Así suena el Complejo Industrial Gaitero

Las gaitas intercolegiales de Caracas se han transformado en un espectáculo de alta producción que mezcla tradición, competencia y profesionalización musical. Lo que antes era un acto escolar hoy moviliza productores, diseñadores, músicos, marcas y miles de asistentes cada temporada. En Ecosistema estimamos que este circuito podría estar moviendo anualmente varios millones de dólares.

En el patio del colegio, convertido por una tarde en escenario, un equipo de niñas del Mater Salvatoris irrumpe vestido de azul brillante y sombreros de mariachi; las de la Academia Merici aparecen en plateado metálico, y las del Instituto Andes en un rojo encendido. Todas llevan faralaos, escarcha y pantalones cuidadosamente ornamentados. Desde la tarima se encadena una mezcla vertiginosa de gaitas zulianas, aguinaldos, rock en español, hits en inglés, mariachi y pop latino, mientras frente a ellas una multitud casi histérica de padres y adolescentes aplaude, grita y graba con el celular, como si se tratara de un gran concierto y no de una competencia intercolegial. Se trata de la edición 2025 del circuito de festivales de gaitas intercolegiales, una tradición navideña de décadas en la que colegios privados de Caracas —en su mayoría del este de la ciudad— compiten musicalmente año tras año: y alimentan todo un universo de consumo, servicios y profesionales contratados.

Años atrás “el fenómeno de las gaitas [intercolegiales] era diferente, mucho más sencillo, no había tanta producción” comenta Carlos “Potoko” Gómez, Director de las Gaitas del Instituto Andes desde hace 20 años. “No contratabas a profesionales para que hicieran el montaje, buscabas a un amigo o un primo que supiera de música o al profesor de música del colegio” dice Gomez. Con el pasar de los años, sin embargo, los colegios fueron demandando un mayor grado de profesionalización en la propuesta musical y el espectáculo en tarima. Como resultado, las gaitas son un escenario muy competitivo en el que cada conjunto se esfuerza por avanzar respecto a los estándares del año anterior, comenta Ricardo Reyna, un miembro del equipo de gaitas de Los Arcos 2019 y en el equipo de exalumnos este año.

La profesionalización de las gaitas intercolegiales

Esa presión competitiva ha llevado a que, hoy en día, el circuito de las gaitas intercolegiales cuente con la producción de figuras prominentes en la industria músical como Vladimir Quintero de Guaco, Alvaro Paiva quien ha trabajado con Los Amigos Invisibles y Natalia Lafourcade o Jonathan García, ganador de un Grammy que ha trabajado con Taylor Swift, Alicia Keys o BTS. Algunos equipos incluso han contado con Franco Bellomo, una de las partes del dúo reggaetonero Franco y Oscarcito. 

También, se han buscado a profesionales que “diseñan los trajes y utilería, los confeccionan y realizan un mantenimiento semanal para garantizar que estén en buen estado” dice Vicky Ospino, una mamá gaitera cuyos hijos han participado en 2018 y 2025. Un caso emblemático es el de la Academia Merici que suele encargar su indumentaria a la diseñadora Tefi Sánchez, que estudió moda y administración de marcas de lujo en París.

Además, la escala de estos proyectos con un personal sofisticado y una presión hacia la mejora continua pueden derivar en un aumento de los costos. El monto a cancelar anualmente suele incluir el pago a los profesores y directores, el diseño y elaboración de vestuarios, utilería, equipos, etc. Además, es convenido con el comité de padres dice Gresly Colonna, una mamá gaitera del colegio Simón Bolívar II. Por lo general, mientras mayor sea el número de integrantes del equipo, menor será el precio pues los gastos comunes se dividen entre más personas, los cuales suelen pagarse a través de una mensualidad durante los meses que dure la preparación. 

De acuerdo a Gómez, el promedio general de costo para participar en 2025 “ronda los 2000 dólares por gaitero”. Pero como suele suceder en Venezuela, los promedios esconden realidades dispares: este año, el equipo de Ecosistema registró varios colegios donde el monto per cápita por colegio supera los 4000 y 5000 dólares, con algunas personas reportando hasta 7000 dólares una vez que se incluyen costos de transporte y entradas compradas por la familia para los toques gaiteros. Para colegios de este mismo tipo, el costo de diseñar, confeccionar y hacer mantenimiento a los trajes que se usan en la tarima puede ascender a más de USD 2000.

El costo de participar en las gaitas colegiales ha ido aumentado con el paso de los años. Para el período entre el 2018-2019, el costo medio era de aproximadamente 800 dólares con algunos outliers como la Academia Merici, que superaba los 3000 dólares. En años siguientes, el costo fue creciendo hasta el punto que conjuntos de muchos miembros como el Instituto Andes o el Santiago León de Caracas superaron los 1500 dólares por integrante. Hoy esos montos se han hasta triplicado. 

A pesar de lo prohibitivo que puede llegar a ser el costo de participar en las gaitas de algunos colegios, existen opciones para aligerar la carga financiera que implican.“Había tres personas que tenían dificultades económicas para afrontar el pago de 1500 dólares entonces surgió una ‘beca’ en la que dos o más familias aportaban para que la gaitera no se perdiera la experiencia” relata Camila Méndez, quien participó en las gaitas de Los Campitos en 2018 y 2019. “Una buena planificación es crucial para hacer las gaitas viables para un presupuesto familiar, en nuestro caso el comité gaitero promovió rifas y un kiosko en los recreos del colegio para costear algunos compromisos”, dice Meyling Cáceres, mamá gaitera del colegio Champagnat.

Otra estrategia que utilizan los colegios para costear la producción de sus gaitas es la alianza con empresas a modo de patrocinio. Estas pueden realizar aportes en efectivo o proveyendo un servicio. Por ejemplo, la Academia Merici cuenta con patrocinios del Grupo Solfin, Cinex, Pepsi, Hyundai y Digitel. El conjunto del Colegio Simón Bolívar es respaldado por Arturo’s y Plumrose mientras que el Mater Salvatoris cuenta con Golden, Las Nieves, Efe y el BNC. Mientras tanto, el grupo del Colegio Integral El Ávila tiene la colaboración de PAN y Domino’s Pizza. Por su lado, el Instituto Andes cuenta con Mary, Movistar, Central Madeirense y otros entre sus patrocinadores. 

Showtime: los festivales de gaitas

No pueden existir las gaitas sin los escenarios donde se presentan. Estos suceden principalmente en los festivales de gaitas y/o bazares navideños que año a año organizan los colegios, clubs y otras instituciones. La asistencia a estos eventos varía, pero suele atraer a un número importante de visitantes: “a los festivales más pequeños suelen ir alrededor de 1500 personas, mientras que a los más importantes van entre 5 mil y 6 mil personas” dice Gómez. La popularidad de estos eventos ha ido creciendo con los años, por ejemplo, durante la edición de este año del festival de la Academia Washington: “llegué a ver revendedores de entradas en la puerta, como si fuera un concierto” dice una visitante del festival.

Estos recitales se financian principalmente mediante la venta de entradas, cuyo precio oscila entre los 25 y 35 dólares. Generalmente, con estos ingresos se puede alcanzar o aproximarse al punto de equilibrio contable del festival. Además, se puede contar con una certidumbre relativa pues cada gaitero de cada colegio que participe debe vender un número determinado de entradas o cubrirlas el mismo. Los colegios que más venden entradas son recompensados con la oportunidad de tocar durante el prime time del evento.

Uno de los principales festivales de la temporada gaitera es el que se celebra en el Colegio San Ignacio de Loyola. Ainara Leizaola, miembro del comité organizador de las ediciones de 2020 y 2021, dice que llevar a cabo un festival implica una carga de trabajo importante pues hay que asegurar los permisos municipales, asegurar la asistencia de suficientes colegios, conseguir patrocinantes y la logística propia del evento.

Generalmente para conseguir patrocinantes los organizadores elaboran paquetes que según la contribución traen distintos beneficios, bien sea en mayor cantidad de banners publicitarios, tiempo en las pantallas del evento, menciones en tarima, etc. Con estos fondos se costean otras expensas del evento. “Una estrategia común son los pagos cruzados, es decir que el patrocinante le paga directamente a uno de los proveedores y la organización nunca maneja directamente esos fondos”, dice Leizaola.  Los festivales más importantes cuentan también con el beneficio de acuerdos permanentes con  patrocinadores como Polar o Pepsi.

“El principal costo suele ser la productora que instala la tarima”, explica Leizaola. Para las gaitas de este año el costo de la producción del evento más la instalación de la tarima ronda los 60 mil dólares, dice Ospino. A pesar de la cifra elevada, entre todos los consultados por Ecosistema hay consenso en que los festivales de gaitas suelen ser rentables. “Por lo general las ganancias de estos eventos van destinados a causas benéficas, inversiones en mejorar la infraestructura del colegio anfitrión o para financiar beneficios a los profesores” dice Gómez.

Para ponerlo en perspectiva: Con 27 colegios y un promedio de 45 gaiteros por institución, la temporada movilizó a unos 1.215 participantes; a un costo promedio estimado de 2.000 dólares por gaitero, el gasto directo total podría superar los 2 millones de dólares. Sumando la taquilla —con precios promedio de unos 30 dólares, unas 1.500 personas por evento, alrededor de una veintena de toques con entrada y algunos festivales masivos— el ingreso adicional se ubica por encima del millón de dólares, sin considerar que algunos festivales rondan entre las 5000 y 6000 personas. En conjunto, el “PIB gaitero” de la temporada se estima de forma conservadora –quizás muy conservadora– cercano a los cuatro millones de dólares, sin contar patrocinio, costos outliers, servicios asociados ni efectos indirectos: es decir, toda la red de personal, servicios de producción, food trucks, empresas de transporte, logística, taquillas impresas, merch, entre otras. Un verdadero complejo industrial gaitero. 

La Experiencia

El nuevo grado de complejidad amerita una preparación extensa: actualmente el estándar ronda entre los nueve y diez meses de preparación y “el proceso dura casi un año desde que haces la audición hasta que inicia la temporada”, dice Veronica Sáez, que participó en el conjunto gaitero del Mater Salvatoris del 2018. En este proceso, los integrantes practican entre cuatro y seis horas semanales e incluso más cuando se aproxima el inicio de la temporada. El objetivo de este no es solo aprender a tocar algún instrumento o mejorar su técnica sino a hacerlo en un alto nivel y fungir un rol dentro de un ensamble musical.

Maca Crespín, miembro de las gaitas del Instituto Andes del 2021, dice que “durante esos meses estás viendo clases como si fuera cualquier otra extracurricular para desarrollar tus competencias”. “En mi caso vi clases de canto que iban más allá de aprenderse la letra de las canciones del set, sino aprender y desarrollar nuestras habilidades de canto” explica  Angelina Rodriguez, integrante de las gaitas del Colegio Integral El Ávila 2018 y 2019.  En el caso de las bailarinas, esta preparación requiere adquirir buenas condiciones físicas, pues bailan entre 15 y 18 minutos seguidos en cada presentación, Valeria Polanco, participante del mismo conjunto que Rodríguez, dice que “bailaba desde pequeña pero nunca había tenido que alcanzar un nivel de cardio como ese, fue una experiencia súper enriquecedora”.

Gaitera del Colegio Champagnat y gaiteras de la Academia Merici en el Festival de Gaitas del Colegio Yale 2025 (Fotos cortesía de Genésis Medina/Zona Escolar).

No es infrecuente que hayan personas que descubren su pasión por la música o la lleven a otro nivel gracias a su experiencia en gaitas. Marco de Medeiros afirma que su participación en las gaitas del Colegio Santiago de León de Caracas en 2023 lo motivó a estudiar música para ser profesor: “estando en gaitas me di cuenta que me gustaba mucho la percusión, tanto que también me interesé en aprender a tocar los instrumentos de los demás”, dice. Posteriormente se inscribió en clases para no solo profundizar sus conocimientos sino para adquirir la pedagogía necesaria para enseñar a otros. “Conozco a varias personas que al igual que yo están dando sus primeros pasos en esta industria gracias a haber participado en gaitas”, dice De Medeiros.

Sin embargo, esta experiencia no solo se limita a gaiteros y profesores. “El movimiento gaitero tiene una red de apoyo, en mi colegio no éramos solo nosotras sino también teníamos al comité de mamás y de exalumnas”, comenta Isabella González, integrante de las gaitas de la Academia Merici del 2019. Marianella Troconis, mamá gaitera del Merici en tres ocasiones, afirma que “los padres también se conectan con la experiencia y comparten la alegría de sus hijos” pues “estos proyectos son muy enriquecedores, porque permiten generar vínculos entre las compañeras, conociendo personas nuevas en otros colegios, fomentando la competencia sana mientras aprenden de música”.

Por ello, a su manera, las gaitas intercolegiales son una fiesta de talento que vale la pena ver: mantienen viva una tradición mientras la hacen evolucionar, conectan a alumnos, padres, profesores y exalumnos, y renuevan el semillero artístico que sigue alimentando a la industria cultural.

Gustavo Sandoval

Staff writer. Gustavo es economista de la Universidad Metropolitana en Caracas.

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