan las reparaciones. Algunos síntomas que el usuario puede identificar son: lentitud intermitente al abrir páginas o videos, demoras de carga —alta latencia— en videojuegos y videollamadas, fallas de conexión con pérdida de paquetes hacia plataformas internacionales, y mayor congestión durante las horas pico de consumo.

La fibra óptica submarina es el cableado tendido en el fondo del mar que conecta a Venezuela con los data centers y los hubs digitales del resto del mundo. De este hilo del grosor de una manguera que transmite datos, dependen, sin excepción, todas las operadoras del país para ofrecer sus servicios. Por eso esta falla estructural impacta en gran nivel, a diferencia de las intermitencias regulares que pueden presentarse en el día a día.

Por qué un solo cable puede afectar a un país entero

La explicación de por qué la ruptura de un solo cable tuvo este impacto está en cómo funciona la conectividad internacional de Venezuela. El país recibe internet del resto del mundo a través de una serie de cables submarinos que «tocan tierra» principalmente en dos puntos de la costa: La Guaira y Punto Fijo. El más relevante para el tráfico saliente es el South American Crossing (SAC), un anillo de fibra que rodea Sudamérica y la conecta con Estados Unidos, operado por Cirion, que hoy canaliza más de la mitad del tráfico de internet internacional que sale del país. Fue justo ese cable el que se rompió frente a Catia La Mar, la principal arteria digital de Venezuela con el resto del planeta.

Como resultado, los distintos proveedores de fibra óptica están ofreciendo menos velocidad de carga y rendimiento en el servicio principal para la conectividad del país. Según datos de la plataforma especializada Estamos en Línea, para el cierre del segundo trimestre de 2025, el 51,32% de los suscriptores de internet tradicional en Venezuela eran usuarios de fibra óptica (4.459.243 suscriptores), un avance significativo frente al 48,68% del primer trimestre del mismo año. Este sector se encuentra aún en expansión, aunque nunca está exento de desastres como los vividos a finales de junio.

Una labor compleja en proceso

La solución definitiva a las interrupciones requiere una ingeniería de alta complejidad bajo el mar. No es como reemplazar un cable de router: un buque especializado debe localizar el punto exacto de la rotura, izar el tramo dañado y empalmarlo de nuevo. El buque encargado zarpó desde Curazao el 1 de julio para dar inicio a la reparación en la zona afectada. El propio organismo advirtió que, debido a la complejidad de estos trabajos submarinos, el servicio de internet a nivel nacional continuará mostrando intermitencia y velocidades reducidas durante los próximos días.

Cirion Technologies —la empresa encargada de proveer la conexión internacional— logró restablecer el anillo de conectividad de Caracas en menos de 48 horas y, para el 5 de julio, ya había recuperado el 62% de los servicios afectados, priorizando hospitales, bancos y cadenas de alimentos. 

En paralelo, Conatel activó un mecanismo de «celeridad regulatoria», amparado en el artículo 33 de la Ley Orgánica de Telecomunicaciones, para autorizar de forma expedita enlaces terrestres de emergencia con Colombia a operadores como Thundernet, VNET, Fibex y Airtek, como medida de apoyo a la contingencia.

Más allá de las molestias para los usuarios, la ruptura del cable dejó al descubierto la dependencia de Venezuela de un reducido número de conexiones internacionales y la vulnerabilidad de una infraestructura crítica frente a desastres naturales. Mientras avanzan las reparaciones en el Caribe, el episodio sirve como recordatorio de que, en la economía digital, la resiliencia de las telecomunicaciones es tan estratégica como la de las carreteras, los puertos o el sistema eléctrico.

Isaac Fernández

Fundador de Asilo Digital, un medio sobre temas digitales y tecnológicos. Isaac es internacionalista graduado de la Universidad Central de Venezuela y diseñador de productos digitales

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