“Venezuela se encuentra entre los tres países con mayor consumo per cápita de helados en América Latina”, dice Roberto Cornejo, organizador de Ferihelado 2025: la segunda edición de la Feria del Helado, Gelato, Paletas y Postres Fríos, que congregó a varios de los principales proveedores, productores y clientes del sector a mediados de noviembre en el Hotel Meliá Caracas. Aunque a menudo pueda volar bajo el radar, la industria del helado en Venezuela funciona como un ecosistema económico de peso propio dada la diversidad de agentes que participan en ella, su alcance y los volúmenes que maneja.
Un ejemplo es la cadena de comida rápida Arturo’s, que tan solo en 2024 logró producir y distribuir más de 300.000 kilogramos de helado para abastecer su red de más de 70 locales, evidenciando el significativo nivel de manufactura y consumo interno que sostiene este mercado a nivel nacional. Para conocer con mayor profundidad al sector, el equipo de Ecosistema asistió a Ferihelado 2025.
El backstage del frío
Para obtener un helado, es necesario mantenerlo a una baja temperatura. Esta afirmación puede parecer obvia, pero es el punto de partida para entender la complejidad que implica poder comer helado: la maquinaria es fundamental para esta industria y existe una amplia variedad involucrada en este proceso, desde los equipos de producción y los sistemas de envasado al vacío, hasta los distintos instrumentos que aseguran que la cadena de frío nunca se rompa.
Existen grandes máquinas industriales que, aunque suelen ensamblarse en China, incorporan diseños e innovaciones desarrolladas en países occidentales como Estados Unidos e Italia. Unas garantizan la integridad y calidad del producto hasta llegar al consumidor; otras son esenciales para la propia elaboración del helado. Y hoy, los avances tecnológicos han reducido costos y complejidad, haciendo que estos equipos sean cada vez más accesibles para los emprendedores. “Una máquina de helado hace seis u ocho años costaba $8,000, $10,000 dólares y más”, dice John Parra, fundador de Frulados, un emprendimiento de helados de San Cristóbal, “Ahora existen opciones de $2,000 o $1,800 dólares”.
A la hora de escoger qué helado comprar, solemos pasar por alto otro elemento clave del proceso detrás: la barquilla que lo sostiene. Y no porque su sabor, olor o apariencia no importen, sino por una razón menos evidente: casi todas vienen del mismo lugar. El Grupo La Florida domina la producción nacional y abastece a prácticamente todo el mercado, desde Efe y Tío Rico hasta KFC, Arturo’s, Farmatodo y la Heladería 4D.

Esta empresa tiene más de 70 años de trayectoria e inició como una pequeña empresa familiar fundada por inmigrantes italianos en Barcelona, Anzoategui, comenta Luigi Campana, Director de Mercadeo. Hoy en día, distribuyen a nivel nacional y han incursionado en otras actividades relacionadas al sector helados como la producción de mezclas en polvo o la facilitación de importaciones de equipos desde Italia para pequeños comercios.
Otro actor poco conocido para el público general que tiene una amplia importancia dentro de la cadena de producción del helado son los fabricantes de esencias, ya que sus productos permiten realzar y diversificar los sabores. Su importancia radica en que son utilizados por todo el espectro productivo: desde pequeños artesanos hasta los grandes industriales. Marcas como Flavors –con su fábrica en Mariche, Miranda– ilustran esta variedad, ofreciendo esencias “clásicas” como Oreo y vainilla, hasta opciones más “exóticas” como ron, panetón o queso.
Brain freeze: el rol de la innovación en hacer al mercado pensar distinto
De acuerdo a Campana, “el consumo [de helados] suele ser bastante estable” por lo que el mercado –más allá de crecer en volumen– se amplía en la diversidad de propuestas disponibles y sigue un comportamiento “cíclico”. Un ejemplo es el yogurt helado, que en años anteriores tenía como referentes a la franquicia canadiense Yogen Früz o la franquicia estadounidense Freshberry y que luego de perder atractivo han vuelto a estar de moda. Campana opina que en este caso, la cadena de helado de yogurt griego Mykonos “ha sido pionero en este modelo y estrategia de expansión”. A su éxito le han seguido negocios similares, incluso a nivel de nombres y estética, como Santorini, Lukumades, MPLE, Amalfi y Akeos en Valencia.
Existen también presiones macroeconómicas que fomentan la innovación dentro del sector. La accesibilidad de las máquinas y una oferta de insumos dominada en su mayoría por grandes industriales obliga a los múltiples vendedores al detal a diferenciarse para no solo competir por precio. La ubicación juega un papel crucial, pues “un segmento importante se ve impulsado por el antojo, los clientes van caminando y al ver la opción sienten un impulso”, dice Campana. Aquellos que no tengan esa facilidad deben optar como estrategia la elaboración de una experiencia distinta que “motive a verlo como un plan, a salir de tu casa e ir al sitio” dice Campana. Esto puede lograrse a través de ofrecer productos más sofisticados como la heladería 4D o la gelatería Montebianco o con propuestas disruptivas como el “sushihelado” –rolls de helado con galleta– de Frulados Gourmet.
Sin embargo, las innovaciones no sólo se limitan a los modelos de negocio o las presentaciones de los productos sino también en los ingredientes que usan. Por ejemplo, Fior di Bufala es una empresa que elabora productos lácteos usando como base la leche de búfala y uno de sus nuevos productos es una fórmula en polvo para elaborar helados, la cual incluso se exporta con regularidad a Estados Unidos. Si bien inicialmente esta fórmula tuvo mayor éxito en el extranjero algunos clientes locales han mostrado interés.
Uno de estos early adopters del helado de leche de búfala es la famosa chocolatería La Praline Chocolatier, fundada en 1985 y ubicada en Los Palos Grandes, que celebró una cata de su nueva línea de gelatos hechos con leche de búfala e inspirados en sus famosos bombones. “Aunque estamos especializados en chocolatería, queremos experimentar con el mundo del gelato”, comentó una representante de la chocolatería.
Así, la industria del helado demuestra que, incluso frente a los vaivenes de la economía venezolana, la resiliencia y la innovación siguen encontrando recompensa en el consumidor. Desde la adopción de tecnologías que hacen más accesible el producto, hasta la creación de nuevos conceptos o el simple refinamiento de la experiencia con pequeños ajustes, el sector se ha adaptado con agilidad. Al mismo tiempo, queda claro que, bajo las condiciones adecuadas, nuestras dinámicas de consumo pueden sostener una cadena productiva sorprendentemente compleja a partir de un pequeño antojo.








