Desde finales de 2023, al menos siete taquerías han abierto sus puertas en Caracas, la mayoría en el este de la ciudad. Cada una presenta aspectos diferenciadores: desde el tipo de comida –algunas más influenciadas por el estilo de Tijuana, como Entre Tacos cerca del Sambil, y otras por las carnitas de Michoacán o la cochinita pibil de Yucatán– hasta incorporar dentro del propio establecimiento speakeasies o bares “secretos” (entre comillas, al espíritu de Fight Club), como es el caso de El Taco Ardiente. A diferencia de los establecimientos tradicionales –restaurantes que ofrecen servicio de mesa– estas taquerías tienden a funcionar más bajo un formato más cercano a la comida rápida, dando pie a una especie de “boom” en la capital.
El auge se observa no sólo en la cantidad de taquerías, sino también en el crecimiento que han experimentado puertas adentro. Según Diego Díaz, socio fundador de la Taquería Tres Amigos en Chacao –una de las pioneras y principales referentes del boom– sus ventas se han mantenido en crecimiento desde que abrieron sus puertas en 2023, cuando los comensales hacían cola en la Calle Sucre para ingresar y probar sus tacos y margaritas: “Tuvimos un crecimiento exponencial en los primeros meses. Al ser la primera taquería marcamos una pauta y tuvimos un boom muy grande gracias a un buen producto, servicio y concepto”, dice, “Después las ventas se regularizaron un poco, pero afortunadamente desde hace un año nos hemos mantenido en una línea de ventas bastante estable. Siempre se vende y nos va realmente bien”.
El boom de las taquerías también destaca por el contexto donde ocurre: de acuerdo con Iván Puerta, presidente de la Cámara Nacional de Restaurantes de Venezuela, al menos una docena de establecimientos de comida ubicados en las zonas más comerciales habrían cerrado sus puertas durante la primera parte del 2025. Entre ellos figuran algunos establecimientos que tenían años de servicio y que en su momento alcanzaron notoriedad, como Ávila Burger, una de las hamburgueserías más icónicas de la capital a principios de los 2010, que llegó incluso a establecerse en Madrid a través de un sistema de franquicias.
Para Puerta, los primeros meses de cada año son periodos de reevaluación en los negocios de comida. En circunstancias normales, si un restaurante no alcanza los resultados esperados, lo habitual es ajustar el modelo para impulsar el crecimiento. Pero cuando se toma la decisión de cerrar, esta suele deberse a que esa reformulación no es viable desde el punto de vista financiero. En Venezuela, esto cobra especial relevancia: el acceso limitado al financiamiento y las altas cargas tributarias han encarecido muchos planes de inversión, desincentivando la continuidad de algunos proyectos.
Y, aunque Caracas nunca ha dejado de ser una ciudad abierta a experiencias culinarias, su parque gastronómico ha cambiado en su tamaño y composición. Basta con recorrer la Avenida Principal de Las Mercedes –una de las zonas comerciales más importantes del país– para confirmar que no todos los restaurantes que están ahí hoy son los mismos que estaban durante el pico pax bodegónica, por no decir los de hace 10 años. Similarmente, aunque la gastronomía mexicana –y la Tex-Mex– han sido parte de la oferta multicultural de la ciudad desde hace más de cuarenta años, con sitios como El Rincón Mexicano o Pancho Villa e incluso un intento fallido de la cadena Taco-Bell de establecerse durante los años ochenta, las taquerías han surgido como nuevos actores en los últimos años.

Parte de esta reconfiguración, además del global crecimiento multimillonario de la gastronomía mexicana, se debe a que la demanda del consumidor venezolano no es particularmente alta. Con un ingreso promedio de $339 al mes (según estimaciones del Fondo Monetario Internacional), el consumidor promedio ha cambiado su comportamiento. Ahora reina el pragmatismo y la demanda atomizada. Los venezolanos no han dejado de consumir ni de permitirse ciertos gustos –como salir a comer, por ejemplo– pero ahora lo hacen en la medida de sus posibilidades, llevándolo al átomo si es necesario. Sin excederse.
Los negocios que han tenido éxito bajo las circunstancias actuales son los que han entendido al consumidor y se han movido en su dirección: atomizar, sin descuidar la generación de valor.
Las taquerías son un claro ejemplo. Mientras que en los restaurantes mexicanos tradicionales el plato más económico suele incluir entre tres y cuatro tacos, en las taquerías es posible pedir incluso un solo taco. Esta diferencia también se refleja en los precios: en un restaurante tradicional, el plato con bebida puede rondar los $10, mientras que la opción más básica en una taquería, también con bebida, puede costar apenas $3 —un precio comparable al de un perro caliente callejero o incluso inferior al combo más económico de McDonald’s.
Y no se trata de productos de baja calidad. Al menos en el caso de Taquería Tres Amigos, dice Díaz, “nunca se sacrificará la calidad ni el concepto. Aunque la situación del país ha cambiado mucho a nivel económico, también nos mantenemos con precios accesibles. Somos sumamente fieles a nuestro menú”. Así, las oportunidades de consumo más sencillas que antes estaban siendo ignoradas, ahora se capitalizan con productos de mayor calidad.
Las tendencias de atomización –hacia lo pequeño– no han estado sólo en los precios, sino también en los costos. Según Iván Puerta, los restaurantes en Venezuela están optando por modelos más sencillos y fáciles de manejar, porque eso les da más chances de mantenerse a flote y ser rentables. En palabras simples: si el tamaño del negocio es más fácil de controlar, también lo son sus gastos, lo que mejora sus posibilidades de éxito. En el caso de las taquerías, no hacen falta grandes locales ni infraestructuras complejas para operar; con pocos metros cuadrados es suficiente.
La accesibilidad también ha jugado un rol clave. Mientras algunos restaurantes tradicionales se encuentran en espacios cerrados, como centros comerciales, que ameritan costos extra de entrada –por ejemplo, pago de estacionamiento– las taquerías no suelen suponer mayores barreras de ubicación, ubicándose en zonas concurridas de la ciudad, de fácil acceso peatonal o vial. Las taquerías Tres Amigos y Patodos se encuentran en las plantas bajas de edificios en Chacao y Los Palos Grandes mientras El Taco Ardiente se ubica en un local callejero cercano al Mercado Municipal de Chacao.

Al ver este crecimiento de las taquerías, se pudiera pensar que el resto del parque culinario mexicano en Caracas se ha contraído, pero nada más lejos de la realidad. Las taquerías han “reforzado las marcas de comida mexicana que ya tenían años en el mercado, haciendo que se reinventaran también y buscaran otras fórmulas para presentar sus productos”, dice Puerta. Así, en el mejor sentido de Roberto Gómez Bolaños, sin querer queriendo, el “boom” de las taquerías ha impulsado la oferta general de comida mexicana en Caracas.
“Definitivamente hemos sentido ese boom de las taquerías en Caracas. Ahora parece que las personas acá en Caracas andan locos por los tacos”, dice Ingrid Claro de Raffalli, cuya familia tiene vínculos con México y quien está al frente de La Catrina, un servicio de comida mexicana casera, “Pero más allá de la moda, también ha crecido el interés por la comida mexicana de verdad, la auténtica. Y en La Catrina no hacemos versiones tropicalizadas, ni adaptadas, ni Tex-Mex (…) el boom ha traído más curiosidad, pero también más respeto por la comida mexicana auténtica. Y eso nos encanta.”
Ahora, con la economía enfriándose y un abanico de taquerías en la ciudad, queda preguntarse el próximo paso. Para Puerta, “el boom de los conceptos es algo que ocurre frecuentemente en Venezuela”, en muchas ocasiones con riesgos de sobresaturación del mercado: “La gente ve que algo funciona y va de bruces a replicarlo”, dice, “Ve el éxito y cree que tendrá éxito, pero no es así. Para lograr el éxito en un negocio gastronómico se requieren de muchos elementos y efectivamente hay un tope”.
Algunos de esos elementos pueden ilustrarse con el caso de Taquería Tres Amigos. Por ejemplo, en los últimos meses, la taquería ha pasado a adaptar servicios de catering, valet parking y delivery. “Las ventas se han relacionado positivamente con estas incorporaciones”, explica Díaz. De hecho, tras casi tres años de operaciones, recientemente Tres Amigos abrió una segunda sucursal en La Candelaria: uno de los epicentros comerciales en el oeste de la capital. Estas no fueron inversiones hechas desde el inicio, sino decisiones que se tomaron progresivamente, guiadas por los resultados.
El nombre del juego: no se trata de correr detrás del boom, sino de entender al consumidor, cuidar la calidad y escalar con inteligencia. Paso a paso. Taco a taco.








