Clara Vegas (n. 2002) llegó al Miss Venezuela con algo que la propia institución nunca había administrado del todo: una celebridad previa a la corona. Antes de aprender a caminar en pasarela, ya dominaba el algoritmo. Antes de enfrentarse a los jurados, ya lo había hecho ante millones de espectadores en la pantalla. Lo que tradicionalmente era un proceso de pulido –de convertir a una desconocida en reina– esta vez ocurrió al revés: convertir a una microinfluencer de nicho en reina.
Vegas, cuyo humor brinca de lo sardónico a lo referencial –con manierismos típicos de humor ácido de redes sociales y frases en inglés referenciando memes o videos virales– se encuentra en su casa ante los bosques frondosos y nublados de las colinas que la rodean. Junto a ella, su cariñoso perro Polo y la mirada disciplinada de su madre: Andreína Goetz Blohm, Miss Venezuela 1990 y aún tan imponente como hace más de treinta años. Clara, luego de tomarse una foto, le entrega la brillante corona de Miss Venezuela a una trabajadora de Venevisión: “Porque tú también eres una reina”, le dice entre risas, antes de preguntar si su traje típico en el Miss Universo puede ser del Divino Niño – la figura del niño Jesús, rubio y de cachetes rojizos, con la que los internautas han repetidas veces comparado sus fotos de bebé. Hard pass.
Su contenido, un híbrido de humor, performance y cotidiano, está lejos del molde clásico del certamen. “Cuando ya me convertí en candidata oficial medio tuve que cambiar mi contenido para ser un poco más profesional, pero igual manteniendo esa esencia divertida mía”. Ese equilibrio –la Miss que no deja de ser Shorty; como se hace llamar en TikTok, burlando sus casi dos metros de altura– es el que terminó marcando su irrupción. Compartió galas, rutinas, tropiezos y días buenos con una naturalidad que, en un concurso que parece construido sobre el control, se sentía casi subversiva.
Las redes no solo la impulsaron: también la blindaron. “Creo que logré crear una comunidad tan especial que me protegió de todo el odio y las críticas”, dice. Para ella, esa base de seguidores fue una especie de amortiguador emocional y un factor clave para que el público no interpretara su personalidad como un exceso o una impostura. “Si no hubiese mostrado quién era antes de entrar, la gente hubiese dicho: ¿quién es esta? ¿y por qué es así? En TikTok pude mostrarme tal cual soy y encontrar una comunidad que se identifica con una personalidad más gentil, más extrovertida, más artística”.
Esa comunidad nació sin estrategia. “Si lo hubiese tratado de planificar, no me hubiese salido tan bien”, reconoce. Shorty –ese personaje que no es personaje– surgió de manera muy orgánica, casi accidental, como un rincón de autenticidad que se viralizó porque rompía con un canon.

El empujón final al Miss Venezuela vino meses antes, cuando su audiencia descubrió un dato que encendió la presión: el pasado de su madre en el Miss Venezuela 1990. Y, de pronto, el linaje. El destino. El reclamo digital de que repitiera la historia. “Siempre tuve a Miss Venezuela como un sueño, pero vivía afuera y no veía el momento para realizarlo”, dice. Este verano, en plena transición personal y profesional, encontró en TikTok una señal. “El Miss Venezuela ha sido por décadas un trampolín perfecto para las mujeres. Para mí, que siempre he querido ser actriz, es una plataforma que me va a ayudar demasiado”.
Y es que Clara Vegas no solo llegó al Miss Venezuela desde TikTok, sino desde un sueño viejo: ser actriz. Creció haciendo musicales y obras de teatro —fue la Wicked Witch of the West, hoy tan en boga, en The Wizard of Oz— y hoy fantasea con ser villana de telenovela o protagonista de un drama familiar o actriz en el Teresa Carreño, convencida de que el certamen es su trampolín hacia ese escenario.
Pero si algo deja claro en su ascenso es que no está actuando: simplemente está navegando los diferentes escenarios de su propia vida, afirma. “La versión Shorty de Clara y la versión Miss Venezuela de Clara ambas son reales”, explica.
Tan reales como todo el hibridaje y la flexibilidad que permite la posmodernidad: es que Clara, con su look nórdico y su Spanglish característico, es una reina del siglo XXI; miembro de la diáspora –emigrante, reemigrada y nieta y bisnieta de inmigrantes– criada en Massachusetts desde los nueve años y formada en actuación en California y Londres que todavía interrumpiendo la entrevista para preguntar cómo se dice “high school” o “pattern” en español. En Ecosistema conversamos con ella.
Eres hija de Miss Venezuela 1990. Mucha discusión gira en torno a ese trasfondo, incluso a veces quienes hablan de ti como una suerte de nepo-miss: ¿Cuál es el privilegio real de ese legado y cuál es la presión de llenar esos zapatos, esos tacones?
Tuve la suerte enorme que mi mama nunca me puso la presión de que ella gana el Miss Venezuela entonces yo también tenía que ganar. Ella me dijo: “Ese fue mi proceso, mi camino, y tú lo vas a vivir de manera distinta”. Yo siempre sentí la presión, y creo que eso es fundamental para mí, porque nunca traté de encajar en lo que fue su rol como Miss Venezuela, sino en cómo va Clara Vegas a vivir esta experiencia como artista, ante todo como actriz.
Y creo que hubo un privilegio enorme en que, por ejemplo, Shirley [Varnaghy] me diera la entrevista [meses antes] por ser hija de una Miss Venezuela. En redes me dijeron que me postulara porque reconocieron a mi mamá, sin duda. Yo no soy ese tipo de persona que va a tratar de ocultar eso. Nepotism es real y sí me ayudó en el comienzo del camino. Pero yo también tenía muy presente que no quería entrar en el Miss Venezuela porque mi mamá fue Miss Venezuela; quería entrar por mi propio mérito y disciplina. Yo pude haber dicho “bueno, ella encontrará como meterme”, pero realmente yo le metí horas y cambié mi vida entera para realizar este sueño. Me siento muy orgullosa de mí misma porque siento que lo hice con todo el amor que le tengo a mi arte y también a la organización, que admiro muchísimo. Gracias a eso creo que pude cumplir este sueño mío.
Y mi mamá también lo tuvo muy claro. Una de las primeras cosas que me dijo fue: “No te confíes. Nunca creas que porque yo fui Miss Venezuela tú vas a tener alguna palanca”. Para mí eso fue clave. Y tampoco es que yo iba a meterme y hacerlo como un chiste, porque para mí nunca fue un chiste. Yo me tomé esta responsabilidad de ser candidata muy en serio porque respeto a la organización y todo lo que ha significado para nosotros.
Y quiero preguntarte más de tu familia, pero antes: hablas de que cambiaste tu vida por completo. ¿En qué consistió ese cambio radical?
Yo estaba viviendo en Londres, trabajando como recepcionista en un club de artistas; en Soho House. Estaba allá y a la vez audicionando para papeles de teatro y actuación. Vine a Venezuela de vacaciones. Terminé mudándome; eso fue un cambio radical. Mis hábitos también cambiaron: en vez de hacer ejercicio cuando me daba la gana, tenía que ir al gym cuatro horas. Antes de la EPI [Evaluación Presencial Integradora] yo estaba cuatro horas al día en el gym y tenía una dieta muy estricta para llegar a la versión más saludable de Clara en la EPI. Ahí te ven el físico y si tienes el prototipo que ellos están buscado.
Pero también me dejé llevar por el proceso. Yo básicamente tuve que reaprender español, porque llegué a Caracas hablando Spanglish. Pero también tuve la suerte de que mantuve el español y el acento venezolano, porque yo me fui hasta los nueve años.

Pero, ¿tu retorno fue por la corona?
Yo regresé a Venezuela este verano. Vine por dos semanas para la graduación de mi hermanita Joyce y me terminé quedando. Primero, por el tema de TikTok. Yo desde hace rato quería crear una comunidad en TikTok. Llegué a Caracas con 200 seguidores y en una semana tenía 10.000 o algo así; ahora casi 250.000. Yo sabía que eso fue clave para mi creación como artista. Por ejemplo, Addison Rae siempre dice que desde 2020, cuando empezó en TikTok, tenía claro que quería convertirse en cantante, y usó la plataforma como trampolín. Yo usé esa comunicación para crear comunidad y luego tener visibilidad en el mundo.
¿Por qué sientes que volver a Venezuela fue tan prolífero para tu TikTok? ¿Qué hiciste distinto?
Creo que mi contenido en español fue mucho más auténtico que cualquier contenido que traté de hacer viviendo en Londres. Yo nunca me ponía frente a la cámara a hablar así en inglés como empecé a hacerlo este verano.
Te bautizaron rapidísimo como una “Venezuelan it girl”. Y volviendo a lo familiar: hay fanáticas en torno a tu familia en redes; quieren lanzar a tu hermana como Miss, hay fangirls de tu hermano. ¿Cómo te sientes con la kardashización de tu familia?
¡Kardashización! Me da mucha risa. Lo de Joyce estoy completamente de acuerdo, debe pensarlo bien: como mujer, supongo que se debe asesorar, porque el Miss Venezuela abre puertas. A todas las candidatas nos ha abierto puertas esta temporada. Y estoy agradecida con la plataforma. Federico, mi hermano, todas las misses antes que él viniera a Venezuela me decían “¿Tu hermano viene al Miss Venezuela? ¿Nos va a ver? Yo lo quiero conocer”. Él tiene 21 años. Me da risa, me parece lo máximo, la kardashización de mi familia. Porque somos una familia grande. Mis amigas gringas de chiquita me decían “ay tu familia, demasiado divertidos”. Creo que para ellas era divertido una familia latina, nunca habían conocido a una familia de siete venezolanos en un pueblito en Massachussets.
¿Te van a hacer un reality como los Montaner?
Bueno, Venevisión… (Risas)
Tu victoria se lee por muchos cibernautas como nostalgia del Miss Venezuela clásico; como una nueva idea aspiracional, un quiebre –muy libro rojo de Scannone, muy Caracas Country Club, muy Spanglish– con esa imagen negativa que el concurso tomó tras una serie de controversias: ¿es Clara Vegas la reinvención del Miss Venezuela? ¿La reapropiación, la revaloración, del arquetipo de la miss?
Sí es así, yo feliz. Yo espero que mi participación en este certamen invite a la generación Z de mujeres venezolanas a participar; es chévere una imagen tan pública que represente a nuestra generación. Sí puede ser [la reapropiación]. Muchas amigas de mi mamá que vieron su concurso y luego dejaron de ver el Miss Venezuela, me han dicho: “Gracias a ti estoy viendo el Miss Venezuela de nuevo”. En mi TikTok me han dicho: “Solo veo el Miss Venezuela porque me identifico contigo”. Eso me parece súper especial. Es un concurso súper divertido y espero que en los próximos años regrese a la cultura venezolana como fue en su prime time.
Tú estética y belleza son disruptiva: no encaja en el molde usual, escuchas Charli XCX, usas tops de blue jeans y bufandas de piel y lentes Y2K. Clara is Brat. ¿cómo es la estética de Clara Vegas y como la has mantenido en el mundo del Miss Venezuela? ¿Has sentido que has tenido que cambiar tu estilo o contenido por el concurso?
Sí. Mi estilo es muy brat. Antes de mudarme era así: Y2K, brat, yo vivía en Londres, era más bohemio mi outfit. He tratado de mantener la esencia de mi estilo y de mi contenido en TikTok, pero dándole un toque más elegante o más miss, porque sí me parece importante estar en los estándares de una Miss Venezuela, pero manteniendo esa esencia alternativa que tengo.
¿Cuáles dirías que son tus referentes que moldean ese estilo?
El año pasado pasé par de meses en Los Ángeles durante brat summer y estaba en su peak. Eso influyó mucho en mi estilo. También hacía mucho thrift shopping, de segunda mano, vintage. Y tengo una tía con el estilo más cool; siempre nos regalaba su ropa. Yo también robaba ropa de mis hermanas mayores; sus Converse Ed Hardy, con unos leggins, mezclar patrones. Y me disfrazaba, salía disfrazada en mi cuarto. Siempre he usado la ropa para expresar mi creatividad.
¿Qué has aprendido del internet que la escuela tradicional de las misses no entiende todavía, pero debería?
Me ha dado herramientas para ver las críticas constructivas. Normalmente una miss o una figura pública puede escuchar una crítica y se pone a la defensiva. Yo traté de agarrar esas críticas, escucharlas y mejorar manteniendo mi esencia. En vez de ofenderme, decía: “¿Tienen razón? ¿No tienen razón? ¿Hay algo aquí que me beneficie en el certamen?”.
En internet se discute mucho el rechazo o la promoción de cirugías estéticas, sobre todo ante el aura de autenticidad que has cosechado. ¿Mantienes la posición de no proceder con una o es algo que consideras? ¿Cómo negocias límites personales cuando todo el mundo siente que tu cuerpo es un proyecto público?
Todo el mundo, todo el mundo, me ha dado su opinión sobre qué tengo que hacer yo en el próximo año, relacionado con mi físico, operaciones. Porque yo en un momento dije: “Conchale, no, no me quiero operar”. Pero si el año que viene me provoca operarme, buenísimo, chévere. Esa decisión se la dejo a la Clara del futuro.
Pero ahorita, en este momento, no me provoca operarme. Estoy en un momento donde estoy abierta a retoques, pero ese límite para mí se mantiene en no cambiarme radicalmente. Yo tengo la suerte de que siempre me he sentido bella en mi propio cuerpo, en mi propia piel, y creo que los retoques que me haría fueran cositas puntuales.
Estoy completamente abierta a la conversación, porque en Venezuela trabajo con los mejores profesionales. Pero no me quiero reinventar la cara.
Sí ha sido muy difícil porque hay mucha gente en redes diciendo que me tengo que operar; mucha gente diciendo que no me puedo operar porque, si no, sería un fraude a todo mi discurso de ser natural. Y mi familia, la mayoría, opina que no me debo operar.
Eso me pone en una situación súper incómoda, porque yo voy a terminar tomando la decisión que me parezca adecuada para lo que viene, y quiero que el público sepa que yo estoy tomando estas decisiones: Clara Vegas. Nunca en el Miss Venezuela me han puesto en una situación donde yo sienta que me tengo que operar. En relación con las operaciones y los cambios estéticos, siempre me han dicho: “Si tú decides que no te quieres tocar nada está perfecto, feliz de la vida. Tu vida es tu cuerpo, es tu decisión.” Pero la conversación en redes ha sido lo opuesto: o “tienes que”, o “no te lo hagas para nada”. Y trato de no prestarle mucha atención a esa mención porque la gente está loca.
Es una democratización del proceso. Hablemos de la palabra del momento: inspiranza. Empezó como un error y se volvió un neologismo. ¿Cómo viviste ese momento y luego al ver como fue reinventada?
A mí nunca me había pegado la presión de que mi mamá fuera Miss Venezuela, hasta el momento de responder esa pregunta. Pero en ese escenario, con ella en el público, tenía demasiado presente que ella estaba en el público, que tenía la posibilidad de hacer historia, mi mente estaba en diez lugares distintos menos en el escenario. Respondí en frío. Después de decir “o sea”… no sé cómo seguí hablando. Fue lo peor: tantas clases de oratoria y nunca había respondido tan mal. Pero fue la mezcla de nervios y presión.
¡Y luego sale inspiranza! Yo ni me di cuenta que dije una palabra que no existe hasta las dos de la mañana, en mi casa, hablando con mi familia. Me dijeron: “Clara, esa palabra no existe”. Yo me había ido del escenario [después de responder] y me guindé a llorar. Pensé que todo mi trabajo se había perdido por presión, todo el mundo se va a olvidar del trabajo y la disciplina por una respuesta bajo presión. Y ahora la veo y no es la mejor respuesta… pero no es una mala respuesta: digo cosas… de valor (risas). Respondiendo la pregunta de alguna manera, a mí manera. Pero ahora me encanta que la gente la tome como lo que es: una mezcla de inspiración y esperanza. Lo puse en mi primer post después de la coronación. Yo me identifico con esa palabra que inventé: era la inspiración de mi mamá y la esperanza de que yo podía convertirme en Miss Venezuela a mi manera con todo el trabajo que le metí.
El Spanglish es el idioma nativo de Clara Vegas. Y también dijiste una frase en inglés. ¿La tenías planeada o fue una ocurrencia del momento?
Más o menos planeada. Y se me ocurrió porque alguien me comentó en Instagram: “Qué chévere si terminas con algo en inglés, porque te sientes más cómoda; termina tu respuesta con algo en inglés”. Se lo mencioné a mi profesor de oratoria. Además, el Miss Universo es en inglés. Era también para demostrar que podía desenvolverme en inglés y decirles a los jurados: “Soy buena candidata para el Miss Universo”. Gracias a Dios lo tenía, porque me salvó de un momento muy…
Inspiranza.
Inspiranza.

Y también fue una proyección de Venezuela al exterior.
Sí. Y también tengo muchos amigos en Londres y Nueva York que vieron la noche sin entender nada. Quería decirles algo también a ellos, no sobre Clara Vegas, sino sobre el venezolano y lo que somos.
¿A dónde quiere llegar Clara Vega con el Miss Venezuela y el Miss Universo? ¿Cuáles son los sueños, el próximo paso, el camino que quieres construir con esto?
Como artista, espero que una gran parte de mi reinado se enfoque en la educación artística en nuestro país. Hay muchísimos proyectos trayendo talleres de actuación a comunidades vulnerables y quiero ser vocera. Para mí, el teatro y la actuación me formaron como mujer; me encantaría impulsar eso en Venezuela.
Y claro que voy por esa octava corona, con el favor de Dios. Quiero llevar esa mejor versión de Clara al Miss Universo en Puerto Rico el año que viene para demostrar lo que somos los venezolanos. Y después del Miss Universo, quiero llevar mi carrera como actriz tanto en el Venezuela como en el exterior.








